DOMINGO XXII DEL TIEMPO ORDINARIO Ciclo “A, 31 de agosto

Escrito en 31/08/2014 por Rita de Casia en Reflexiones Dominicales

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temor de dios
 Jeremías 20, 7-9: Me sedujiste y me dejé seducir…
 Salmo 62, 2-9: Mi alma está sedienta de ti, Señor, Dios mío.
 Romanos 12,1-2: Os exhorto, humanos, por la misericordia de Dios, a presentar vuestros cuerpos como hostia viva, santa y agradable a Dios.
 Mateo 16, 21-23: … tendrá que ser ejecutado y al tercer día resucitó.

El temor de Dios:
Sí, el temor de Dios es uno de los magníficos dones del Espíritu Santo y que no hay que confundirlo con el miedo a Dios (del que tanto se predica, poniéndonos a un Dios severísimo).
Me inventé esta historia para distinguir yo mismo y ayudar a explicar la diferencia entre el temor y el miedo a Dios. Dos niños, alumnos de una misma escuela y sección, reciben del profesor sus exámenes escritos con sus notas respectivas. Suspendidos ambos. Los dos se explayan en un abundante lamento con lágrimas incluidas. ¿Por qué lloran ambos? Uno lo hace porque en cuanto llegue a casa y su padre vea la nota, va recibir un tremendo castigo físico; el otro lo hace porque en cuanto llegue a casa su padre va recibir el examen y va a exclamar con voz quejumbrosa: ¡Para esto nos preocupamos tanto de ti tu madre y yo! He ahí en el primer caso el miedo, que poco consigue; en el segundo es un temor reverencial que ayuda mucho.

Jesús vive sin miedo:
Aunque sufre por la suerte de los demás, pues es muy sensible ante el sufrimiento humano; acepta con valentía la voluntad de Padre, que no le va a ser nada fácil cumplirla, y pondrá siempre por delante al Padre: no se haga mi voluntad sino la tuya. Tampoco quiere que le pongan “obstáculos” en el cumplimiento de su misión. A Pedro, cuando quiere con su amor no certero, que Jesús salve a los hombres por otro camino, Jesús le dirá que es “diablo”: tentador y obstáculo para él: Quítate de mi vista, Satanás, eres piedra de tropiezo para mí, porque tú piensas como los hombres, no como Dios (Mt 16,23).

La fuerza del amor:
El profeta Jeremías experimentó el amor de Dios, de él gozó y el amor llenó totalmente al profeta. En medio de las grandes dificultades por las que pasó, nunca se sintió defraudado por Dios. Para los autores bíblicos el profeta Jeremías es el personaje del Antiguo Testamento que más se acerca a la figura de Jesús Redentor. En el centro de todo está el amor de Dios del que el profeta consigue una deducción única: Me sedujiste, Señor, y me dejé seducir; has sido más fuerte que yo, y me has podido (Jr 20,7).
Poique el amor es mi peso, dice san Agustín, y es como la ley de la gravedad que me arrastra hacia el centro. El que ha experimentado el amor, ya siempre irá hacia él; quizás desviadamente porque ha ido buscando por caminos erróneos, pero siempre en búsqueda del amor, porque Dios es amor (1Jn 4,8) y, ponemos el conocido texto de Agustín: Nos hiciste, Señor, para ti y nuestro corazón está inquieto hasta que descanse en ti. Parodiando el texto: Nos hiciste, Señor, para vivir en el amor y andamos inquietos en la búsqueda del verdadero amor. Desde esta perspectiva de la seducción del amor, adquiere una enorme fuerza la siguiente frase tan conocida de Agustín: ¡Tarde te amé, hermosura tan antigua y tan nueva! ¡Tarde te amé!

Nunca es tarde si la dicha es buena:
En la parábola de los jornaleros llamados a trabajar a la viña a distintas horas (Mt 20,1-16), todos reciben la misma paga – un denario – . El comportamiento del dueño es criticado, pero Jesús recalca que no lo hace por purgar un jornal, sino que es dar lo suficiente para que todos ellos puedan vivir. Dios se nos da todo, porque es amor.
En mi adolescencia echaba cuentas matemáticas sobre cuánto me llegaba a mi proporcionalmente de la muerte redentora de Cristo. Dolores terribles, muerte atroz… pero dividida en miles de millones de hombre, ¿cuánto me llegaba? El camino de la fe y sobre todo el del amor me ha ido descubriendo el modo tan idiota de pensar por mi parte, Dios se da a todos y a cada uno totalmente. Y nos descubre el camino de la felicidad que va llegando tarde en la porque nos cuesta descubrir el camino del amor y más aún vivirlo sin egoísmos. La dicha tarda… pero al buscador le llega.
Tras las huellas del Maestro:
El discípulo es el que sigue al Maestro y, siendo Jesús el único Maestro, no está en saber más que él ni en adelantarnos a él, sino en seguir día a día sus huellas y aquí nos da pie para comprender la cruz que debemos tomar cada día, que nos ha dicho Jesús en el evangelio de hoy: es hacerlo todo con Jesús: sin mí no podéis hacer nada (Jn 15,4). Él nos lleva la cruz.

Todo en un amor concreto:
El ser discípulo de Jesús trasforma nuestras vidas y nos hace constructores de una nueva humanidad en el amor, que está por encima de lo que buscan lo constructores de la sociedad civil aun los más conspicuos con el famoso lema: igualdad, libertad y fraternidad.
Y ese mundo que busca, y que no encuentra, nos pide a los creyentes en Cristo la fraternidad basada en el auténtico amor, como afirman que las comunidades cristianas los de fuera de ellas: ¡Mirad cómo se aman!
Señor, Jesús, llevo en mí grabada la impronta de tu amor que tú la pusiste al crearme y más fija aún la pusiste en mi consagración bautismal, que viva ese amor que está en mí y que mi vida sea seducida por ti como al profeta:
Me sedujiste, Señor y me dejé seducir; me forzaste y me pudiste.

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