EPIFANÍA DEL SEÑOR:Venimos de Oriente a adorar al Rey

Escrito en 07/01/2012 por Rita de Casia en Reflexiones Dominicales

HISTORIA DE NAVIDAD( Película completa, en castellano)

Lecturas: Is.60,1-6 ; Sal.71; Ef.3,2-5;  Mt 2, 1-12

EPIFANIA

El primer relato bíblico presenta un pórtico admirable de la grandeza de la Creación. Nos presenta un relato luminoso de bondad, de cariño y afecto donde cada cosa está en su sitio y el principal lugar lo ocupa el ser humano – hombre y mujer -, es Señor, por decisión del Creador, de todo lo creado.

Pero… los “peros” siempre desdicen todo lo precedente. Ese hombre-mujer, Adán-Eva, se siente o quiere sentirse el dueño de sí mismo y de su destino. Y viene el pecado, el capricho, la desobediencia… Y las páginas de la Biblia comienzan  a cambiar pues hablan de egoísmos, de caprichos, de pecados… llegando a muertes fratricidas, injusticias… Sombras de muerte, menciona la Biblia se esparcen por todos los lugares, encontrándose el hombre con lo más absurdo que podría encontrar: pues creado para la vida es llevado por el pecado a la muerte. Todos los puntos de esperanza se le van cerrando.

Tiempos nuevos o realidades viejas:

Desde la caída de Adán y Eva Dios promete la redención, pero tarda  en llegar pues tiene que ir escogiendo hombres y mujeres de los que unos le son fieles y otros no tanto: Abrahán, Jacob, Moisés… Más adelante los jueces: Dalila, Sansón, Samuel… reyes como David, Salomón… Es una luz que va ampliándose, se va manifestando a los hombres. Llegan los profetas, voz de Dios, para mantener esa esperanza. Así el profeta Isaías sobre la Jerusalén destruida por los babilonios  piensa en un futuro esplendoroso: ¡Levántate, brilla Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor amanece sobre ti! (Is 60,1-2). El profeta llega a afirmar esto porque ha percibido cómo Dios en la historia ha ido destruyendo ídolos, criticando las seguridades humanas como cisternas agrietadas que no pueden detener agua (Jr 2,13), incapaces de mantener el agua de la salvación.

Dios nos salva:

Llena de edificios magníficos pero agrietados por todos lados y amenazando ruina parece la sociedad mundial con que terminamos el año 2011: la gran crisis económica como no la ha habido nunca, los políticos que no encuentran “recetas” para solucionar los problemas planteados, la gente desesperada… Hemos caído muy al fondo y no se ven claras e inmediatas salidas. Nuestros “ídolos” van cayendo: la sociedad de la prosperidad, del bienestar, de superar la pobreza, de desarraigar la miseria, de achicar la brecha entre ricos y pobres… van fallando. Hay avaricia mundial por las materias primas (no importa si se roba, porque se busca la forma de hacerlo “legalmente”), el agua escasea en el mundo, la basura de todo tipo desde la atómica a la de las cloacas invade la tierra…

Un punto de encuentro:

El lugar físico es lo de menos, es dicen  los especialistas con optimismo, buscar un lugar teológicamente de encuentro por encima de los intereses mezquinos y egoístas. Isaías piensa en una Jerusalén reconstruida, nosotros cristianos hemos pensado en estos días como lugar de encuentro el Portal de Belén. El pasado 27 de noviembre el papa Benedicto XVI se reunía en Asís – patria del gran hombre de la paz san Francisco –  para meditar, contemplar, orar… en un acto ecuménico sublime con 200 representantes de iglesias, confesiones religiosas distintas, ateos conocidos… de todo el mundo. Pensar, meditar, dialogar, enviar un mensaje de paz a todo el mundo por encima de creencias, razas y pueblos fue la tarea de estos hombres de buena voluntad, de acuerdo al conocido aforismo: Soy hombre y todo lo que afecta a cualquier ser humano, me afecta a mí. No podemos permanecer indiferentes, porque, nos lo recuerda san Pablo en la carta a los Efesios: los otros pueblos comparten la misma herencia, son miembros de un mismo cuerpo y partícipes de la promesa en Jesucristo, por medio del Evangelio (Ef 3,6).

Epifanía:

Esta palabra tiene su origen en el griego y significa: luz sobre… luz que apoya… Porque los hombres atrapados en nuestra sociedad de consumo se ciegan para ver al Salvador y su salvación. Los Magos son capaces de descubrir en su lejanía y por el interés en su búsqueda los signos de la llegada del Mesías; Herodes y los sacerdotes saben dónde debe nacer el Mesías, dan las señales a los Magos… pero ellos no van. Los Magos reconocen el amor de Dios y por eso caen postrados ante el Nino en acción de gracias y adoración. Se dejan llenar por el amor de Dios y su gracia les acompaña y regresan contentos a su tierra.

Es la experiencia de Dios y de su amor que debemos buscar y vivir cada de nosotros. Porque es Navidad: Dios con nosotros.

P. José

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