II DOMINGO DE CUARESMA:Este es mi Hijo, el amado, el predilecto. Escuchadlo.

Escrito en 15/03/2014 por Rita de Casia en Reflexiones Dominicales

[fbshare]transfiguración

v Génesis   12, 1-4ª: Sal de tu tierra y de la casa paterna hacia la tierra que te mostraré.

v Salmo 32,4-5.18-22: Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros como lo esperamos de ti.

v 2 Timoteo 1,8b-10: Él destruyó la muerte y sacó a la luz la vida inmortal.   

v Mateo 17, 1-9: Se transformó delante de ellos, y su rostro resplandeció.

 

En camino:

Toda la vida del cristiano es un peregrinar hacia la patria definitiva. La Cuaresma  – lo indicábamos el domingo pasado – es concretizar todo ese peregrinar. Un autor presenta así la Cuaresma: En el centro del camino cuaresmal, la liturgia nos presenta el sentido de la meta y el guía del camino: un sentido positivo, una meta transformadora de la existencia y a un guía, Jesús.

 

El guía:

Jesús, quien unos días antes de esta escena de la Transfiguración, había dicho a los apóstoles que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho… y tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día (Mt 16,21), para superar el desaliento que había creado en los apóstoles, especialmente en Pedro, quien había dicho a Jesús: ¡Lejos de ti tal cosa, Señor! ¡Eso no puede sucederte! (Mt 16,22) y que recibe el reproche del Maestro: Aléjate de mí, Satanás. Pues eres para mí piedra de tropiezo  porque tú piensas como los hombres no como Dios (Mt 16,23) (Recordamos el domingo pasado cuando el diablo tienta  Jesús a que no siga el camino marcado por el Padre, a que buscase un camino más cómodo para él). No nos admiremos de Pedro, todos podemos llegar en algún momento a ser Satanás – tropiezo – para el hermano.

La valentía de Jesús:

Sobre la naturaleza de la humanización de Jesús nos dice el evangelio de san Juan: Salí del Padre, he venido al mundo, otra vez dejo el mundo y me voy al Padre (Jn 6,28). En ese camino está su pasión, muerte y resurrección. Para mostrarles este camino a sus discípulos, seis días más tarde, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y subió con ellos a un monte alto y se transfiguró delante de ellos… (Mt 17,1-2). Era un gesto de Jesús  para ayudar  a los apóstoles a transformar su forma de pensar.

Hay que romper prejuicios e ilusiones:

Toda ruptura crea dolor. Humildemente puedo confesar lo sucedido en mi vida cuando se dio una ruptura. ¿Qué sucedió? Lo saben mis lectores, pues cuando hace un año y medio tomé un mes de vacaciones para estar con mi anciana madre, estando tranquilamente en su casa con paseos diarios entre viñedos y olivares, sentí un pequeño malestar en el abdomen y llevaba dos días con poco apetito, al comentar eso en casa mi hermana María Cruz se empeñó en que fuese al hospital a urgencias. Nada más llegar y hacer unos chequeos  y análisis los médicos pensaron lo peor. Así fue, al día siguiente y a las diez de la mañana ya estaba enganchado a la máquina para la diálisis. Habían encontrado una insuficiencia renal total. Se presentaba una ruptura total con el pasado, tenía que quedarme en España, quedándose en el Perú mis amigos y tanta buena gente sin poder despedirme de ellos.

Agradezco al buen Dios que me ha librado de la depresión, como se podía esperar y que más de una lo comentó, he sentido que Dios me ha cogido de la mano y me ha guiado a aprender en rápidos pasos la sabiduría de Dios, de la cruz.

¿Qué camino me propone Jesús?

Me he preguntado muchas veces, ¿cómo hace que mi vida tenga sentido desde el fracaso (así pueden pensarlo los que piensan en éxitos humanos) y de la desilusión? Pues yo no puedo hacer nada en las tareas de la comunidad y ni me lo permiten mis hermanos frailes que me dicen: Tu tarea es cuidar tu enfermedad.

En la escena evangélica de la Transfiguración de Jesús, uno de los pasajes bíblicos que más me ayudan a vencer la desilusión y el desaliento y a vivir el día a día en manos de Dios.

Aquellos discípulos a lo que Jesús había dejado desorientados al anunciarles su pasión, el Maestro tiene que el final del camino: la Resurrección, el paso, la pascua definitiva. De esa Resurrección es parte del proceso mesiánico del Hijo de Dios.

No es romper con el pasado, sino afianzarse en lo que significa la presencia en la escena de Moisés y Elías, que representan la Ley y los Profetas, base de la religión israelita.

¿Qué me enseña este pasaje evangélico?

Lo que más atención me causa es la petición del Padre para que escuchemos a su Hijo: Este es mi Hijo, el amado, el predilecto. Escuchadlo.

Y es voz, Cristo Jesús, la que nos salva que nos lleva a Dios y a aceptar la voluntad de Dios en nuestras vidas. Escuchar a Jesús es el camino, es la luz, es la fuerza, y en la medida en que nos mostremos dóciles a su Palabra, triunfemos con Él. Claro que hay que escuchar y llevar lo escuchado a la práctica.

 

¿Cómo escuchar la voz del Hijo?

Nos hace demasiado ruido el mundo y nos impide escuchar la voz de Dios, acalla nuestras conciencias, rechaza los valores cristianos… es que buscan lo cómodo, lo fácil, lo agradable… Hay que ser disciplinados y sobrios para no caer en ese ruido del mundodebemos crear nosotros ese silencio  (a nadie se la ocurrido ir a escuchar a Dios o rezar en una discoteca). Silencio para que pueda examinar mi vida, mis acritudes… todo en Dios y para Dios.

 

He aquí unos hermosos versos para terminar:

Transfigúrame, Señor, transfigúrame.    

  Quiero ser tu vidriera,                                                                                                     

tu alta vidriera azul, morada y amarilla.                                                                      

 Quiero ser mi figura, sí, mi historia,                                                                     

pero de ti en tu gloria traspasado.

Mas no a mi solo,                                                                                                   

purifica también  a todos los hijos de tu Palabra,                                                        

 que te rezan conmigo o te rezaron                                                                                  

o que acaso ni una madre tuvieron                                                                  

 que les guiara a balbucear el Padrenuestro.                                (Gerardo Diego)

Fray José Jiménez de Jubera Rubio O.A.R.

Un Comentario

  1. Es una reflexión tan bella, profunda y verdadera que toca hondo el corazón. Una ayuda indispensable para vivir el tiempo de cuaresma, como un tiempo de gracia y conversión. Con Cristo, la vida en cualquier situación y condición tiene un profundo sentido. La cruz siempre es camino de salvación y resurrección.

    Muchas gracias por compartir este precioso mensaje.

    Nilda

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