V Domingo de Pascua:” Yo soy la vid vosotros los sarmientos “

Escrito en 05/05/2012 por Rita de Casia en Reflexiones Dominicales

 

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles (9, 26-31)

Cuando Pablo regresó a Jerusalén, trató de unirse a los discípulos, pero todos le tenían miedo, porque no creían que se hubiera convertido en discípulo.

Entonces, Bernabé lo presentó a los apóstoles y les refirió cómo Saulo había visto al Señor en el camino, cómo el Señor le había hablado y cómo él había predicado, en Damasco, con valentía, en el nombre de Jesús.

Desde entonces, vivió con ellos en Jerusalén, iba y venía, predicando abiertamente en el nombre del Señor, hablaba y discutía con los judíos de habla griega y éstos intentaban matarlo. Al enterarse de esto, los hermanos condujeron a Pablo a Cesarea y lo despacharon a Tarso.

En aquellos días, las comunidades cristianas gozaban de paz en toda Judea, Galilea y Samaria, con lo cual se iban consolidando, progresaban en la fidelidad a Dios y se multiplicaban, animadas por el Espíritu Santo.

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

 

Salmo Responsorial Salmo 21

Bendito sea el Señor. Aleluya.

Le cumpliré mis promesas al Señor delante de sus fieles. Los pobres comerán hasta saciarse y alabarán al Señor los que lo buscan: su corazón ha de vivir para siempre.

Bendito sea el Señor. Aleluya.

Recordarán al Señor y volverán a él desde los últimos lugares del mundo; en su presencia se postrarán todas las familias de los pueblos. Sólo ante él se postrarán todos los que mueren.

Bendito sea el Señor. Aleluya.

Mi descendencia lo servirá y le contará a la siguiente generación, al pueblo que ha de nacer, la justicia del Señor y todo lo que él ha hecho.

Bendito sea el Señor. Aleluya.

 

Lectura de la primera carta del apóstol san Juan (3, 18-24)

Hijos míos:

No amemos solamente de palabra; amemos de verdad y con las obras. En esto conoceremos que somos de la verdad y delante de Dios tranquilizaremos nuestra conciencia de cualquier cosa que ella nos reprochare, porque Dios es más grande que nuestra conciencia y todo lo conoce.

Si nuestra conciencia no nos remuerde, entonces, hermanos míos, nuestra confianza en Dios es total. Puesto que cumplimos los mandamientos de Dios y hacemos lo que le agrada, ciertamente obtendremos de él todo lo que le pidamos. Ahora bien, éste es su mandamiento:

que creamos en la persona de Jesucristo, su Hijo, y nos amemos los unos a los otros, conforme al precepto que nos dio.

Quien cumple sus mandamientos permanece en Dios y Dios en él. En esto conocemos, por el Espíritu que él nos ha dado, que él permanece en nosotros.

Palabra de Dios.

Te alabamos, Señor.

 

Aclamación antes del Evangelio

Aleluya, aleluya.

Permanezcan en mí y yo en ustedes, dice el Señor; el que permanece en mí da fruto abundante.

Aleluya.

 

Evangelio

Lectura del santo Evangelio según san Juan (15, 1-8)

Gloria a ti, Señor.

En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:

“Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador. Al sarmiento que no da fruto en mí, él lo arranca, y al que da fruto lo poda para que dé más fruto.

Ustedes ya están purificados por las palabras que les he dicho. Permanezcan en mí y yo en ustedes. Como el sarmiento no puede dar fruto por sí mismo, si no permanece en la vid, así tampoco ustedes, si no permanecen en mí.

Yo soy la vid, ustedes los sarmientos; el que permanece en mí y yo en él, ése da fruto abundante, porque sin mí nada pueden hacer. Al que no permanece en mí se le echa fuera, como al sarmiento, y se seca; luego lo recogen, lo arrojan al fuego y arde.

Si permanecen en mí y mis palabras permanecen en ustedes, pidan lo que quieran y se les concederá. La gloria de mi Padre consiste en que den mucho fruto y se manifiesten así como discípulos míos”.

Palabra del Señor.

Gloria a ti, Señor Jesús

 

Yo soy la verdadera vid y mi Padre es el viñador (Jn 15,1):

La vid adquiere su sentido en cuanto produce fruto, que es la uva un alimento básico en la dieta del pueblo de Israel y necesario para confeccionar el vino, esencial también en las comidas mediterráneas, pues es un buen alimento también, no sólo como un buen producto para acompañar a una buena comida. La vid se divide en dos partes: la misma vid, en comparación con un árbol, el tronco; y los sarmientos, en la comparación del árbol, las ramas. La vid necesita los sarmientos que es donde brotan las  hojas y se dan los frutos, del tronco y de las raíces vienen los elementos nutritivos… Aplicando esto a nosotros: Cristo es la vid, tronco y raíces, de donde recibimos todo, y necesita de nosotros que somos las ramas, los sarmientos, para que en nosotros se den los frutos. Necesita de nosotros para anunciar el evangelio, para formar comunidades, el trabajo del día a día en la viña del Señor con los hermanos.

Y este es el verdadero seguimiento de Cristo: Hijos míos, no amemos de palabra y de boca, sino de verdad y con nuestra conciencia tranquila (1Jn 3,24).

Medios eficaces por la gracia de Dios:  

En la primera lectura nos han presentado a Pablo y a Bernabé formando aquellas primeras comunidades de cristianos. Actúan movidos y a iniciativa de la acción del Espíritu Santo y siempre guiados por él. Por eso, predican a Jesús con convicción y poder y se establecen los lazos de amor profundo en aquellas comunidades de las que nos dicen los historiadores que  las observaba la gente y comentaba: ¡Miren cómo se aman! Porque toda comunidad cristiana se fundamenta en estos dos aspectos concretos:

  • Este es mi mandamiento que se amen en el nombre de su Hijo Jesucristo.
  • Que nos amemos los unos a los otros tal como él nos lo mandó.  

A través de este camino y por él; es como puedo permanecer en Dios y Dios en mí (cf. Jn 3,24) y es que es la forma en que el Espíritu Santo puede actuar en nosotros, Sin fe y sin amor cerramos todas las puertas al Espíritu Santo.

Actitudes fundamentales que debemos tener en cuenta para seguir este camino:

v Quitar de nosotros lo superfluo: Si alguna de las ramas no da fruto, las cortamos.

v Vivir la sobriedad: guardar su Palabra exige cortar los brotes que nos llevan al egoísmo, a la codicia, a tantas vanidades y maldades…

v Necesidad de la vigilancia: Nos enseña san Pedro en su primera carta: Estén vigilantes, porque el diablo como león rugiente está dando vueltas a su alrededor esperando a quien devorar (1Ped 5,8).

v Cultivar la vida espiritual: es necesario cultivar la Palabra de Dios y se cultiva con la lectura y el estudio de la Biblia, orando con ella; llevar una vida sacramental digna, especialmente viviendo la suarista dominical y acercándose al sacramento de la reconciliación; practicando obras de caridad…

v Compromiso: No soy una isla en medio de los hombres. La suerte de los otros es la mía, si me desentiendo de ellos, dejo de ser humano. Debo vivir buscando el bien y compartiéndolo con los demás, debo tener un corazón misericordioso que sepa hacer actos de misericordia concretos. Formar comunidades de personas de buena voluntad.

v Vivir siempre en la esperanza: Nos acecha siempre el desaliento. Es necesario tener bien presente la fuerza de Dios, no confiar demasiado en nosotros mismos, porque Dios es más grande que nuestros pecados, dice san Pablo, quien añade desde su experiencia: todo lo puedo en aquel que me conforta, Cristo Jesús.

En conclusión:

Nuestra vida cristiana adquiere toda su plenitud en cuanto la vivimos unidos a Cristo y a su Iglesia. Viviendo unidos a Cristo y a la Iglesia todo lo que hacemos en la familia, en el trabajo, en las relaciones con los demás… nos da una forma especial de vivir en la que mostramos que somos hijos de Dios y construimos la fraternidad. Llegamos a la felicidad que proclama el salmo: ¡Que hermoso convivir los hermanos unidos!

 Fray José Jiménez de Jubera  oar

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