XXVII Del tiempo Ordinario(02 de octubre) Mt 21,33 – 43

Escrito en 01/10/2011 por Rita de Casia en Reflexiones Dominicales

La viña del Señor es la casa de Israel (VIDEO)

La viña:

¡Qué hermosa la comparación de Isaías sobre la viña que hemos escuchado! Voy a cantar en nombre de mi amigo un canto de amor a su viña. Mi amigo tenía una viña en fértil colina. Los especialistas en la literatura universal afirman que esta página del profeta Isaías merece estar entre las mejores páginas literarias de la historia. Esa viña soy yo, eres tú. La viña del Señor de los ejércitos es el pueblo de Israel; son los hombres de Judá su plantación preferida. Esperó de ellos cumplimiento de la ley, y ahí tienen: asesinatos; esperó justicia, y ahí tienen: lamentos. Esta parábola nos lleva a preguntarnos cómo es nuestra respuesta al amor de Dios, un amor atento, delicado, constante.

La responsabilidad que debemos asumir:

Jesús tiene muy presente la parábola de Isaías cuando cuenta a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo otra parábola de la viña con unas variantes. Nos encontramos con un señor que estima sobremanera a su viña, por eso ha trabajado bien el terreno, lo ha arado bien, lo ha cercado para que nadie maltrate las cepas ni siquiera las alimañas; ha colocado una torre, guardianía y cobijo, ha hecho un lugar  para pisar el mostos para hacer el vino, quizás hasta una bodega… ¿Podría hacer algo más? No. Pues esa bella viña y todo el conjunto lo alquila a unos agricultores y ase fue lejos. Pasado el tiempo oportuno envía criados a pedir los beneficios a aquellos administradores. No quieren dar cuenta, por eso se desentienden de los criados matando a uno, apaleando a otro y a un tercero apedreándolo… Envió más criados y sucedió lo mismo. El dueño mandó a su hijo diciéndose: “Tendrán respeto de mi hijo”. Pero los viñadores vieron en este hecho la posibilidad de quedarse con viña matando al heredero. En relato de Jesús hay una referencia directa a la historia de Israel: envió Dios profetas, que no los atendieron bien, envió a su propio Hijo, que acaban colgándolo en la cruz…

Si la parábola de Isaías terminaba señalando a los miembros del pueblo como las vides incapaces de dar buenos frutos, en el evangelio la conclusión que hace Jesús es de responsabilidad, nos somos dueños de nada, somos administradores. Escuchemos: Y Jesús les dice: ¿“No han leído en la Escritura: ‘La piedra que desecharon los arquitectos es ahora la piedra angular. Es el Señor quien lo ha hecho, ha sido un milagro patente? Por eso les digo que les quitarán a ustedes el reino de Dios y se lo darán a un pueblo que produzca sus frutos”.

Un llamado a la conversión:

En Jesús nunca aparecen las palabras condenatorias como algo definitivo; porque en él por encima de todo está la fidelidad, no puede desdecirse en su amor. Siempre Jesús deja la puerta abierta a la penitencia que lleve a la conversión y a vivir su gracia. Siempre nuestros oídos pueden escuchar estas palabras del profeta Oseas: Vuelve, Israel, al Señor, tu Dios, pues tu iniquidad te ha hecho caer. Busquen las palabras apropiadas y vuelvan al Señor diciéndole: “Perdona todos nuestros pecados; como ofrenda te presentamos las palabras de nuestros labios” (Os 14, 2-3). Y escuchamos las palabras de ánimo del mismo profeta: Yo sanaré su infidelidad, los amaré gratuitamente, pues ha cesado mi ira. Seré como rocío para Israel, él florecerá como el lirio y echará raíces como los cedros del Líbano… Yo escucho su plegaria y cuido de él… (Os 14, 5-7.9)

P. José Jiménez de Jubera

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