DOMINGO XXII DEL TIEMPO ORDINARIO Ciclo B Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.

Escrito en 05/09/2012 por Rita de Casia en Reflexiones Dominicales

Mensaje del PAPA Benedicto XVI

Deuteronomio 4,1-2.6-8.

Y ahora, Israel, escucha los preceptos y las leyes que yo les enseño para que las pongan en práctica. Así ustedes vivirán y entrarán a tomar posesión de la tierra que les da el Señor, el Dios de sus padres.
No añadan ni quiten nada de lo que yo les ordeno. Observen los mandamientos del Señor, su Dios, tal como yo se los prescribo.
Obsérvenlos y pónganlos en práctica, porque así serán sabios y prudentes a los ojos de los pueblos, que al oir todas estas leyes, dirán: “¡Realmente es un pueblo sabio y prudente esta gran nación!”.
¿Existe acaso una nación tan grande que tenga sus dioses cerca de ella, como el Señor, nuestro Dios, está cerca de nosotros siempre que lo invocamos?.
¿Y qué gran nación tiene preceptos y costumbres tan justas como esta Ley que hoy promulgo en presencia de ustedes?.

Salmo 15(14),2-3a.3cd-4ab.4-5.

El que procede rectamente y practica la justicia;
el que dice la verdad de corazón
y no calumnia con su lengua. El que no hace mal a su prójimo
ni agravia a su vecino,

el que no estima a quien Dios reprueba
y honra a los que temen al Señor.
El que no se retracta de lo que juró,
aunque salga perjudicado;

El que no presta su dinero a usura
ni acepta soborno contra el inocente.
El que procede así, nunca vacilará.

Epístola de Santiago 1,17-18.21b-22.27.

Todo lo que es bueno y perfecto es un don de lo alto y desciende del Padre de los astros luminosos, en quien no hay cambio ni sombra de declinación.
El ha querido engendrarnos por su Palabra de verdad, para que seamos como las primicias de su creación.
Dejen de lado, entonces, toda impureza y todo resto de maldad, y reciban con docilidad la Palabra sembrada en ustedes, que es capaz de salvarlos.
Pongan en práctica la Palabra y no se contenten sólo con oírla, de manera que se engañen a ustedes mismos.
La religiosidad pura y sin mancha delante de Dios, nuestro Padre, consiste en ocuparse de los huérfanos y de las viudas cuando están necesitados, y en no contaminarse con el mundo.

Evangelio según San Marcos 7,1-8.14-15.21-23.

Los fariseos con algunos escribas llegados de Jerusalén se acercaron a Jesús,
y vieron que algunos de sus discípulos comían con las manos impuras, es decir, sin lavar.
Los fariseos, en efecto, y los judíos en general, no comen sin lavarse antes cuidadosamente las manos, siguiendo la tradición de sus antepasados;
y al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones. Además, hay muchas otras prácticas, a las que están aferrados por tradición, como el lavado de los vasos, de las jarras y de la vajilla de bronce.
Entonces los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: “¿Por qué tus discípulos no proceden de acuerdo con la tradición de nuestros antepasados, sino que comen con las manos impuras?”.
El les respondió: “¡Hipócritas! Bien profetizó de ustedes Isaías, en el pasaje de la Escritura que dice: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí.
En vano me rinde culto: las doctrinas que enseñan no son sino preceptos humanos.
Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, por seguir la tradición de los hombres”.
Y Jesús, llamando otra vez a la gente, les dijo: “Escúchenme todos y entiéndanlo bien.
Ninguna cosa externa que entra en el hombre puede mancharlo; lo que lo hace impuro es aquello que sale del hombre.
Porque es del interior, del corazón de los hombres, de donde provienen las malas intenciones, las fornicaciones, los robos, los homicidios,
los adulterios, la avaricia, la maldad, los engaños, las deshonestidades, la envidia, la difamación, el orgullo, el desatino.
Todas estas cosas malas proceden del interior y son las que manchan al hombre”

Volvemos al evangelio de Marcos después de que en todo el mes de agosto hemos estado reflexionando sobre la multiplicación de los panes y de los peces y el discurso del Pan de Vida en Cafarnaúm del evangelio de san Juan. Continuamos leyendo desde donde quedamos a finales del mes de julio.

Cuestionando sobre ritos y costumbres…

El capítulo 7 del evangelio de Marcos recoge enseñanzas sobre un tema que cuestiona la religión de todos los tiempos  y de todos los pueblos: la ley de Dios y su cumplimiento y cómo a los preceptos esenciales se les añaden otros que no tienen que ver nada con el origen de lo mandado.

Medidas de higiene y salud que son importantísimas, pues lavarse las manos antes de las comidas y lavar bien la vajilla que se usa en las comidas, etc. es algo muy necesario para la salud; como es muy importante el descanso semanal impuesto por la ley de Moisés, el sábado para el ser humano. Sin embargo, se pasa de lavarse las manos como algo esencial, en una religiosidad vaciada de contenidos válidos, que le hace decir a Jesús:

Este pueblo me honra con los labios pero su corazón está muy lejos de mí. En vano me dan culto, enseñando doctrinas que son preceptos humanos (Mc 7,8; cf. Is 29, 13).

Bondad de todo lo creado:

Todas las cosas son creadas por Dios o en  Dios tienen su origen y son buenas según el plan del Creador y usadas según ese plan. Eran buenas, leemos en el cuidado texto del relato de la creación en el Génesis; afirmación de Dios mismo sobre lo creado en que cada día que termina se dice que había visto Dios lo que había hecho y era bueno y, más aún, el día sexto en que creó al hombre y a la mujer dice literalmente: Vio Dios todo lo que había hecho, y era muy bueno (Gen 1,31). Entonces las cosas no pueden ser impuras ni volver impuro a nadie. Lo que llega a contaminar al ser humano es el pecado que rompe la relación filial con Dios y la relación fraterna con el otro.

Es, por lo tanto, en el interior del ser humano en donde se engendra la maldad y que hace que se piensen, deseen y se hagan  malas acciones.

¿Qué son, entonces, los mandamientos de Dios y de la Iglesia?

Leemos una parte de la lectura primera de hoy, del libro del Deuteronomio, libro de la Ley: Miren: yo les ensenó los mandatos y decretos, como me mandó el Señor, mi Dios, para que los cumplan en la tierra donde van a entrar para tomar posesión de ella. Obsérvenlos y cúmplanlos, pues esa es su sabiduría e inteligencia a los ojos de los pueblos, los cuales, cuando tengan noticia de estos mandatos, dirán: “Ciertamente es un pueblo sabio e inteligente esta gran nación” (Dt 4, 5-6).

Comprometernos con la ley:

Es Jesús el que  nos enseña en el sermón del monte a actuar con sabiduría: El que escucha estas palabras mías y las pone en práctica se parece a aquel hombre prudente, que  edificó su casa sobre roca. Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos  y descargaron contra la casa; pero no se hundió, porque estaba cimentada sobre roca (Mt 7, 24-25). Todo lo contrario sucede al necio que no tiene en cuenta las enseñanzas de Jesús: Cayó la lluvia, se desbordaron los ríos, soplaron los vientos y rompieron contra la casa y se derrumbó (Mt 7, 27).

Vivir desde la Palabra  de Dios, cumpliendo sus manda-mientos y los de la Iglesia a quien ha dado la autoridad:

La Palabra de Dios, si le damos lugar en nuestro corazón, nos enseña a invocar al Señor y a ver al prójimo como a Dios mismo en persona. Nos hace ver que debemos actuar de forma coherente en todo: en el pensar, en el desear y en el obrar, todo amasado en el amor que es el principal mandamiento tanto referente a Dios como al prójimo y que se encuentra en rodos los demás mandamientos.

Contando siempre con la oración:

Parta caminar siempre en los mandamientos de Dios hay que estar en constante comunicación con Dios y eso es la verdadera oración.

Terminamos invocando al buen Dios: Tú estás junto a nosotros, Señor, Dios nuestro, cada vez que te invocamos (cf. Dt 4,70

Fray José Jiménez de Jubera Rubio

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