SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y DE LA SANGRE DEL SEÑOR JESÚS

Escrito en 21/06/2014 por Rita de Casia en Reflexiones Dominicales

[fbshare]  Deuteronomio 8, 2-3. 14 b-16a: Recuerda el camino que Dios te ha hecho recorrer.
 Salmo 147, 12-17. 19-20. Glorifica al Señor, Jerusalén.
 1 Corintios 10,16-17: El pan es uno y así nosotros, aunque muchos, formamos un solo cuerpo, porque hemos comido el mismo pan.
 Juan 6,51-59: Mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida.

El hermoso significado de esta fiesta:
El origen de esta fiesta tan conocida por el pueblo cristiano con el nombre de Corpus Christi nace desde abajo, en el pueblo llano, cuando normalmente las fiestas de los misterios de fe y celebraciones de los santos eran propuestas por la jerarquía. En la Edad Media aparecen grupos de fieles que quieren dar relieve a la presencia real de Cristo en al Eucaristía y, para ello, crean procesiones en las que llevan las especies sacramentales por calles y plazas. Era tal el entusiasmo que iban grupos delante del Santísimo bailando y danzando, costumbre que se fue quitando, imponiendo el silencio como más respeto, pero que todavía se hace en algunas partes de Europa y América. Uno de los cantos más conocidos es el que se canta ante el Santísimo Sacramento, que recalca el sentido de gloria y alabanza: Cantemos al Amor de los amores, cantemos al Señor, Dios está aquí: Venid adoradores adoremos a Cristo Redentor. ¡Gloria a Cristo Jesús, cielos y tierra bendecid al Señor!

Mi carne… mi sangre:
A los isrelitas Dios les dio el maná que alimentó al pueblo en desierto durante cuarenta años; el Hijo de Dios, al hacerse hombre, se nos queda el mismo por alimento. ¿Cómo?
• Jesús hecho carne: Para un judío “carne” era expresar todo el ser: alma y cuerpo, todo lo material y espiritual del ser humano. El Hijo de Dios al hacerse hombre asume nuestra carne y, por eso, se hace en todo semejante a nosotros menos en el pecado, y nos redime: da su Vida por nosotros, da su “carne” a la muerte para salvarnos. Y se nos da en comida: Mi carne es verdadera comida… Y eso nos llevará a formar un solo cuerpo con él: Porque el pan de Dios es el que baja del cielo y da la vida al mundo (Jn 6,33).
• Y Jesús hecho sangre: Un israelita tenía prohibido comer sangre de animales, porque para ellos la sangre era la vida y la vida era única y exclusivamente de Dios. Al darse Cristo Jesús en su sangre como bebida, nos da su propia divinidad.

Tanto la carne como la sangre nos dan el mismo significado: Cristo entregó su vida y la sigue entregando por cada uno de nosotros. Participando del cuerpo y de la sangre de Cristo, nos solidarizamos con su suerte, y nos exige una vida de amor y solidaridad con todos los hombres y mujeres del mundo. Es la vida de la comunidad: la Iglesia, familia, el grupo de apostolado, de oración… la donación de uno mismo a los demás es el signo distintivo, a ejemplo de Cristo quien da la vida por nosotros: ejemplo les he dado (Jn 12,15).

El pecado destruye el amor, y por eso san Pablo es preciso en indicarnos la recta intención que debe darse para participar en la Eucaristía: Así, pues, que cada uno se examine a sí mismo, y que entonces coma así el pan y beba del cáliz. Porque quien come y bebe sin discernir el cuerpo, come y bebe su propia condenación (1Cor 11, 28-29).

Para santificarnos día a día:
La Iglesia no solo recomienda la Comunión frecuente, sino que pide que, si es imposible, sea diariamente. La Mesa de la Palabra – primera parte de la misa, con las lecturas de la Palabra – y segunda parte – ofrecimiento de Cristo bajo las especies de pan y vino para nuestro alimento -. La Eucaristía es la fuente de la vida cristiana: ¿Qué no tengo fuerzas en mi lucha diaria? ¿Qué no estoy contento como amo a los demás? ¿Qué hay divisiones en mi grupo? Viene el examen individual y grupal sobre mi participación en la Eucaristía. San Pablo nos dice cómo resulta una comunidad que no vive bien al Eucaristía: Por ello, hay entre vosotros muchos enfermos y no pocos han muerto (1Cor 11,30). Porque no podemos buscar frutos fuera de Cristo, alcanza la vida para no morir: el que permanece en mí y yo en él; ese da fruto abundante y recalco la razón de ello: porque sin mí no podéis hacer nada (Jn 15,5).
Pide la Iglesia la comunión frecuente. Invoco la acción del Espíritu Santo para que ponga en mis labios las palabras adecuadas no tanto para exaltar a Cristo Eucaristía, como para que cada uno se anime a experimentar qué bueno es el Señor a través de la Comunión y su participación en ella con la mayor frecuencia posible. Porque de otra manera, ¿cuál será la base de nuestra vida? Si buscamos alimento para el cuerpo, a veces con gusto refinado, ¿qué buscamos para alimentar nuestra alama?

Himno:
Que la lengua humana cante este misterio de la preciosa Sangre y del precioso Cuerpo; nacido de Virgen Madre, es rey del universo, y por salvar al mundo dio su carne en precio. Fue en la última cena, ágape fraterno, tras la tradicional Pascua, dio su mandamiento con su propio amor, repartió su Cuerpo; se entrega a los doce para alimentarlos.
Adorad, postrados, este Sacramento: cesa el viejo rito, se establece el nuevo. Himnos de alegría, bendición y obsequio, por igual la gloria, el poder y el reino al Padre eterno y al eterno Hijo, y al divino Espíritu que de ellos procede.
Amén.
(Santo Tomás de Aquino).

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