IV Domingo de Pascua: El Buen Pastor, Jn 10, 1 – 10

Escrito en 09/05/2014 por Rita de Casia en Reflexiones Dominicales

DOMINGO IV DE PASCUA: EL BUEN PASTOR                                                 Ciclo “A”                                                                                                       11  de mayo del  2014

 

v Hechos 2,14a. 36-41: Los que aceptaron sus palabras se bautizaron y aquel día se les agregaron unos tres mil.

v Salmo 22,1-6: El Señor es mi pastor, nada me falta.

v 1 Pedro 2,20b-25: Cristo padeció su pasión por nosotros, dejándonos un ejemplo para que sigamos sus huellas.  

v Juan 10.1-10: Yo soy la puerta: quien entre por mí se salvará y podrá entrar y salir, y encontrará pastos.  

 

Jesús es la puerta:

La palabra puerta adquiere en este texto de san Juan un significado muy especial. Podemos hablar de puerta abierta y de puerta cerrada; asimismo podemos hablar de franquearla con confianza o con miedo; puerta que da o no seguridad a mi vida, porque todos somos en nosotros mismos como una casa en la que debe haber confianza, intimidad, seguridad y eso lo concede una buena puerta.  Y esta puerta es muy concreta: es Jesús. Él es mi intimidad, mi fortaleza, en Él debe estar toda mi confianza.

La puerta es lugar de encuentro. Es – lo ha dicho el Maestro  en la alegoría – poder entrar y salir sin trabas y que siempre en esa puerta nos encontramos con Él: el buen pastor.

Cruzar la puerta:

Quien sigue a Jesús cruza el umbral de una realidad nueva, porque Él nos conduce a la salvación; esa salvación es la que nos consiguió muriendo en la cruz y que nos lleva a ser pastores y ovejas en su rebaño.

1)    Ovejas fieles: Jesús camina adelante y nosotros, sus ovejas, debemos ir detrás, escuchando su voz (cf. Jn 10,5). A este seguimiento se le llama fidelidad, que se debe a dos posibles causas:

a)     Por ser quien se es: es la fidelidad de Dios, solamente puede ser fiel, por eso salva al hombre, por el honor de su nombre.

b)    Por agradecimiento: Al darnos cuenta del bien que nos han hecho, brota en nosotros un deseo de ser fiel a los que nos han favorecido, es el agradecimiento. Cuando uno percibe esto suele decir; Seré agradecido hasta la muerte. Nuestro agradecimiento al buen Dios no tiene límites: Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo único… (Jn 3,16).  Po ese amor Dios es nuestra Vida y la única puerta de la Vida.

2)    Siendo buenos pastores: De niño me inculcaban que debía ser responsable de los demás no solo de mí mismo: también de la hermana, de los primos, de los amigos, de los compañeros… Eso me inculcaban: ser pastor de los demás. Y ya sabía yo algo de pastoreo, pues ya sacaba las vacas del establo a los pastos y las guiaba en ellos. Quizás por eso el querer ser pastor me ha acompañado toda la vida, a cuya vocación no siempre he sido fiel, pero el buen Dios ha tenido misericordia de mí y me ha atraído al redil. De niño te piden cuidar de tus hermanos, de tus primos, de tus amigos y compañeros. Y luego el buen Dios me encaminó a la vida consagrada y al sacerdocio. Me formaba para ser pastor de almas. Llegar al sacerdocio no fue fácil, estudiar mucho, disciplina en las costumbres, renuncia a estar con la familia, prestar más atención a los demás que a uno mismo, y hacerlo todo gratis. Porque lo que gratis habéis recibido, dadlo gratis.

Todos los cristianos debemos ser pastores:

No importa ni estado, ni situación en la vida, ni edad… siempre tendremos que ser pastores, porque siempre tendremos ovejas que cuidar. ¡Cuida de tu hermana! ¡Cuida de tus primos! ¡Cuida de tus compañeros! Algo que debemos tener en cuenta hoy cuando nos dicen a los cristianos que debemos ser misioneros, evangelizadores. Y la raíz de ese deber está en nuestro Bautismo: consagrados para el Reino de Dios para ser el rebaño de Cristo. Vosotros sois mi rebaño, las ovejas que yo apaciento (Ez 34,31).

No queremos comprometernos como pastores:

Sí. En lo político, en los negocios, en la religión… hacen falta pastores buenos, fieles a Dios, a ellos mismos y a los demás. Esto se acentúa entre cristianos consagrados por el Bautismo, como servidores del pueblo de Dios.

Sin embargo, fallamos. Políticos que buscan sus propios intereses o de partido, y no se interesan – aunque lo digan – por el bien común; empresarios que lo son pensando en ellos mismos, no en sus trabajadores, piensan en cómo aumentar ganancias personales, no el bien de los que les dan a ellos la riqueza; sacerdotes cómodamente instalados en su oficio y hasta beneficio, que no buscan a las ovejas; profesores que se cultivan a sí mismos, que se preocupan muy poco de sus alumnos; padres de familia que renuncian a ser ellos sacerdotes y catequistas de sus hijos, que ponen en otros toda la tarea de educar; esposos y esposas que se desentienden de sus esposas, de sus esposos… Podríamos poner una larga lista.

 

Falta de liderazgo:

Es lo que se dice en los medios actuales que hablan de la falta de responsabilidad vocacional, le llaman falta de liderazgo.  Sí, renunciamos a obligaciones y responsabilidades. Dicen que alguien dijo: Soy hombre y todo lo que afecta al ser humano, a mí me afecta. Ponemos énfasis en esto: a mí me afecta. ¿Somos consecuentes con esa afirmación?

JORNADA MUNDIAL DE LAS VOCACIONES:

En este cuarto domingo de Pascua todos los años celebramos el día del Buen Pastor, que nos lleva a la Jornada Mundial por las Vocaciones.

¿Cómo celebrar esta Jornada? Nuestra ayuda al mundo de las vocaciones para consagrados y para sacerdotes es la limosna y la oración.

La mies es mucha y los obreros pocos, rogad al dueño de la mies que envíe operarios 

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