Santa María, Madre de Dios, 1 de enero de 2015

Escrito en 29/12/2014 por Rita de Casia en Reflexiones Dominicales

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 Maria con el niño, Zurbaran                                           

Números 8, 22-27: El Señor te bendiga y te proteja, ilumine su rostro y te conceda su favor… te conceda la paz.  

Salmo 66, 2-8: El Señor tenga piedad y nos bendiga.

Gálatas  4,4-7: Envió Dios a su Hijo, nacido de mujer.   

Lucas 2,  10-21: Encontraron a María y a José y al niño acostado en el pesebre.  

 

Todavía estamos en Navidad:

Quizás se nos haya pasado muy rápido el día de la Noche Santa del nacimiento del Salvador porque enseguida nos hemos puesto a pensar en el comienzo del año, en compras o cenas con amigos y compañeros.

Nuestra Iglesia en la liturgia no abandona el tema del nacimiento del Hijo de Dios, lo reafirma cada día hasta el día de Reyes: hoy lo hace como con un homenaje litúrgico a María, la Madre de Dios.

Acerquémonos, pues, una vez más al establo de Belén  para encontrar a ese niño que nos ha nacido, el hijo que nos han dado, que es el Mesías, el Señor, el Salvador, en el mensaje del ángel a los pastores.  Y los pastores, los magos… que van a ver, no a criticar, se quedan admirados de lo que ven: a María y a José y al niño acostado en el pesebre.

María bendita entre todas mujeres y José, el justo, al que Dios encomendó el cuidado paternal de su Hijo: Acoge  María, tu mujer, dará a luz un hijo y le podrás por nombre Jesús (Mt 1,24).

Envió Dios a su Hijo, nacido de mujer:

Es un texto fundamental este que nos da san Pablo en la carta a los Gálatas para comprender a María y a su Hijo. Dios decide hacerse hombre; podría haber buscado otra forma de salvarnos – pero no sabemos, ni podemos pensar con nuestra limitación de criaturas  los designios del Creador – y se hace hombre  y habitó entre nosotros  y buscó una mujer de la cual asumir nuestra carne, y, aunque fue por obra del Espíritu Santo, sin padre, quiso, sin embargo, contar con una padre: José, el justo, a quien le encomendó su familia en la tierra.

Santa María:

Madre de Jesús, a quien su Hijo Jesús nos la dio por madre al pie de la cruz, escucha a tus hijos que te imploramos y nos ponemos bajo tu protección maternal… que nunca por el pecado u otras causas nos apartemos de ti. Confiamos en tu intercesión ante Cristo Jesús para que nos mantenga en su gracia, Él que vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Jornada Mundial de la Paz:

Establecida hace unas décadas por la Iglesia hace unas décadas, lamentablemente no ha perdido actualidad, porque hay guerras entre países, entre pueblos y hasta entre los miembros de una misma familia.

Hay que trabajar por la paz. Hay que hacerlo desde la reconciliación consigo mismo, con los demás y con Dios. De esa reconciliación se trabajará por la paz en los demás y para que haya paz en el mundo.

También al Hijo de Dios, príncipe de la paz, hay que rogarle por la paz en el mundo y, sobre todo, es seguir los ejemplos de Jesús e imitarlos sobre todo en el cariño y paciencia en el trato con lo demás, que nos muestra.

Año Nuevo:

Iniciamos el nuevo año, 2015, y es motivo más que suficiente para desear a todos los que leen esta homilía un año feliz. La felicidad no se consigue fácilmente, aunque es buscada de mil formas por todos los hombres y mujeres, el tiempo vuela, dice un dicho popular y cada uno de nosotros desde ese tiempo efímero, descubrimos que por la misericordia del Buen Dios, es tiempo de gracia y de salvación.

Por eso hay que aprovechar el momento presente, efímero, como he dicho, entre lo que fue y lo que será para sembrar.  Se recoge lo que se siembra, dice san Pablo, cuando oigo a veces quejarse a los esposos, inculpándose unos a otros, o descontentos de otro tipo, les suelo indicar que lo que se vive hoy tiene un pasado en el que sembramos para bien o para mal, que es lo que estamos viviendo. ¿Qué futuro quiero tener? Pues siembra hoy lo que deseas cosechar el día de mañana.

Invoco las bendiciones del Señor para todos ustedes, para sus familiares y amigos y lo pido con las palabras escuchadas en esta celebración del libro de los Números: El Señor te bendiga y te proteja, ilumine tu rostro y te conceda su favor.

Con el favor misericordioso de Dios lancémonos a vivir el cada día de este año que iniciamos con la alegría que nos concede el buen Señor: Emmanuel, Dios con nosotros.

 

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