XXII del Tiempo Ordinario(28 de agosto) Mt 16,21-27

Escrito en 27/08/2011 por Rita de Casia en Reflexiones Dominicales

Jesús nos invita a superar nuestro egoísmo, a cargar nuestra cruz, y sobre todo, a construir nuestra vida con El VIDEO

JESÚS HACE LO QUE ENSEÑA: PERDER LA VIDA PARA GANARLA

Las lecturas bíblicas de hoy:

Jr.20, 7-9; Sal 62, 2-6.8-9;Rom 12; Mt 16, 21-27

  1. Comentando la lectura de Jeremías recalco la frase: Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir. El verbo seducir se entiende en el diccionario de la lengua como el acto de persuadir suavemente para algo malo. ¿A qué maldad le quiere llevar Dios al profeta? Me pregunto extrañado. Lo malo está, me respondo a mí mismo,  en la misión profética, en cumplir su vocación. A Jeremías le ha tocado anunciar violencia y destrucción y esas cosas no les gustan a sus oyentes. Pero en medio de esas dificultades el profeta siente la fuerza de Dios, superior a cualquier contradicción: la Palabra de Dios era en sus entrañas fuego ardiente, imposible de contener.
  2. Seguimos, como el domingo anterior, con la carta de san Pablo a los romanos: San Pablo hoy nos pide algo importante: Dios Padre misericordioso se nos ha dado todo y nos pide respuesta. ¿Qué respuesta dar? Que nos ofrezcamos como sacrificio vivo, santo y agradable a Dios. Este ha de ser nuestro auténtico culto. No se nos piden sacrificios de animales, como en el Antiguo Testamento, sino el vivir bonito cada instante de nuestros actos diarios. Es poner en cada acto lo que rezamos, como: …venga nosotros tu reino… perdónanos como nosotros perdonamos a los que nos ofenden…   
  3. En el evangelio de san Mateo encontramos una vez más al impetuoso Pedro contradiciendo a Jesús. Ha escuchado que el Maestro habla de entregarse a la muerte y muerte de cruz y le sale al paso: Dios no lo quiera, Señor, no te ocurrirá eso. Jesús le recrimina diciéndole que no debe ser obstáculo para que él cumpla su misión, oponiéndose a la voluntad del Padre. Porque el seguimiento del discípulo debe ser ir detrás del Maestro, no delante o marcando lo que se debe hacer. Esa es la vocación del creyente.

El seguimiento de Cristo:

Leemos un pasaje del famoso libro: La Imitación de Cristo, de Tomás de Kempis, del siglo XV:

Hijo, no puedes poseer la libertad perfecta si no te niegas del todo a ti mismo. En prisiones están todos los ricos y amadores de sí mismos, los codiciosos, ociosos y vagabundos, y los que buscan siempre las cosas de gusto y no las de Jesucristo, sino que antes componen e inventan muchas veces lo que no ha de durar. Porque todo lo que no procede de Dios, perecerá.

Imprime en tu alma esta brevísima máxima: Déjalo todo, y lo hallarás todo; deja tu apetito, y hallarás sosiego. Reflexiona bien esto y cuando lo cumplieres, lo entenderás todo.

Señor, no es ésta obra de un  día, ni juego de niños: antes en tan breve sentencia  se encierra toda la perfección religiosa.

Hijo,te dice en su amor nuestro buen Diosno debes volverte atrás, ni decaer presto en el camino de los perfectos: antes bien debes esforzarte para cosas más altas, o al menos, fomentar el deseo de pretenderlas. ¡Ojalá hayas llegado a tanto que ya no fueses amador de ti mismo y estuvieses dispuesto a cumplir puramente mi voluntad y la del superior que te he dado. Entones me agradarías sobremanera y toda tu vida correría gozosa y pacífica.

En tu vida tienes mucho que dejar…

Estos son los importantes consejos de Tomas de Kempis para ser feliz y, siendo feliz, llegar a ser santo, buen discípulo de Cristo Jesús.

Oración:

Ruégote, piísimo Dios mío, que me guardes de los cuidados de esta vida, porque no me envuelva en demasía en las necesidades del cuerpo y con el deleite sea detenida mi alma ya quebrantada.

¡Oh Dios mío! No me venza la carne y la sangre, no me engañe el mundo y su brevísima gloria; no me derrumbe el diablo con su astucia.

Concédeme, oh buen Dios, la templanza que me lleve a usar lo necesario muy moderadamente y no me lleve a estar sobrado de deseo.

Sé que necesito muchas cosas para desarrollar mi vida y la de los míos, pero que no tenga nada superfluo confundiéndolo con lo necesario.

Que tenga siempre en mi vida el justo medio.

(Tomado de la Imitación de Cristo)

 P. José Jiménez de Jubera

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