XXXII Del Tiempo ordinario( 06 de noviembre )

Escrito en 05/11/2011 por Rita de Casia en Reflexiones Dominicales

Parabola de las 10 virgenes VIDEO

Lecturas: Sab 6,12-16; Sal 62; 1Tes 4,,13-18; Mt 25, 1- 13

1)    Del libro de la Sabiduría hemos escuchado la alabanza a la sabiduría. En la Biblia, sabio es aquel que teme a Dios  y se aparta del mal haciendo el bien (cf. Job 28,28). La Sabiduría tiene su origen y llegada en Dios (c. Eclo 1,1), y cualquier saber fuera de Dios se convierte en vanidad de vanidades (Ecl 1,2). Por eso como a Dios se le encuentra cuando se le busca afanosamente, pues se hace el encontradizo al que lo busca sinceramente, así la sabiduría exige un trabajo constante por conseguirla. El ejemplo y lo que es la sabiduría es Cristo Jesús del que dice san Pablo que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios (1Cor 1,24), porque Él – Sabiduría eterna – ha venido a recorrer nuestros caminos y nos muestra el modo de vivir, o sea, vivir con sabiduría.

2)    De la primera carta a los Tesalonicenses recalcamos este breve y sencillo mensaje de san Pablo: No queremos que ignoren la suerte de nuestros difuntos para que no lloren  sin esperanza (1Tes 4,13). El cristiano se distingue por la esperanza que se sustenta en que creemos que Jesús ha muerto y resucitado (1Tes 4,14). La vida no termina aquí, pues para el cristiano su futuro es el gran gozo  junto a Dios para toda la eternidad. Lo contrario de este camino de esperanza es la condenación eterna.

3)    San Lucas ve en la parábola de las diez vírgenes, cinco necias y cinco prudentes, dos cosas;

a)     Mantener la certeza del retorno del Señor (que en su tiempo se creía inminente…)

b)    Y un segundo aspecto el comportamiento de ese tiempo de espera, tiempo de trabajosa siembra…

La conclusión de la parábola es que hay que ser previsores estando preparados para cualquier eventualidad que pueda darse, sin hacer proyectos para una realidad inmediata, sino un trabajo que perdure.  Todo momento en la vida debe tener una proyección de eternidad.

Estemos preparados:

El año litúrgico  está en su etapa final y la Iglesia nos invita a mirar el final  y hacerlo con esperanza, no con temor, aunque use figuras apocalípticas. Y para esa preparación nos ofrece la sabiduría: Quien madruga… la encuentra sentada a su puerta (Sb 6,14). Vivimos en una sociedad que impone lo efímero e inmediato… y esto no es de sabios. En esta línea va la parábola  de las diez vírgenes, llamándonos a mirar más allá de lo inmediato: es necesario tener aceite dispuesto para lo inmediato y para más adelante. Esto es ser prudentes. San Agustín nos enseña: El tiempo es como la noche, el momento en que la Iglesia vela. Con los ojos fijos en la Sagrada Escritura, como antorchas resplandecientes  en la oscuridad, hasta la llegad del Señor.

Mi alma espera en el Señor, mi alma espera en su Palabra, dice el salmo. Y para terminar quiero llevar nuestra mirada a contemplar a María, madre de Jesús y madre nuestra, como ejemplo de la espera. Lo muestra fundamentalmente en su respuesta al ángel Gabriel: He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra.

Y María concibió a Jesús, el Hijo de Dios, y esperó su nacimiento, y creció el niño… Y fue maestro ambulante de la Buena Nueva, y fue llevado a la cruz… y María esperaba… Y María gozó de su triunfo en la resurrección…

¿Cómo vivo yo mi espera?

Dejo estas frases de dos autores muy conocidos para nuestra reflexión final:

Por muy larga que sea la tormenta, el sol siempre vuelve a brillar entre las nubes.

Khalil Gibran (1883-1931) Ensayista, novelista y poeta libanés.

Si supiera que el mundo se acaba mañana, yo, hoy todavía, plantaría un árbol.

Si ayudo a una sola persona a tener esperanza, no habré vivido en vano.

Martin Luther King (1929-1968) Religioso estadounidense.

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