XIII DEL TIEMPO ORDINARIO:” “No temas, basta que creas”

Escrito en 30/06/2012 por Rita de Casia en Reflexiones Dominicales

Confía VÍDEO ORACIÓN

Lectura del libro de la Sabiduría. Sab 1, 13-15; 2, 23-24

Dios no ha hecho la muerte ni se complace en la perdición de los vivientes. Él ha creado todas las cosas para que subsistan; las criaturas del mundo son saludables, no hay en ellas ningún veneno mortal y la muerte no ejerce su dominio sobre la tierra. Porque la justicia es inmortal. Dios creó al hombre para que fuera incorruptible y lo hizo a imagen de su propia naturaleza, pero por la envidia del demonio entró la muerte en el mundo, y los que pertenecen a él tienen que padecerla.

Palabra de Dios

SALMO: Sal 29, 2. 4-6. 11-12. 13

* El Salmista nos recuerda que Dios siempre sale en defensa de sus amigos. Que su bondad es infinita y que nada es imposible si nos confiamos a sus manos.

R. Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste.

Yo te glorifico, Señor, porque tú me libraste y no quisiste que mis enemigos se rieran de mí. Tú, Señor, me levantaste del Abismo y me hiciste revivir, cuando estaba entre los que bajan al sepulcro. R.

Canten al Señor, sus fieles; den gracias a su santo nombre, porque su enojo dura un instante, y su bondad, toda la vida: si por la noche se derraman lágrimas, por la mañana renace la alegría. R.

Escucha, Señor, ten piedad de mí; ven a ayudarme, Señor. Tú convertiste mi lamento en júbilo. ¡Señor, Dios mío, te daré gracias eternamente! R.

LECTURA:

* San Pablo nos recuerda que la generosidad del cristiano no es pasar necesidad para que otros vivan en abundancia; tampoco, un simple asistencialismo. Al contrario, se trata de que haya igualdad, en lo material y en lo espiritual.
San Agustín sintetiza esta idea diciendo: “En lo necesario, Unidad. En la duda, Libertad. Y en todo, la Caridad”.

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto: 2Cor 8, 7. 9. 13-15.

Hermanos: Ya que ustedes se distinguen en todo: en fe, en elocuencia, en ciencia, en toda clase de solicitud por los demás, y en el amor que nosotros les hemos comunicado, espero que también se distingan en generosidad. Ya conocen la generosidad de nuestro Señor Jesucristo que, siendo rico, se hizo pobre por nosotros, a fin de enriquecernos con su pobreza. No se trata de que ustedes sufran necesidad para que otros vivan en la abundancia, sino de que haya igualdad. En el caso presente, la abundancia de ustedes suple la necesidad de ellos, para que un día, la abundancia de ellos supla la necesidad de ustedes. Así habrá igualdad, de acuerdo con lo que dice la Escritura: “El que había recogido mucho no tuvo de sobra, y el que había recogido poco no sufrió escasez”.

Palabra de Dios.

EVANGELIO: Mc 5, 21-43

* Ante las diversas necesidades de nuestra vida, Jesús sólo nos pide que tengamos fe en Él. Así, la mujer que todo lo había gastado en muchos tratamientos y el jefe de la sinagoga que había invertido su vida al servicio del pueblo y de Dios, acuden a Jesús con fe para encontrar la respuesta a sus plegarias.
Si la muchedumbre aprieta, la persona toca.
Si los que acompañan en el dolor sólo se quedan ahí, no pueden abrirse al milagro de la vida.
Seamos testigos de la verdadera naturaleza de nuestra fe, de lo que podemos en Aquel que nos ama.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos.

Cuando Jesús regresó en la barca a la otra orilla, una gran multitud se reunió a su alrededor, y él se quedó junto al mar. Entonces llegó uno de los jefes de la sinagoga, llamado Jairo, y al verlo, se arrojó a sus pies, rogándole con insistencia: “Mi hijita se está muriendo; ven a imponerle las manos, para que se sane y viva”. Jesús fue con él y lo seguía una gran multitud que lo apretaba por todos lados. Se encontraba allí una mujer que desde hacía doce años padecía de hemorragias. Había sufrido mucho en manos de numerosos médicos y gastado todos sus bienes sin resultado; al contrario, cada vez estaba peor. Como había oído hablar de Jesús, se le acercó por detrás, entre la multitud, y tocó su manto, porque pensaba: “Con sólo tocar su manto quedaré sanada”. Inmediatamente cesó la hemorragia, y ella sintió en su cuerpo que estaba sanada de su mal. Jesús se dio cuenta en seguida de la fuerza que había salido de él, se dio vuelta y, dirigiéndose a la multitud, preguntó: “¿Quién tocó mi manto?”. Sus discípulos le dijeron: “¿Ves que la gente te aprieta por todas partes y preguntas quién te ha tocado?”. Pero él seguía mirando a su alrededor, para ver quién había sido. Entonces la mujer, muy asustada y temblando, porque sabía bien lo que le había ocurrido, fue a arrojarse a sus pies y le confesó toda la verdad. Jesús le dijo: “Hija, tu fe te ha salvado. Vete en paz, y queda sanada de tu enfermedad”. Todavía estaba hablando, cuando llegaron unas personas de la casa del jefe de la sinagoga y le dijeron: “Tu hija ya murió; ¿para qué vas a seguir molestando al Maestro?”. Pero Jesús, sin tener en cuenta esas palabras, dijo al jefe de la sinagoga: “No temas, basta que creas”. Y sin permitir que nadie lo acompañara, excepto Pedro, Santiago y Juan, el hermano de Santiago, fue a casa del jefe de la sinagoga. Allí vio un gran alboroto, y gente que lloraba y gritaba. Al entrar, les dijo: “¿Por qué se alborotan y lloran? La niña no está muerta, sino que duerme”. Y se burlaban de él. Pero Jesús hizo salir a todos, y tomando consigo al padre y a la madre de la niña, y a los que venían con él, entró donde ella estaba. La tomó de la mano y le dijo: “Talitá kum”, que significa: “¡Niña, yo te lo ordeno, levántate!”. En seguida la niña, que ya tenía doce años, se levantó y comenzó a caminar. Ellos, entonces, se llenaron de asombro, y él les mandó insistentemente que nadie se enterara de lo sucedido. Después dijo que dieran de comer a la niña.

Palabra del Señor

Reflexión:

Muerte y vida:

O vida o muerte me da lo mismo que pongamos un orden u otro porque lo que sí es cierto y sin discusión, que el día que nacemos, que comenzamos a vivir esta vida, se supone, comenzamos a morir, como miles y miles de células mueren cada día en cada uno de nosotros.

Y en este constante morir escuchamos la afirmación  precisa del libro de la Sabiduría: Dios no hizo la muerte ni goza destruyendo a los vivientes (Sb 1,13).

El Dios de la vida:

Las tres lecturas bíblicas de este domingo nos presentan cómo en la humanidad se ha dado una doble visión:

  1. I.            En el libro de la Sabiduría en sus primeros capítulos se nos hace un retrato de los necios e impíos     que consideran la vida del hombre como algo absurdo, como que la existencia del ser humano carece de sentido. Esto está reflejado en el libro de la Sabiduría y lo han dicho y les siguen muchos actualmente llamados filósofos existencialistas y declarados ateos que afirman que el hombre ha aparecido en la tierra por pura casualidad, es fruto del azar… y si el hombre es fruto del azar o de la suerte, ¿para qué hablar de valores, de bondad…, cuando el mismo fin tienen – según ellos – el bueno que el malo, el bueno que el injusto?
  2. II.            La visión de Jesús está puesta en el Dios que es Vida y origen de la Vida. He aquí la frase del hecho de la resurrección de hoy de la niña que lo dice todo: la niña no está muerta, sino dormida (Mc 5,39). Está dormida para despertar a la Vida eterna, o, en este caso, para volver por la fuerza de la palabra de Jesús de volver a la vida terrenal.

Un proceso de liberación y de vida:

Se encuentra con Jesús una mujer enferma y le nace la  fe de que Jesús puede curarla y, así, liberarla de una doble cadena:

  1. Padecía constantes flujos de sangre. En la mentalidad de entonces la sangre hacia impura al que la tocaba o le fluía. Caída en impureza legal, debía apartarse de todos los demás, auto- marginada, antes que la marginasen los demás.
  2. Y hay también una segunda liberación que es de índole económica. Cansada de médicos había gastado todos sus bienes, especifica  el evangelista Mateo.

La fe:

La fe de esta mujer no es barata. La fe que busca y proclama esta mujer no es la fe barata del que pide un milagro. La mujer, creyendo en Jesús como Salvador, proclama la justicia de un Dios que socorre a los humildes y a los oprimidos.

Yo no me conformo con cualquier vida:

Vivo ya cerca de los setenta años. ¿Cuántos años viviré más? ¿Llegaré a los ochenta, a los noventa? ¿Qué piensa la gente sobre vivir más o menos años, qué pensamos cada uno de nosotros? Dos visiones distintas:

v Cuando la vida es dura, difícil, con enfermedades, con otros problemas… la mayor parte de la gente habla de una vida que no merece la pena vivirse, que  hasta  piden que llegue la muerte…

v Cuando se vive sin problemas, sin enfermedades, etc.… estamos contentos de que pasen los años y de vivir muchos años más…

El triunfo sobre la muerte:

Ante la problemática de la vida que acaba con la muerte que el hombre se cuestionaba y no encontraba respuesta, ha venido en nuestra ayuda la revelación de Dios. El hombre no fue creado para la muerte, sino para la Vida. El pecado introdujo la muerte.

Por la fuerza del maligno se introdujo la muerte en el cuerpo de los seres humanos y Dios mismo el que, al hacerse hombre, se introduce en nosotros para que vivamos más allá de la muerte. Cuando Jesús habla del amor de Dios a cada uno de nosotros,  habla de la Vida y no de una vida aquí y otra más allá de la muerte, sino una Vida que se prolonga para siempre: Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo único para que todo el cree en el no perezca, sino que tenga vida eterna (Jn 3,16). Cristo ha triunfado, nosotros triunfaremos con él.

En nuestro hablar cristiano la Vida – escrita con mayúscula –  es ya el triunfo, el gozo eterno; la muerte, sin embargo, es la condenación eterna. Sé que hablar de de cielo o de infierno no son temas que gusten a los ciudadanos de nuestro mundo, pero, en cristiano, recalcamos todo lo que es de positivo según las mismas palabras de Jesús: He venido para que tengan Vida y la tengan en abundancia. Y es la Vida que alimentamos en cada Eucaristía: Quien come mi carne y bebe mi sangre tiene vida eterna.

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