EL BAUTISMO DE JESÚS

Escrito en 11/01/2015 por Rita de Casia en Reflexiones Dominicales

  bautismolecturas                                                                                                                                                                                                             

v  Isaías 42, 1-4.6-7: Mirad a mi siervo.  

v  Salmo 28, 1-4.9-10: El Señor bendice a su pueblo con la paz.

v  Hechos  10,34-38: Dios ungió a Jesús con la fuerza del Espíritu Santo.     

v  Marcos 1,  7-11: Este es mi Hijo, el amado, el predilecto.  

Dios es nuestro Padre:

En la frase de las lecturas bíblicas de esta fiesta es: Tú eres mi Hijo amado, mi predilecto. Cada uno de nosotros, hijos de Dios y hermanos de Jesucristo por nuestro Bautismo, abramos los oídos para escuchar también: Tú eres mi hijo amado…

¿Cómo llegamos a ser hijos de Dios?

Lo somos por el Bautismo. No el bautismo de Juan el Bautista, que era solamente un signo exterior de limpieza espiritual  y señal de iniciar el camino de conversión señalado por el Precursor. Nuestro Bautismo en nombre (en el poder) de Cristo Jesús, nuestro Redentor, es una acción interior que nos da la gracia, llamada santificante, que nadie la podrá borrar, como aprendíamos en catecismo: el Bautismo imprime carácter. Esto quiere decir que la gracia bautismal siempre permanece en el que ha sido bautizado; viva si seguimos el camino de Dios; muerta si seguimos el camino opuesto. Más cuando, el que está en pecado, se convierte y arrepentido de de ellos se pone en el camino evangélico, la gracia vuelve a actuar.

Somos realmente hijos de Dios, como lo expresa bellamente san Juan: Mirad qué amor nos ha tenido el Padre para llamarnos hijos de Dios, pues ¡lo somos! (1Jn 3,1).

Hijos en el Hijo:

Es Cristo el que nos salva, nos redime, nos une a su naturaleza divina  para llegar a la resurrección con él. Es Cristo quien nos salva, nos redime al hacer en nuestra carne y morir por nosotros es hacernos hijos de Dios y hermanos suyos. . El santificador y los santificados proceden todos del mismo. Por eso no se avergüenza de llamarnos hermanos (Hbr 2,11). La fuente está en el amor de Dios: Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Unigénito, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna (Jn 3,16). Somos amados en el Hijo y si Dios nos ama, se pregunta san Pablo ¿Quién podrá separarnos del   amor de Dios? Y él mismo se responde que ni la muerte  ni cualquier  otra realidad por abismal que sea nos podrán separar del amor de Dios.

El camino del amor:

Amor con amor se paga, dice un dicho popular, con lo que concluimos que al amor de Dios debemos responder cada uno de nosotros amándolo a Él y lo que Él ama. En la Biblia está bien marcado lo que se deba amar y lo que no se debe amar.

  • San Juan nos expresa lo siguiente sobre el amor que no vale: No améis al mundo ni lo que hay en el mundo (1Jn 2,15). Para san Juan mundo es todo lo contrario a la construcción del reino de Dios, de ahí que si alguno ama al mundo, no está en el amor del Padre (1Jn 2,15).  Y nos da la explicación: porque lo que hay en el mundo  – la concupiscencia de la carne, la concupiscencia de los ojos  y la arrogancia del dinero  ­- eso no precede del Padre, sino que procede del mundo (1Jn 2,16).Recuerdo que de niño en la catequesis  insistía el párroco en decirnos que los enemigos del alma eran el diablo, el mundo y al carne. Entonces no entendía nada, después va uno careciendo llega a comprender la lucha constante que hay que mantener para no caer en las tentaciones grandes o pequeñas del tener, del poder y del placer.
  • Lo que hay que amar: a Dios y al prójimo, que “es el otro”,  que está a mi lado, hoy uno (a), luego vendrán más según convivo y trato a las personas. Quien dice que está en la luz y aborrece al hermano está aún en las tinieblas. Quien ama a su hermano permanece en la luz y no tropieza (1Jn 2,9-10). Sin poner excusas de quién es mi hermano, todo hombre y toda mujer de la condición que sean, son mis hermanos. El amor es luz; el no amar es querer permanece en la obscuridad del egoísmo. El amor es vida; el no amar a Dios y al prójimo  – son un solo mandamiento – es muerte.

Las virtudes teologales: fe, esperanza y caridad.

La tres van unidas de tal manera que donde está una, deben estar las otras dos. Los teólogos explican el nombre de “teologales”  afirmando que estas tres virtudes se llaman así porque nos son infundidas en nuestro Bautismo en esa como segunda naturaleza que Dios da haciéndonos hijos suyos.

Luz por medio de la fe:

El papa Francisco en la encíclica sobre la fe, denominada “La luz de la fe”, nos da tres características de lo que es la fe:

       I.            La fe asume el pasado: no es lamentándonos del pasado como vamos a avanzar. Hay muchos dichos sobre esto en nuestra cultura castellana, valga este: no merece la pena llorar sobre la leche derramada. El papa nos dice que la fe, asumiendo el pasado, es una memoria fundante, o sea, la base de ir construyendo realidades nuevas.

    II.            La fe se proyecta al futuro: La fe es luz que nos lleva al futuro, que nos desvela vastos horizontes, y nos lleva más allá de nuestro yo aislado (número 4).

 III.            La fe ilumina el presente: La fe enriquece la existencia humana en todas sus dimensiones (Número 6). Últimamente  he observado en mis lecturas que muchos autores, algunos provenientes de la cultura que llaman “laica” – sin Dios – están achacando muchos males de nuestra cultura occidental a que iba perdiendo la trascendencia, se queda el hombre solo, quiere hacer lo que le da la gana y acaba  destruyéndose a sí mismo.

La fe se convierte en esperanza: ´

He leído con frecuencia que los suicidas llegan a ese extremo de su vida  porque no encuentran una puerta abierta para avanzar en su vida. Todas las puertas – creen – se les han cerrado y buscan su destrucción – la muerte -. Cuando no vivimos de la fe, vamos cerrando puertas: el egoísmo nos va dejando sin salidas y buscando cosas perecederas – placer, tener, poder – que son bienes pereceros, incapaces de satisfacer la sed de eternidad que el ser humano tiene, por eso ellos se acaban y los que han puesto su esperanza en ellos también. Por eso la fe,  creer en un Dios, en el más allá de la muerte, nos da la esperanza: Virtud que nos hace vivir  – aun en medio males y problemas – de la gracia que el buen Dios nos concede, porque es Padre único, sin las imperfecciones de los padres humanos, y cuida de nosotros, sin que pueda pasarnos nada que, a la larga, no sea para nuestro bien.  En medio de la enfermedad, de los problemas y aun delante de una muerte injusta, como dan ejemplo en la historia los miles y miles de mártires, la fe nos sostiene, sabiendo que, como después de una tormenta de lluvia, truenos, relámpagos, impresionantes nubarrones, llegará s verse el sol. Dios nos prepara una orada eterna de alegría y gozo junto a él.

 

 

Deja un comentario

  • agosto 2017
    D L M X J V S
    « Jul    
     12345
    6789101112
    13141516171819
    20212223242526
    2728293031  
  • Social