La Bodas de Caná ( Domingo II del tiempo ordinario -C)

Escrito en 26/01/2013 por Rita de Casia en Reflexiones Dominicales

 

 

Libro de Isaías 62,1-5.

Por amor a Sión no me callaré, por amor a Jerusalén no descansaré, hasta que irrumpa su justicia como una luz radiante y su salvación, como una  antorcha encendida.
Las naciones contemplarán tu justicia y todos los reyes verán tu gloria; y tú serás llamada con un nombre nuevo, puesto por la boca del Señor.
Serás una espléndida corona en la mano del Señor, una diadema real en las palmas de tu Dios.
No te dirán más “¡Abandonada!”, sino que te llamarán “Mi deleite”, y a tu tierra “Desposada”. Porque el Señor pone en ti su deleite y tu tierra tendrá un esposo.
Como un joven se casa con una virgen, así te desposará el que te reconstruye; y como la esposa es la alegría de su esposo, así serás tú la alegría de tu Dios.

Palabra de Dios

R. Te alabamos Señor

Salmo 96(95),1-2a.2b-3.7-8a.9-10ac.

Canten al Señor un canto nuevo,
cante al Señor toda la tierra;
canten al Señor, bendigan su Nombre,
día tras día, proclamen su victoria.

Anuncien su gloria entre las naciones,
y sus maravillas entre los pueblos.

Aclamen al Señor, familias de los pueblos,
aclamen la gloria y el poder del Señor;
aclamen la gloria del nombre del Señor.
Entren en sus atrios trayendo una ofrenda,
adoren al Señor al manifestarse su santidad:
¡que toda la tierra tiemble ante él!

Digan entre las naciones: “¡El Señor reina!
El mundo está firme y no vacilará.
El Señor juzgará a los pueblos con rectitud”.

Carta I de San Pablo a los Corintios 12,4-11.

Ciertamente, hay diversidad de dones, pero todos proceden del mismo Espíritu.
Hay diversidad de ministerios, pero un solo Señor.
Hay diversidad de actividades, pero es el mismo Dios el que realiza todo en todos.
En cada uno, el Espíritu se manifiesta para el bien común.
El Espíritu da a uno la sabiduría para hablar; a otro, la ciencia para enseñar, según el mismo Espíritu; a otro, la fe, también en el mismo Espíritu. A este se le da el don de curar, siempre en ese único Espíritu; a aquel, el don de hacer milagros; a uno, el don de profecía; a otro, el don de juzgar sobre el valor de los dones del Espíritu; a este, el don de lenguas; a aquel, el don de interpretarlas.
Pero en todo esto, es el mismo y único Espíritu el que actúa, distribuyendo sus dones a cada uno en particular como él quiere.

Palabra de Dios

R. Te alabamos Señor

Evangelio según San Juan 2,1-11.

Tres días después se celebraron unas bodas en Caná de Galilea, y la madre de Jesús estaba allí.
Jesús también fue invitado con sus discípulos.
Y como faltaba vino, la madre de Jesús le dijo: “No tienen vino”.
Jesús le respondió: “Mujer, ¿qué tenemos que ver nosotros? Mi hora no ha llegado todavía”.
Pero su madre dijo a los sirvientes: “Hagan todo lo que él les diga”.
Había allí seis tinajas de piedra destinadas a los ritos de purificación de los judíos, que contenían unos cien litros cada una.
Jesús dijo a los sirvientes: “Llenen de agua estas tinajas”. Y las llenaron hasta el borde.
“Saquen ahora, agregó Jesús, y lleven al encargado del banquete”. Así lo hicieron.
El encargado probó el agua cambiada en vino y como ignoraba su origen, aunque lo sabían los sirvientes que habían sacado el agua, llamó al esposo
y le dijo: “Siempre se sirve primero el buen vino y cuando todos han bebido bien, se trae el de inferior calidad. Tú, en cambio, has guardado el buen vino hasta este momento”.
Este fue el primero de los signos de Jesús, y lo hizo en Caná de Galilea. Así manifestó su gloria, y sus discípulos creyeron en él.

Palabra del Señor.

R. Gloria a ti, Señor Jesús

 

 

Naturaleza de Jesús:

Jesús es Dios verdadero y hombre verdadero. Como hombre llega a cumplir las promesas hechas a nuestros padres. Y en el relato de las bodas de Caná Jesús realiza su presentación oficial y más que oficial. Ya en el domingo pasado en su bautismo en el Jordán  escuchábamos  – en una escena de toda la Santísima Trinidad – la presentación de Jesús, el Hijo, el Salvador, el Redentor: Este es mi  hijo predilecto, mi amado, escúchenlo. Ahora es el mismo Hijo quien se manifiesta porque está es la conclusión del evangelista sobre el milagro de la conversión del agua en vino: Así (Jesús) manifestó su gloria y sus discípulos creyeron en él (Jn 2,12).       

¿Cuál es la gloria de Jesús, que manifestó a sus discípulos y qué quiere manifestarnos a nosotros el evangelista al narrarnos este hecho?

Escuchamos el testimonio del testigo que fue “impactado” por Jesús y captó lo siguiente: Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos acerca del Verbo de la Vida, pues la Vida se hizo visible, y nosotros hemos visto, damos testimonio y os anunciamos  la vida eterna (1Jn 1,1-2).   

En una boda:

Es conveniente pensar en lo que ha sido y es en las culturas sobre todo campesinas celebrar una boda. Era, es, una fiesta de toda la familia, o mejor, de las dos familias, del novio y de la novia. Las Sagradas Escrituras nos dan buenas pistas para encontrar la importancia de estas celebraciones, lo mimso que las fuentes históricas en los pueblos mediterráneos como fiesta de toda la comunidad que podía durar varios días, como en lo he visto en las alturas de los Andes peruanos. Es celebrar la vida, es continuar la vida, y tengamos en cuenta que  la generación de la prole era lo fundamental en el matrimonio.

¿Por qué escogió Jesús una fiesta de boda para hacer el milagro más significativo: convertir el agua en vino?

Dios es amor (1Jn 4,8) y Jesús es la manifestación – presencia humana y efectiva – del amor definitivo y salvador de Dios con los hombres. El hermoso canto del profeta Isaías es una invitación a cantar  a Dios que en su providencia engrandece al ser humano, centrado en la esta promesa de Dios: Ya no te llamarán “Abandonada”, ni a tu tierra “Devastada”; a ti te llamarán “Mi favorita” y a tu tierra “Desposada” (Is 60,4). Es Contad a todos los pueblos las maravillas del Señor (Sal 95,3). Es Jesús realmente el Esposo, anunciado y esperado durante siglos, y es desde la fe desde donde se puede llegar a comprender y a vivir la plenitud de nuestra vida en Cristo Jesús.

De la desilusión a la alegría:

Los jóvenes esposos de Caná no llegaron a percibir, como lo hizo María, la falta del vino: No tienen vino, ¡Era terrible que a mitad de la fiesta matrimonial en aquel ambiente mediterráneo y campesino faltase el vino!

Nosotros no nos damos cuenta de la necesidad que tenemos de un milagro de Jesús para que cambie nuestras vidas; que todo lo que hacemos sea trasformado por la fuerza del Amor Redentor de Jesús.  

María, a ti acudimos, no tenemos vino, tenemos muchas deficiencias que ni percibimos, estamos llenos de obras sin esperanza, por eso, te rogamos que te acerques a tu Hijo y de nuevo le digas que convierta nuestra vida de agua corrompida en buen vino, en la alegría de la reconciliación y del amor. Que vivamos la alegría de las Nuevas Bodas del Cordero, de que habla el libro del Apocalipsis.

Celebramos la Eucaristía y en ella sí que el signo de la conversión del agua en vino, se realiza aquí y ahora magníficamente en el milagro  de convertir el pan y el vino en  el Cuerpo y en la Sangre de Jesús.

Por eso, la celebración de la Eucaristía es la fiesta de la verdadera alegría, la fiesta mas cristiana de todas.

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