Tercer Domingo de Cuaresma, ciclo A :La Mujer Samaritana

Escrito en 22/03/2014 por Rita de Casia en Reflexiones Dominicales

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la mujer samaritana Éxodo 17, 3-7: … golpearás la peña y saldrá de ella agua para que beba el pueblo.
 Salmo 94,1-2.6-9: Ojalá escuchéis hoy la voz del Señor: No endurezcáis vuestro corazón.
 Romanos 5,1-2.5-8: El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu que se nos ha dado.
 Juan 4, 5-42: … el agua le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna.

Agua, luz y vida:
Estos tres elementos aparecen en este y en los dos siguientes domingos de Cuaresma en los que en la Iglesia primera se acentuaba la preparación de los catecúmenos que iban a recibir el Bautismo en la cercana Pascua con estos tres relatos evangélicos, de una clara alusión al Bautismo: agua para nuestra sed espiritual (dialogo de Jesús con la samaritana); Cristo es luz (curación del ciego de nacimiento) y Cristo es Vida (resurrección de Lázaro).

Agua:
Una mujer va a buscar agua y en el brocal del pozo encuentra a Jesús, quien inicia el diálogo pidiéndole quien le dé de beber. El pozo era profundo y el no tenía nada disponible para sacar agua. La mujer se extraña de esta petición, a solas con un hombre y, además, judío.
Y aquí avanza el dialogo a pasos agigantados, pasando del agua material a la espiritual, como don de Dios, y a la sinceridad de la mujer, que reconoce que necesita ayuda espiritual, reaccionando inmediatamente ante la sugerencia de Jesús: Señor, dame de esa agua. Y poco a poco descubre la samaritana que Jesús es un profeta y hasta más que profeta, es el Mesías, como lo manifiesta a sus paisanos: Venid a ver un hombre que me ha dicho todo lo que he hecho, ¿será el Mesías?

Salir de nuestras limitaciones humanas:
Son las preocupaciones del cada día: el comer, el beber, el vestir…las que nos preocupan más allá de nuestras necesidades y, entonces, nos atrapan, vienen los excesos y hasta las trampas e injusticias para conseguirlos. Pero, ¿son las únicas?
La mujer samaritana descubre algo que está más allá de las necesidades materiales, ha encontrado una fuerza espiritual, que no pensaba poseer y le hace dejar el cántaro y correr a sus paisanos a anunciarles la presencia de Jesús y que ellos vivan esa misma experiencia, como ellos lo reconocen: Ya no creemos por lo que tú no dices; nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es de verdad el Salvador del mundo.

Necesitamos el agua:
Necesitamos el agua espiritual que nos limpie y vivifique (son las dos propiedades fundamentales del agua: limpiar y dar vida, donde hay agua hay vida, donde no, desierto). Y esto nos lleva a pensar no solo en nuestro Bautismo, sino a qué actitudes debemos tomar respecto a él. Dice el Compendio del Catecismo de la Iglesia católica: El Bautismo perdona el pecado original, todos los pecados personales y todas las penas debidas al pecado; hace participar de la vida trinitaria mediante la gracia santificante, la gracia de la justificación que incorpora a Cristo y a la Iglesia (número 263). Al leer esto me brotan unas preguntas: ¿Cómo me mantengo en la gracia bautismal recibida? ¿Cómo me siento unido a Cristo, a la Iglesia y a la Santísima Trinidad? Porque debo trabajar por mantener la unidad con Cristo y con los demás cristianos, pues dice el Compendio: El bautizado permanece para siempre unido a Cristo; en efecto, queda marcado con el sello indeleble de Cristo (carácter).

El ejemplo de la samaritana:
De una mujer superficial, acostumbrada a la monotonía y lo fácil de la vida, pasa a comprender que el agua del pozo tiene un valor, Jesús mismo no pude sacarla, no tiene el instrumento adecuado y, por eso, pide ayuda a ella. Pero Jesús le descubre el agua espiritual, la gracia de Dios, es de un valor mayor. Ella se ve renovada ante ese descubrimiento y pasa a ser creyente y apóstol (comunica a los demás su experiencia). Ella y sus paisanos pasan a escuchar a Jesús que tiene palabras de vida eterna.

Vivir experimentando nuestro Bautismo:
Nuestra vida de bautizados no es tanto que no consideremos salvados en Cristo por ser hijos de Dios, sino en experimentar más y más en nuestras vidas al Salvador. Esta experiencia tiene una doble corriente:
 Que necesitamos vivir de Él, unidos a Él, como lo dice: sin mí nada podéis hacer para poder dar frutos de Vida. Sin la gracia divina nuestro modo de vivir es vacío.
 Que necesitamos de Él para vencer en medio de las dificultades de las aguas turbias y corrompidas de la existencia humana.
Y, aunque tengamos conciencia de ser fieles en lo que cabe, a Dios y consecuentes con nuestro Bautismo, tenemos que acercarnos, como la samaritana, a Jesús, el agua viva y en su Palabra meditada y orada viviremos la vida como el gran de Dios.

Para terminar:
Hagamos nuestra la súplica del salmo 42,2-3: Como suspira la cierva por las corrientes de agua, así suspira mi alma por ti, Dios mío. Para ello que salga de lo más hondo de nuestro corazón la súplica de la samaritana: Señor, dame de esa agua. Buscar agua llevó a la samaritana a Jesús, desde nuestra necesidad bequémoslo para que nos sacie. Amén

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