Vigésimo noveno Domingo del tiempo ordinario (21/octubre/2012)

Escrito en 22/10/2012 por Rita de Casia en Reflexiones Dominicales

TOMA TU CRUZ Y SIGUEME VIDEO

Pintura del P. Esteban Peña O.A.R.
Libro de Isaías 53,10-11.

El Señor quiso aplastarlo con el sufrimiento. Si ofrece su vida en sacrificio de reparación, verá su descendencia, prolongará sus días, y la voluntad del Señor se cumplirá por medio de él.
A causa de tantas fatigas, él verá la luz y, al saberlo, quedará saciado. Mi Servidor justo justificará a muchos y cargará sobre sí las faltas de ellos.

Palabra de Dios
Salmo 33(32),4-5.18-19.20.22.

Porque la palabra del Señor es recta
y él obra siempre con lealtad;
él ama la justicia y el derecho,
y la tierra está llena de su amor.

Los ojos del Señor están fijos sobre sus fieles,
sobre los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y sustentarlos en el tiempo de indigencia.

Nuestra alma espera en el Señor;
él es nuestra ayuda y nuestro escudo.
Señor, que tu amor descienda sobre nosotros,
conforme a la esperanza que tenemos en ti.
Carta a los Hebreos 4,14-16.

Y ya que tenemos en Jesús, el Hijo de Dios, un Sumo Sacerdote insigne que penetró en el cielo, permanezcamos firmes en la confesión de nuestra fe.
Porque no tenemos un Sumo Sacerdote incapaz de compadecerse de nuestras debilidades; al contrario él fue sometido a las mismas pruebas que nosotros, a excepción del pecado.
Vayamos, entonces, confiadamente al trono de la gracia, a fin de obtener misericordia y alcanzar la gracia de un auxilio oportuno.

Palabra de Dios
Evangelio según San Marcos 10,35-45.

Santiago y Juan, los hijos de Zebedeo, se acercaron a Jesús y le dijeron: “Maestro, queremos que nos concedas lo que te vamos a pedir”.
El les respondió: “¿Qué quieren que haga por ustedes?”.
Ellos le dijeron: “Concédenos sentarnos uno a tu derecha y el otro a tu izquierda, cuando estés en tu gloria”.
Jesús les dijo: “No saben lo que piden. ¿Pueden beber el cáliz que yo beberé y recibir el bautismo que yo recibiré?”.
“Podemos”, le respondieron. Entonces Jesús agregó: “Ustedes beberán el cáliz que yo beberé y recibirán el mismo bautismo que yo.
En cuanto a sentarse a mi derecha o a mi izquierda, no me toca a mí concederlo, sino que esos puestos son para quienes han sido destinados”.
Los otros diez, que habían oído a Santiago y a Juan, se indignaron contra ellos.
Jesús los llamó y les dijo: “Ustedes saben que aquellos a quienes se considera gobernantes, dominan a las naciones como si fueran sus dueños, y los poderosos les hacen sentir su autoridad.
Entre ustedes no debe suceder así. Al contrario, el que quiera ser grande, que se haga servidor de ustedes;
y el que quiera ser el primero, que se haga servidor de todos.
Porque el mismo Hijo del hombre no vino para ser servido, sino para servir y dar su vida en rescate por una multitud”.

Palabra del Señor

Comentario del Evangelio

En lo que más trabajó Jesús, como buen Maestro, fue en cambiar la mentalidad de sus oyentes y de forma muy especial de sus discípulos. Este proceso de cambio se ha denominado técnicamente “metanoia”: cambiar la forma de pensar y de actuar. Actualmente a este proceso se le llama “conversión” y el mundo está necesitando este cambio de valores, cuando tantas cosas se hunden sin decisión de cambios profundos.

 

En nuestro mundo se busca el poder y el prestigio:

La mayoría de la gente va en busca de tener más y ese tener más lo quiere como instrumento y medio para subir peldaños en el  poder y el prestigio. En el evangelio hemos escuchado cómo dos de los discípulos de Jesús, Juan y Santiago, buscan esto. Hijos de Zebedeo, un pequeño empresario pesquero del mar de Galilea. Nos consta que al menos poseía una barca,  no es difícil pensar que sus dos hijos buscasen más…  ser más… Y en Jesús ven una salida que les lleve a entrar en su “gloria”, uno a su derecha y otro a su izquierda (Cf. Mc 10,37) No piden casi nada, pues en el caso que Jesús triunfe humanamente como Mesías, ellos quieren estar en “su gloria” y, si no triunfa en la tierra, también quieren ocupar los primeros puestos en ese Reino de los cielos del que habla Jesús.

 

Nuestra boca pedigüeña:

Siempre he dicho que en la oración somos demasiado “pedigüeños”, sobre todo de cosas materiales. Por otra parte aparece como muy lógico dejarnos arrastrar por la sociedad de consuno en la qu           e vivimos: tener, tener y tener lo que sea, aun a veces sin poder gozarlo. El domingo pasado indicábamos cómo las riquezas están lejos de la plenitud de la felicidad,             aunque las personas la busquen porque, como dice el dicho: las penas con pan son menos.

En los últimos año de mi vida he reflexionado mucho sobre el ansia de pedir más y más que llevamos dentro … El buen Dios me ha concedido la gracia de pedir que cierre mi boca pedigüeña. Pero, entonces, ¿cómo cumplir lo que Jesús nos dice  que seamos constantes en la oración, pidiendo todo al Padre que nos lo concederá? Pero por otro lado Jesús ha afirmado en el evangelio de hoy a sus dos discípulos y a cada uno de nosotros: No sabéis lo que pedís. Yo no digo que no sea necesario rezar, afirmo que hay que hacerlo cada vez más. La oración es fundamental en la vida del cristiano como el respirar lo es para la vida del cuerpo. Mi oración es esencialmente hacer presente al buen Dios mis necesidades, tomando como modelo de referencia la oración y petición que hacen las hermanas de Lázaro, Marta y María, a Jesús Señor, el que tú amas, está enfermo (Jn 11,3. Ni expresan que vaya, ni que lo cure… aunque lo desean… Expresan de manera cariñosa la situación tan difícil por la que están pasando. Personalmente a veces rezo así: Señor, tú sabes que mi madre está enferma; Señor, tú sabes que estoy enfermo… Señor, pongo en tu presencia a los que amo con sus problemas y necesidades… Señor, mira mi aflicción, mi desesperanza…, Todo esto y mucho más lo pongo en tus manos… De mis últimas lecturas copio esta frase: Nunca pedí a Dios que me librase de las calamidades. Pero sí que me librara de la desesperación.

Confiando en la Providencia divina:

¿Sois capaces de beber el cáliz que he de beber o de bautizaros en el bautismo con el que yo me voy a bautizar? (Mc 10,38) ¿Cómo  seguir estas enseñanzas hoy de asemejarnos al Maestro en tomar su cáliz y su bautismo? Tomando actitudes de servicio, escuchando, compartiendo, dando nuestro tiempo  a los demás, buscando en la vida práctica valores éticos… Este es el camino, aunque por él tengamos, como Jesús, que dar la vida en rescate por la multitud (Mc 10,45)

Algo parecido a perder prestigio, cuando está en peligro el bien de los demás, dando sentido – esperanza – al que se encuentra en su propia impotencia, optando por los más pobres del grupo, trabajando en defender la verdad de tanto acoso y desprestigio, lo mismo que la justicia… teniendo que romper hipocresías (puede cada uno poner las que vive y ve).

En resumen: amar, ayudando y sirviendo a todos sin discriminaciones

 

Fray José Jiménez de Jubera OAR

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