Inmaculada Concepción de María

Escrito en 08/12/2014 por Rita de Casia en Reflexiones Dominicales

virgen20rosas..1[fbshare]                                                   

v Génesis 3, 9-15.20: Pongo hostilidad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya, esta te aplastará la cabeza.

v Salmo 97,1-4: Cantad al Señor un cántico nuevo, porque ha hecho maravillas.

v Efesios: Él nos eligió en Cristo antes de la creación del mundo para que fuésemos  santos e irreprochables ante él por el amor.   

v Lucas 1, 26-38: Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo.   

 

Arropados en esta fiesta de María:

En el hemisferio norte estamos en el invierno, cuando el frío nos congela; en el hemisferio sur es el verano, cuando el calor sofoca a veces. La Madre Iglesia nos pone hoy esta fiesta de maría para fijarnos en  ella y superar el frío o el calor con lo gozo de celebrar a María, la santa, la pura, la única. María Inmaculada es el icono más humano que se ha dado en la tierra, la Hija predilecta del Padre: Me felicitarán todas las generaciones porque el todopoderoso ha hecho obras grandes en mí (Lc 1, 48-49). Es la humildad de la Madre de Dios que reconoce toda su grandeza como el gran don de Dios: el todopoderoso ha hecho obras grandes en mí.

Acercándonos a la grandeza de María:

Cuando llegó la plenitud del tiempo, envió Dios a su Hijo, nacido de mujer… (Gál 4,4). Dios que existía desde siempre; En el principio existía la palabra y la Palabra estaba junto a Dios y la Palabra era Dios (Jn 1,1). Pues esa Palabra – la segunda persona de la Santísima Trinidad  – decide  hacerse hombre (“carne” para san Juan, es “carne” despreciada por la corriente filosófica de entonces en Grecia y Roma, que renegaban de tener un cuerpo).  Y aquí está la grandeza de esa realidad: Y la Palabra se hizo carne y habitó entre nosotros y hemos contemplado su gloria, gloria como el Unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad (Jn 1,14). El Hijo de Dios, al asumir nuestra carne, quiso nacer de una mujer (Gál 4,4).

Y así María, por los méritos de su Hijo, Dios verdadero y hombre verdadero, fue preservada de todo pecado, especialmente del pecado original que arrastra a todo hombre y mujer que vienen al mundo. Este es el concepto de Inmaculada. Es aIsí como encontramos en el evangelio de Lucas los mayores elogios de toda la Escritura a una mujer: llena de gracia, el Señor está contigo (Lc 1,28).

El camino de la  fe:

Quiero partir de aquellos atrevidos pensamientos de mi edad juvenil y uno de ellas era este referente a la Virgen María, que ahora lo pienso tan irreverente: “así cualquiera”, porque me decía: “Si María fue preservada de todo pecado desde su nacimiento, le era imposible pecar y su vida de fe debió ser un coser y cantar, que dice el dicho”. ¡Qué equivocado estaba!

María descubre el camino de la fe y lo vive:

María quizás comenzó a creer en el anuncio del ángel cuando su prima Isabel la saluda diciendo: ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? (Lc 1,43). Y se va imponiendo una realidad en María, que no la había soñado nunca, siente en su cuerpo la maternidad que sabe que es fruto de Dios, tiene que explicárselo a su esposo José – hombre Justo, que no quiere intervenir en los planes de Dios y este le explica cuál va ser a su función: ser padre de esta criatura -, María da a luz lejos de su casa y en la  precariedad de un establo, siente la persecución a su Hijo, el ir a Egipto, todo en un hijo que es Hijo de Dios y se comporta como un niño cualquiera. ¿La actitud de maría? Su madre conservaba todo esto en su corazón (Lc 2,51).

Aprendemos en ese descubrir María al Hijo de Dios en su hijo y seguramente sufre cuando comienza a predicar una realidad nueva, cuando escucha cosas milagrosas de él, pero que también lo rechazan y lo tienen por loco y hasta quieren matarlo…la persecución no cesa y, después de un juicio injusto, llevado al cadalso de la cruz. Y yo me imagino en María conservando todo en su corazón.

Y, por último, llega el gran gozo de la resurrección, sus silencios y sus oraciones han tenido un magnífico final. Y la obra maternal de María no termina: Jesús, su Hijo, nos la entrega a todos que somos sus discípulos como nuestra madre. Y está como madre fecunda en el nacimiento de la Iglesia.

Nuestro compromiso:

Desde este pequeño bosquejo de la fe en María, debe brotar en nosotros la acción de gracias  por el Hijo, por María, por nuestro Bautismo, por nuestra fe… Nosotros muchas veces tendremos que recurrir al silencio y responder al Todopoderoso que hace grande obras en nosotros.

Oración:

Estrella de la nueva evangelización,                                                                                              ayúdanos a resplandecer                                                                                                                                     en el testimonio de la comunión,                                                                                                               de la justicia y el amor a los pobres,                                                                                                          para que la alegría del Evangelio                                                                                                                  llegue hasta los confines de la tierra                                                                                                       y ninguna periferia se prive de su luz.

Madre del Evangelio viviente,                                                                                                            manantial de alegría para los pequeños,                                                                                                ruega por nosotros.

Amén.

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