PENTECOSTÉS Ciclo “C” Ven, Espíritu Santo…

Escrito en 19/05/2013 por Rita de Casia en Reflexiones Dominicales

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Lecturas:
 Hechos 2,1-11: Todos se llenaron del Espíritu Santo.
 Salmo 103,1.24.29-31.34: Envía tu Espíritu, Señor, y repuebla la faz de la tierra.
 Romanos 8,8-17: Los que se dejan llevar por el Espíritu de Dios, son los hijos de Dios.
 Juan 14, 15-16.23b-26: El Espíritu Santo será quien os lo enseñe todo.
Se llenaron todos del Espíritu Santo…
Hoy es Pentecostés, es el día del Espíritu Santo, porque celebramos que Él lidera la formación de la Iglesia como el conjunto de los que creen en Jesús, viviendo como discípulos suyos. Y en esta celebración lo principal es que celebramos el día fundacional de la Iglesia, de mi Iglesia, de nuestra Iglesia. Porque con la venida del Espíritu Santo todos se llenaron del Espíritu Santo y empezaron a hablar en las lenguas que el Espíritu Santo les sugería (Hech 2,4). Si continuamos con la lectura de la propuesta hoy del libro de los Hechos de los Apóstoles que por la palabra de Pedro el Espíritu Santo mueve los corazones de los oyentes que preguntan: ¿Qué tenemos que hacer hermanos? Y la respuesta de Pedro: Convertíos y sea cada uno de vosotros bautizado en nombre de Jesús, el Mesías, para perdón de los pecados, y sentiréis el Espíritu Santo (Hech 2,38).
Reafirmarnos en nuestro Bautismo y en la Confirmación:
Pocas veces no detenemos pensando en nuestro Bautismo y en nuestra Confirmación. Hoy escuchando decir a san Pedro que reciban sus oyentes el Bautismo y el Espíritu Santo en el sacramento de la Confirmación, es el memento propicio para pensar en lo que nosotros hemos recibido de niños y jóvenes: los sacramentos del Bautismo y de la Confirmación.
Quien recibe el bautismo es sumergido en la muerte de Cristo y resucita con Él “como una nueva criatura” (2Cor 5,11). Es un “baño de regeneración y renovación en el Espíritu Santo” (Tit 3,5) e “iluminación” porque por el Bautismo se convierte en “Hijo de la luz” (Ef 5,8). (Del Compendio del Catecismo, número 252). ¿Somos en verdad nuevas criaturas? ¿Nos sentimos regenerados y renovados? ¿Nos sentimos unidos a la muerte y resurrección de Cristo? ¿Nos sentimos iluminados y obligados a ser luz, a iluminar a los demás?
¿Y la Confirmación? Es la especial efusión del Espíritu Santo, tal como sucedió en Pentecostés. Esta infusión imprime en el alma un carácter indeleble y otorga un crecimiento de la gracia bautismal; arraiga más profundamente la filiación divina; une más fuertemente con Cristo y con su Iglesia; fortalece en el alma los dones del Espíritu Santo; concede una fuerza especial para dar testimonio de la fe cristiana (Compendio, numero 268).
Dos largas citas del Compendio del Catecismo de la Iglesia Católica que he creído muy conveniente y oportuno para reflexionar sobre los sacramentos del Bautismo y de la Confirmación con la mirada especial en este día que hemos dicho anteriormente como fecha para recordar de la fundación de la Iglesia. Y ello pensando y proponiendo en nuestra fe enraizados en la doctrina de los apóstoles, mostrada hoy por sus sucesores. Tenemos que ser miembros vivos, piedras vivas en la construcción de la Iglesia que es la comunidad humana de los discípulos de Jesús, que tiene sus fallos como institución humana, pero es más fuerte la acción el Espíritu Santo para superar las dificultades.
El Espíritu Santo en nuestra vida diaria
Nadie puede decir “Jesús es el Señor” si no es bajo la acción del Espíritu Santo (Rm 12,33). Como discípulos de Jesús ¿cómo actuamos en nuestra vida normal? Como hijos de Dios ¿nos sentimos corresponsables con los demás hombres, iluminados y ser luz para ellos? O ¿nos sentimos solos, como abandonados en medio de las dificultades y limitaciones?
El evangelista san Juan nos presenta al Espíritu Santo como testigo, el que nos hace vivir la vida de Cristo, vivir en comunión con Él para que todos y cada uno de los bautizados lleguen a vivir la plenitud de los hijos de Dios.
Donde se cuenta con el Espíritu Santo se vive la plenitud de la libertad de los hijos de Dios y al ser libres no podemos caer en el pesimismo de un determinismo fatal, porque donde hay amor no hay imposiciones, se goza de la libertad total. Por eso mismo nos lleva a vivir en la esperanza, sin límites.
La fiesta de Pentecostés no es para celebrar una ilusión, una fiesta religiosa… es celebrar un hecho – la presencia del Espíritu Santo y necesitamos esa presencia. Sin el actuar del Espíritu Santo no podemos caminar hacia la meta, sí podemos, y sí debemos vivir con la confianza de estar en las providentes manos de Dios. Porque somos creyentes, porque somos y queremos vivir la realidad de ser discípulos de Jesús contamos con el Espíritu Santo para vivir en esperanza. Por eso rezamos y debemos rezar: Ven, Espíritu Santo, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu amor.
Fray José Jiménez de Jubera Rubio

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