III Domingo de Pascua: El Buen Pastor.

Escrito en 14/04/2013 por Rita de Casia en Reflexiones Dominicales

BUEN PASTOR                                                           

v Hechos 5,27b-32.40b-41: Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres.

v Salmo 29,2.4-6.11-13: Te ensalzaré, Señor, porque me has librado.  

v Apocalipsis 5,11-14: Al que está sentado y al Cordero alabanza, honor, gloria y poder por los siglos.

v Juan 21, 1-19: ¡Es el Señor! Apacienta mis corderos… apacienta mis ovejas.  

Tengamos los ojos para ver:

Abramos nuestro corazón para ir al encuentro con el Resucitado, pues Él nos convoca en la Eucaristía para compartir la mesa de la Palabra de Dios y comer al mismo Resucitado, que se nos hace comida. Es la principal manera para amar y vivir a Cristo Jesús, como discípulos suyos que somos, y vivir con los demás – con todos los hombres – en comunión. Por eso la Misa debe ser expresión de alegría compartida en familia, fuerza común en dolor, superación del día a día para ir construyendo  el mundo nuevo con esperanza.

Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres:

Es el resumen de la actitud de Pedro al verse acosado por las autoridades judías, que, como hoy sucede también en muchos ámbitos, querían reducir la religión a un conjunto de convicciones personales y las del grupo gobernante. Predicar a Cristo Jesús Resucitado iba contra todo ese tinglado que habían ido entretejiendo desde el poder. Predicar a Cristo Jesús, sin adornos, fue revolucionario y lo sigue siendo. Obedecer a Dios antes que a los hombres es una frase que se ha usado a lo largo de la historia de la Iglesia con actitudes contradictorias pretendiendo defender la libertad cristiana pero creando, muchas veces, iluminismos, fanatismos, luchas ideológicas y hasta armadas, impidiendo la construcción de la fraternidad. El mayor don de los hijos de Dios es la libertad, dice san Pablo y cada vez estoy más convencido de ello y, aunque estemos los cristianos rodeados de todo tipo de esclavitudes y miedos a ejercer la libertad, hay que ser firmes en vivirla y ayudar a los demás a que la vivan.

Cristo nos ha liberado:

El don de nuestra libertad nos lo consiguió Cristo por su muerte y su resurrección, pues así rompió con la mayor de las esclavitudes, el pecado que los aplastó en la cruz. Desde entonces brilla la libertad con la que Él mismo aceptó el suplicio de la cruz: Tengo  poder para dar mi vida…dijo Jesús y aceptó su pasión y muerte con plena voluntad y firme decisión, con total libertad.

La libertad nace y se vive en la obediencia:

San Pablo nos pide que nos hagamos esclavos los unos de los otros por amor. Y el auténtico amor al otro solamente se puede conseguir desde Dios, por eso, la opción por Dios y por su causa es el mejor ejercicio de la libertad que se puede dar como opción fundamental de la vida  y motor de toda ella. En el amor al prójimo está el verdadero ejercicio de la libertad.  

Dóciles al Espíritu Santo:

En el ejercicio de la libertad se corre el peligro  de poner egoísmos, caprichos… por delante de ella. ¿Cómo evitarlo? El ejercicio de la libertad es una respuesta valiente a las mociones del espíritu Santo. ¿Cómo ver aquí la acción del Espíritu Santo? ¿Cómo conseguir obedecer a Dios antes que a los hombres? ¿Cómo hacerlo sin caer en favoritismos, personalismos y en otros ismos que malogren la verdad e impidan el recto ejercicio de la libertad? La obediencia a Dios como don del Espíritu Santo EXIGE:

  • Ø Mantener el espíritu de comunión y de caridad  por encima de todo.
  • Ø Tener desconfianza al juicio propio  y para no dejarse influenciar por él buscar consejo, someternos a la obediencia…
  • Ø Hay que trabajar por separar lo esencial de lo secundario en un clima de serenidad y de paz.
  • Ø No confundir el “creer tener razón” con que “se está obedeciendo a Dios”. Siempre me ha hecho sonreír con amargura la actitud de aquellos que trasforman la frase de los Hechos: El espíritu Santo y nosotros hemos decidido…  por  la frase” yo (o nosotros) y el Espíritu Santo  hemos decidido… Va por delante el “yo” o el “nosotros” tergiversando la acción del Espíritu.
  • Ø Por encima de toda ideología por más noble y digna que pueda parecernos está la persona: su vida y sus derechos.

Para la práctica de un buen discernimiento de la libertad:

Pueden decirme que estoy expresando teorías  y nada más lejos de ello, según mi opinión, pues busco es crear conciencia de la necesidad de una convivencia entre los hombres en la equidad  y de paz en nuestra comunidad y en el mundo.

Pongo para terminar y afianzarme en esto el siguiente pensamiento de Confucio: Cuando veáis a un hombre sabio, pensad en igualar sus virtudes; cuando veáis a un hombre desposeído de verdad, examinaos vosotros mismos.

El buen Dios nos conceda por la acción del Espíritu Santo vivir en la libertad del amor, concretizado en la equidad y en la moderación. Amén.

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