XXIII del Tiempo Ordinario( 4 de setiembre ) Mt.18,15-20

Escrito en 04/09/2011 por Rita de Casia en Reflexiones Dominicales

http://youtu.be/CqJ3MIGZTSM VIDEO , La corrección Fraterna

Lecturas: Ezequiel 33,7-9; Sal. 94, Rom.13,8-10, Mat.18,15-20

Fraternidad:

El texto evangélico que acabamos de  escuchar  corresponde a la parte del evangelio de Mateo que los especialistas llaman discurso eclesial o de la fraternidad. Nos habla de una forma de hacer comunidad, que es ayudando al hermano que ha fallado ofendiendo y que hay que recuperarlo para ir todos juntos avanzando bonito. Se restablece la fraternidad y donde dos hermanos están juntos, el Padre se complace y el Hijo está en medio de ellos. Este discurso se encuentra después de la parábola de la oveja perdida  y de la solicitud de Jesús por los pequeños e indefensos. Leído el texto desde esta perspectiva Jesús nos estaría dando una ilustración práctica de la búsqueda de la oveja perdida, es decir, cómo actuar. Debemos imitar a Jesús, el buen pastor, acogiendo a los pecadores y caminando juntos hacia el bien.

El perdón que Jesús nos propone:

Vamos a verlo en  tres aspectos:

1)    Nace de una actitud primera y muy difícil que es vencer la gran resistencia interior que tenemos para no querer saber nada de la persona que nos ofende. Podemos reaccionar con odio o rencor, después puede brotar la indiferencia, diciéndome y practicando: No quiero saber nada con ella; ni siquiera intercambiar una palabra con ella.

2)    Hay que romper esa actitud de rencor o indiferencia. Hay que acercarse al hermano. Jesús habla de un mandato: ve, a solas y habla con él. Hazlo bonito. No caben reprimendas ni palabras ofensivas, tampoco es esa conversación para determinar quien es culpable, sino buscando la paz de la reconciliación. También evitar la superioridad que aparece a veces con la soberbia del que perdona… y, entonces, ya no hay perdón.

3)    La importancia de la comunidad, para Jesús se manifiesta en uno o en  dos tiempos:

a)     Conversar con la persona que ha ofendido a solas con dos o tres hermanos;

b)    Si falla eso, llevar el caso a la comunidad.

La excomunión:

Jesús habla de considerar al que no acepta el perdón o no quiere perdonar como a un pagano o un publicano. Es la acción que conocemos como excomunión. La  escuchamos  muchas veces, pero su significado, creo, no nos detenemos a considerarlo y se usa, sobre todo en los medios de comunicación social, con mucha ligereza. Es la acción de excomulgar y que según el diccionario es: Apartar a alguien de la comunión de los fieles y del uso de los sacramentos. Es considerar a alguien fuera de la comunidad que puede ser pública: ha ocasionando escándalo público o que se cae en ella por la misma naturaleza al hacer ciertos hechos contra la moral, las buenas costumbres o el derecho. Hay hechos que al hacerlos se cae automáticamente en excomunión, lo sepa o no la autoridad eclesiástica.

Atar y desatar en la tierra:

Legislar, aplicar la ley, perdonar… Es la tarea de la comunidad,  continuando con la obra que Jesús dio a Pedro, a ejemplo  del Hijo de Dios que vino a buscar lo que estaba perdido. Grande es la responsabilidad de la comunidad de continuar esta tarea.

Desde la cruz de Cristo:

Para vencer tantas dificultades de conseguir perdonar y ser perdonado; de crear una comunidad reconciliada y reconciliadora solamente hay un camino: el de Cristo. La fuente de la fraternidad cristiana está en Cristo Crucificado. En la cruz Cristo Jesús nos reconcilió a todos y en ella encontramos la fuerza para seguir su ejemplo. Dice un autor: Sólo  la cruz de Jesús tiene el poder de juzgar y reconciliar, y si vivo en la escucha humilde y sincera de la Palabra de la cruz, si me dejo “radiografiar” en mi verdad y forjar en la verdad de Dios-Amor, entonces, y sólo entonces, podré ser un instrumento de corrección y de reconciliación, libre de cualquier tipo de juicio.

Disponibilidad:

Vamos a terminar con estas hermosas palabras del Papa Pablo VI en la exhortación Paterna cum benevolentia: la corrección fraterna es un acto de caridad mandado por el Señor… Su práctica obliga a quien la realiza a sacar primero   la viga de su ojo (cf. Mt  7,5), para que no se pervierta el orden de la corrección. La práctica de la misma se dirige desde el principio como un movimiento a la santidad, que sólo puede obtener en la reconciliación su plenitud; consistente no en una pacificación oportunista que disfrace la peor de las enemistades, sino en la conversión interior y en el amor unificador en Cristo. 

A los pies del Maestro:

La corrección al hermano, el hacerle ver sus fallos, el ayudarle a superarlos… es cuestión de amor y un amor que sólo a los pies de Jesús podemos aprender. Como un niño en brazos de su padre… así  a tus pies, oh buen Jesús, comprendo la necesidad de que me corrijas y me corrijan en mi actuar… Descubro que el Señor reprende a quien ama, como un padre a su hijo predilecto (cf. Prov. 3,12); descubro que él reprende, corrige, enseña y conduce como un pastor a su rebaño (Eclo 18,13).  Y veo que desde la cruz me llama a la reconciliación a través del perdón.

Para terminar con un detalle concreto:

Corrección fraterna y perdón mutuo es cargar con el peso de alguien que es débil y que sólo con sus fuerzas no puede llegar a solucionar sus problemas. Ayudarse a sobrellevar las cargas los unos a los otros es uno de los mensajes más bonitos de Jesús. 

P. José Jiménez de Jubera

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