Tercer Domingo de Pascua: Lc. 24,13-35 “QUÉDATE CON NOSOTROS”

Escrito en 04/05/2014 por Rita de Casia en Reflexiones Dominicales

 Hechos 2,14.22-23: Pero Dios lo resucitó, rompiendo las ataduras de la muerte.
 Salmo 15,1-3ª.5-11: Señor, me enseñarás el sendero de la vida.
 1 Pedro 1,17-21: Ya sabéis con qué precio os rescataron… a precio de la sangre de Cristo, el Cordero sin defecto…
 Lucas 24,13-35: Quédate con nosotros, porque atardece y el día va de caída.

Un mensaje claro y preciso:
Es lo que a mi parecer recalca especialmente el evangelio de este domingo y la actitud de los discípulos que iban a Emaús: la Palabra y la Eucaristía.
 La Palabra: Cuando se lee la Biblia se percibe la vida de un modo especial, como aquellos discípulos que sienten que les ardía el corazón.
 La Eucaristía: Cristo es nuestra fuerza: Si permanecéis en mí y mis palabras permanecen en vosotros, pedid lo que queráis y se realizará (Jn 15,7). Él se ha hecho nuestro alimento: Yo soy el pan de vida. Y el pan que yo daré es mi carne para la vida del mundo (Jn 6, 48.51). Tomad y comed esto es mi Cuerpo… esto es mi Sangre…
Dos realidades que se unen tan íntimamente que no pueden darse la una sin la otra pues en la Misa van unidas la Mesa de la Palabra y la Mesa de la Eucaristía.

Desorientados en nuestro caminar:
Siempre que leo el texto de Lucas sobre los discípulos que van a Emaús me fijo en una palabra: Esperábamos. Si esperaban, ya no esperan nada. Y, ¿dónde ha ido a parar la convivencia que tuvieron con el Maestro? ¿A dónde han enviado las palabras que escucharon de su boca: Yo soy el camino, la verdad y la vida (Jn 14,6)? ¿Ya no les dicen nada la promesa que escucharon: Yo estaré con vosotros… Yo resucitaré al tercer día? Su respuesta: Esperábamos… Y ya ves: ya estamos en el tercer día que sucedió eso (Lc 24,21).

La realidad, ¿nos lleva al desengaño?
Es lo que nos achacan los que contradicen nuestra fe cristiana. Nos dicen que somos un grupo de engañados, de dormidos en unos sueños irrealizables… y, según ellos, tienen la obligación de despertarnos, para que nos desengañemos y vivamos la realidad que ellos proponen. No necesito vivir su mundo perverso para descubrirlo. Es un camino marcado por el egoísmo, por el abuso, por la injusticia… todo basado en el poder, tener y placer, para decirlo de forma clásica. Muchos creyentes y no creyentes se aferran a este modo de pensar y brota el desengaño enseguida en sus labios: esperábamos. Nuestra respuesta es: hemos elegido el camino de la fe.

La fe mueve montañas:
Los cristianos, que, además, convocamos a todos los ciudadanos del mundo a seguir este camino, sabemos que no podemos cambiar el pasado, pero sí inventar el futuro. No te gusta, querido lector, el mundo en el que vives, pues trata de cambiar cuanto antes. Y cambia tú. No esperes a que otros cambien, a que los cambios vengan a ti; cambia tú. Para que se den esos cambios hay que sembrar. ¿Cómo? ¿No te gusta el trabajo que tienes? Descubre en él algo bueno y eso bueno, aunque pequeño, cuídalo y será semilla de frutos mayores y mejores; ¿no te gustan las personas con las que tratas diariamente? Descubre en ellas la bondad que tienen y cultivarla. Tiende siempre puentes de amor.
¿La oposición? No hace falta que busquemos enemigos, los llevamos dentro de nosotros mismos. Claro que sí y porque somos formados en una sociedad de consumo, cuya meta es el placer, el gozo sin medida…
Buscan y buscan…sin encontrar lo que buscan y, por eso, siempre están con lo mismo en los labios: esperábamos. Hay que ser realistas y saber, como dice el salmo, sembrar entre lágrimas para cosechar entre cantares.
Para ir solucionando esto muchos autores nos piden una humanización, pues soy hombre-mujer y debo vivir como tal y eso me exige una verdadera coherencia que supere las deficiencias propias, ayude a superar las ajenas y me haga vivir con fidelidad a mi mismo, a los demás y a Dios.

Sin amor:
Nuestro actuar cotidiano, personal y comunitario, se nos refleja muchas veces en el desaliento, hasta en la misma amargura, escuchándose entonces lamentos a causa de un desconcierto generalizado. ¿Por qué los pequeños actos de cada día no los llenamos de amor, de ternura? ¿Por qué no digo los buenos días a mi esposo, a mi esposa, al que encuentro… con una sonrisa? ¿Por qué no sembrar más cariño con los otros?

Escuchar para amar:
Es escuchar la Palabra de Dios que nos hace libres; es escuchar la voz de la conciencia de uno mismo y seguir su dictamen; es, por último, escuchar a los demás con un corazón dócil para aceptarlos y vivir la verdad. Y nacerá la alegría de vivir amando. Porque la alegría brota en aquel que se siente amado por Dios, que se quiere a sí mismo y que ve en los demás semillas de amor, que hay que cultivar.

Y el amor es don:
Se comparte y cuanto más se comparte, más se ama. Y es el don de Cristo: amar como Él nos ha amado. Por eso se nos ha hecho alimento: Yo soy el pan vivo bajado del cielo, el que come de este pan vivirá para siempre (Jn 6,48). Jesús puso las cosas claras: No hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Y aquí Jesús se queda corto, valga la expresión, ya que san Pablo nos hace ver que el amor se debe dar hasta los enemigos, porque Cristo muere en la cruz por sus enemigos, por los que estaban en pecado. Jesús entregó su vida por amigos y enemigos y nos deja el mensaje: Ejemplo les he dado…

Ayuda mutua:

Los discípulos de Emaús al comer a Cristo en el Eucaristía cambian de mentalidad: los que habían abandonado a sus compañeros, vuelven a ellos inmediatamente. Porque es en la comunidad donde se ama y se es amado. Y eso es práctica: Por eso, fortaleced las manos débiles, robusteced las rodillas vacilantes y caminad por una senda llana: así el pie cojo, no se tuerce, sino que se cura (Hbr 12,13).

Fray José Jiménez de Jubera

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