DOMINGO XXIX DEL TIEMPO ORDINARIO Ciclo “A” 19 de octubre del 2014

Escrito en 18/10/2014 por Rita de Casia en Reflexiones Dominicales

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 Isaías 45,1-4: Yo soy el Señor, no hay otro.
 Salmo 95, 1-3.5.7-10: Aclamad la gloria y el poder del Señor.
 1Tesalonicenses 1,1-5b: … el esfuerzo de nuestro amor y el aguante de nuestra esperanza.
 Mateo 22,16-21: … dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios. Venid a mi viña…

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Todo en el mundo es una compraventa:
Dicen que en el mundo actual todo tiene un precio, hasta la honradez y la honorabilidad claudica constantemente, negociándose todo.
¿Puede aplicarse esto a la vida moral y religiosa? Quizás también, o al menos, seamos sinceros respondiendo a estas preguntas: ¿Qué vendo? ¿A quién vendo? ¿Qué compro y a quién?
Vivimos en una sociedad que todo lo cambia según las conveniencias, todo es acomodarse y estar bien (aunque no sé “qué es estar bien para ellos”). Pero insisto, para ellos lo importante es estar bien. En un artículo periodístico recientemente leía: En una sociedad que busca el bienestar, si te quejas (sobre todo cuando ellos no quieren consecuencias) nefastas para el negocio, no te preocupes – te dirían – todo tiene solución. Si usted no queda satisfecho, le devolvemos el dinero.
Lo que no nos hacen desaparecer es la frustración que constantemente nos provocan por la corrupción, coimas, abusos de poder, etc. En esto – al menos para mí – no hay devolución: se malogró todo y ahí queda malogrado si no hay conversión. Es en este campo en donde debemos trabajar los cristianos, porque es lo que nos urge la Palabra de Dios que no nos habla de devaneos entre un sí o un no, entre que me decido por esto o por lo otro, en que devuelvo o no devuelvo lo comprado, porque; Yo soy el Señor, y no hay otro; fuera de mí no hay dios (Is 45,3). No podéis servir a Dios y al dinero (Mt 6,24).

La política y la religión:
Se ha usado el texto evangélico de este domingo para tomar dos posiciones totalmente separadas: religión y política. Nada más absurdo porque nada se aleja tanto de la realidad como la cuestión planteada a Jesús por los herodianos y fariseos: ellos proponen el impuesto para darlo a la religión o al poder político. Ambos están metidos en una misma realidad, no se puede dar a uno o a otro… Sirviendo a Dios se debe ser buen contribuyente, buen ciudadano. Aquel que diga: no quiero saber nada de la política… está tan equivocado como aquel que diga: no quiero saber nada de la religión… No somos dos personas, dos sujetos, actuando de forma distinta cada vez. La sinceridad de Jesús en el relato evangélico de hoy, quien mira lo que la gente no ve, según sus enemigos, no quiere nada de esa disyunta del •O•, disyuntiva para ellos entre Dios y el César.

Corazones divididos:
Yo no puedo comprender a las personas que actúan con una doble pertenencia, que van por el mundo como buenos religiosos y por su vida social o económica por otro. No se puede servir a dos señores, ni a dos realidades. La vida del creyente está toda, insisto, toda, en Dios como origen y meta de todo lo que se es y se realiza; Yo soy el Señor y no hay otro, es la lección del profeta Isaías.
Actualmente en política, queriendo curarse de tanta corrupción y robo, hablan de la necesidad de trasparencia. Al cristiano se le pide que obre con más trasparencia que ninguno, porque el único Dios lo ve todo, lo observa todo y lo juzga todo.

La configuración de nuestra vida en torno al único Dios:
Tened los mismos sentimientos de Cristo Jesús (Flp 2,5). Ese Jesús es aquel a quien los discípulos camino de Emaús definen muy bien: poderoso en obras y palabras ante Dios y ante el pueblo (Lc 24,19). Es la coherencia que en todas sus cartas nos pide san Pablo, como:
Andemos como en pleno día con dignidad. Nada de comilonas y borracheras, nada de lujuria y desenfreno, nada de riñas y envidias. Revestíos todos más bien del Señor Jesucristo y no deis pábulo a la carne siguiendo sus deseos (Rm 13,13-14). Entregaos siempre sin reservas a la obra del Señor, convencidos de que vuestro esfuerzo no será sin el Señor (1Cor 15,58). Por lo demás, hermanos, alegraos, trabajad por vuestra perfección, animaos; tened un mismo sentir y vivid en paz (2Cor 13,11).

En conclusión:
Con que vengo diciendo creo que queda bien claro que no puede haber más que una sola vida en Dios, a Él se orienta todo.
Es hacerlo todo en el nombre del Jesús. Ya sea lo más sublime o lo más normal; ya sea rezar o gozar del amor conyugal; ya sea el comprar o el vender, el pagar impuestos, etc.
Es sentir y obrar en todo y con todo en Dios. Amén.

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