PENTECOSTÉS

Escrito en 05/06/2014 por Rita de Casia en Reflexiones Dominicales

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PENTECOSTÉS 8 de junio del 2014
 Hechos 2,1-11: Todos los discípulos estaban juntos el día de Pentecostés… y empezaron a hablar en lenguas extranjeras, cada uno la lengua que el Espíritu le sugeriría.
 Salmo 103,1.24-29.31-34: Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
 1 Corintios 12,3b-7.12-13: En cada uno se manifiesta el Espíritu para el bien común.
 Juan 20, 19-23: Recibid el Espíritu Santo.

Celebramos un cumpleaños:
Nos gusta recordar y celebra la fecha del nacimiento y de otros acontecimientos de la vida: fechas del Bautismo, del Matrimonio, de la Ordenación sacerdotal… Son fechas que une más a la familia y a las amistades.
La fiesta de hoy es la celebración de la Venida del Espíritu Santo sobre la Iglesia, no el día fundacional, que no tiene, pues Jesús fue formando al grupo poco a poco, pero sí es el día que se lanzó al mundo como tal. Hay un antes y un después clarísimos en la comunidad de los discípulos.

La fuerza del Espíritu Santo:
Para muchos ser cristiano es cumplir con la mayor exactitud leyes, normas, ritos… es la influencia de la tradición de la ley judía: la religión de la Ley. Los creyentes en Jesús habían experimentado las nuevas formas de vivir y de enseñar que tenía Jesús. Por otra parte el Resucitado les había indicado paciencia, que esperasen, que tenía que manifestarse en ellos el Espíritu Santo. Y, ¿qué debían esperar de Él? Porque algunos de ellos seguían esperando, el esperábamos, de los discípulos de Emaús; pero de cosas claras muy poco, aferrados al pasado. Pero para el creyente en Jesús lo importante es el futuro: lo que hay que hacer.

La transformación:
Los discípulos reciben en el Cenáculo el Espíritu Santo que transforma sus vidas. En el Espíritu Santo no solo está el guía, está también la fuerza para avanzar. ¿Cómo se realiza la transformación? Es la obra redentora de Cristo que incluye dos cosas:
 El perdón de los pecados
 La grandeza de llegar a ser hijos de Dios.
Porque por el Espíritu Santo llega a plenitud lo que afirma san Pedro: Si uno habla, que sus palabras sean como palabras de Dios; si uno presta servicio, que lo haga con la fuerza que Dios le concede, para que Dios sea glorificado en todo (1Ped 4,11).

La tarea más importante para el cristiano:
Es la reconciliación. Es total y absoluta, sin condiciones. Tenemos cuenta siempre el perdón de Dios, pero dejamos de lado muchas veces el perdón mutuo… Perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden… (Mt 6,12). ¡Qué hermosa la definición del diccionario de reconciliar! Volver a las amistades, o atraer y acordar los ánimos desunidos. Volver, atraer… ¡qué lindos verbos!
La grandeza de ser hijos de Dios:
Por la reconciliación elegimos lo más hermoso que tiene la Iglesia: ser una comunidad de reconciliados y reconciliadores. Un solo Dios, y Padre en el que todos creemos y que nos debe llevar a trabajar todos en unidad. Aprendamos a vivir con el que piensa y actúa de forma diferente a mí.

Porque entonces podremos dar testimonio de nuestra fe:
A continuación de la infusión del Espíritu Santo a los apóstoles la narración del hecho nos lleva inmediatamente a mostrarnos la actitud de ellos, hablando sobre su experiencia. Y este testimonio lo escuchan todos, en su lengua propia, admirándose de cómo cada uno les oían hablar en su lengua propia (cf. Hch 2,8). No es que los apóstoles hablasen simultáneamente distintas lenguas, sino que el predicador usaba una lengua, probablemente el arameo, y sus oyentes, por la acción del Espíritu Santo, escuchaban en la suya propia.
Al menos entendido en la Sagrada Escritura le remite este hecho a la Torre de Babel (Gen 11, 1-9), donde confundió el Señor la lengua de toda la tierra (Gen 11,9),
La obra del Espíritu Santo es volver al estado de gracia y vida en que el hombre y el mundo fueron creados y que los libertinajes de los hombres – hechos pecados – destruyen. Por eso, en medio de una comunidad divida, en un mundo de adversarios por odios y rencores, el creyente en Cristo debe saber que su tarea principal como creyente es ser reconciliador. No se puede construir un mundo justo y solidario sin mirar a Dios, el gran Reconciliador, porque es el Padre nuestro, Padre de todos.

Ven, Espíritu divino,
manda tu luz desde el cielo.
Padre amoroso del pobre;
don, en tus dones espléndido;
luz que penetra las almas;
fuente del mayor consuelo.

Ven, dulce huésped del alma,
descanso de nuestro esfuerzo,
tregua en el duro trabajo,
brisa en las horas de fuego,
gozo que enjuga las lágrimas
y reconforta en los duelos.

Entra hasta el fondo del alma,
divina luz, y enriquécenos.
Mira el vacío del hombre,
si tú le faltas por dentro;
mira el poder del pecado,
cuando no envías tu aliento.

Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo,
lava las manchas, infunde
calor de vida en el hielo,
doma el espíritu indómito,
guía al que tuerce el sendero.

Reparte tus siete dones,
según la fe de tus siervos;
por tu bondad y gracia,
dale al esfuerzo su mérito;
salva al que busca salvarse
y danos tu gozo eterno. Amén.

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