EPIFANÍA

Escrito en 01/01/2015 por Rita de Casia en Reflexiones Dominicales

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                                                                                                                                  reyes-magos                                                                      

Isaías 60, 1-6: Caminarán los pueblos a la luz.

Salmo 76, 2-7.13: Se postrarán ante el Señor todos los reyes de la tierra.

Efesios  3,2-3.5-6: También los gentiles son coherederos.   

Mateo 2,  1-12: ¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? 

 

Olvido de lo creado,

memoria del Creador,

atención a lo interior y

estarse amado al Amado

(San Juan de la Cruz)

Mi intención en esta homilía:

Me complace muchísimo comenzar esta reflexión con estos versos de san Juan de la Cruz en esta fiesta de la Epifanía.

Epifanía (del griego ·epi· – “sobre” y ·fonía· – “luz”, literalmente es la luz sobre, en el lenguaje bíblico y litúrgico): es luz sobre toda la humanidad, que es el Niño que nace en Belén.

Me encanta la liturgia oriental que celebra la Navidad en tres epifanías.

  1. A los pastores, a los de cerca.
  2. A los de lejos: a los magos venidos de lejos, de fuera del pueblo de Israel.
  3. Manifestación a toda la humanidad: Lo hace Dios Padre  con su palabra escuchada en ese hecho desde la nube: Este es mi Hijo amado, en quien me complazco (Mt 3,11).

Los magos.

No sabemos llegar a una interpretación única del texto de Mateo del Evangelio de hoy. Deteniéndonos en el texto ni eran reyes ni eran tres, pues dice escuetamente: unos magos de oriente (Mt 2,1).

Eran magos, término que no llegan a aclarar los autores: ¿Una especie de astrólogos? ¿Buscadores de la verdad? Recalcamos lo de lejos, que sí estaría en el tema fundamental de la misión del Mesías, hoy Niño: para redimir a toda la humanidad.

En nuestra litúrgica, la Epifanía es la manifestación de Dios a todo el mundo, a los de cerca y a los de lejos, es el Príncipe de la paz.

Rechazando el sentido de entonces sobre el Mesías, que esperaban los judíos: un gran guerrero para liberar a Israel del dominio extranjero y dominar a los dominadores.

Busquemos a Dios para encontrarlo:

Somos cristianos prácticamente desde nuestro nacimiento, pues en tierna edad recibimos el Bautismo. No toco el tema tan debatido en la historia del Bautismo de niños; san Agustín, bautizado como sabéis a los treinta y tres años, afirma que ojalá lo hubiesen bautizado de niño, cuando casi lo hacen al estar enfermo, hubiese contado – afirma – desde entonces en su vida con la gracia divina que nos da el bautismo, hubiese sido hijo de Dios desde entonces.

No nos pidieron ser bautizados como no nos pidieron permiso para nacer, para ponernos en la escuela y tantas otras cosas que determinaron nuestros padres que hiciéramos para nuestro bien futuro.

Sí estamos obligados a comprometernos con las respuestas  a estas preguntas: ¿Por qué creo en Cristo Jesús como Dios? ¿A qué me compromete creer en él?

El encuentro con el Mesías:

Los versos puestos al principio de san Juan de la Cruz los aprovecho ahora para pensar en el encuentro con el Niño Dios, cómo hacerlo y a qué nos lleva.

  • Ø Olvido de lo creado: pues más buscamos lo perecedero – lo creado – y perecemos con ello. Con sed de eternidad hemos nacido, dice una canción.
  • Ø Memoria del Creador: Valga esta frase de san Agustín, nuestro Padre, como único comentario: Nos hiciste, Señor, para ti; y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti.
  • Ø Atención a lo interior: Vivimos una cultura “exteriorizada”: se tiene miedo a estar solo, a pensar, a la auto reflexión… y se crea un vacío, que es llenado por intereses perecederos, olvidándose – a haciéndonos olvidar con las propagandas políticas y comerciales – de lo esencial.
  • Ø Y estarse amando al Amado: Dios es amor en su esencia, por eso nuestra vida tendrá sentido si la llenamos de amor a Dios, al Amado y Amador. Entonces cabe preguntarse: ¿No puedo amar al esposo (a), a los padres, a los hijos…? Sí, hay que amar a todo lo creado y especialmente a nuestros seres queridos y hacerlo en Dios y con Dios. Visto así no es oposición al amor de Dios; es complementación.

Oración:

Tú, Cristo Jesús, eres el Emmanuel – Dios con nosotros -, que nos busca constantemente, como lo expresa en la parábola del buen pastor.

Señor, que sepa buscarte, encontrarte y amarte.

 

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