DOMINGO XIX DEL TIEMPO ORDINARIO, ciclo “A” , 13 de agosto del 2017

Escrito en 13/08/2017 por Rita de Casia en Reflexiones Dominicales

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  Ciclo “A”                                                                                                                                      

El viento

No sabemos ni de dónde viene ni a dónde va y lo percibimos de distintas maneras: frío, caliente, impetuoso, suave… El viento es en cierto modo protagonista de la primera lectura de hoy y del evangelio.

Textos bíblicos

  • 1Reyes 19, 9ª.11-13a: Se oyó un ligero susurro…
  • Salmo 84, 914: Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.
  • Romanos 9, 1-5: me agobia la tristeza y profundo dolor me tortura sin cesar mi corazón.
  • Mateo 14, 22-33 Subió al monte para orar a solas. La barca estaba ya muy lejos de tierra y las olas la azotaban con violencia.

Comentarios bíblicos

  1. dar conocimientos sobre este tema; es algo que hay que buscarlo. He estudiado mucho sobre Dios y la teología que se ha ido creando en torno a él, puedo decir que lo que me ayuda hoy a vivir en mi situación concreta es la experiencia vivida con Dios.
      1. Nuestro Dios no es violento, aunque leamos en el Antiguo Testamento pasajes en que lo ponen como guerrero. Porque la paciencia (paciencia tiene su origen en la palabra paz). Es fruto de la libertad. Tanto el crearnos libres como el ejercer nosotros la libertad, es un acto de tolerancia, llamémosle con sus letras AMOR. Esa serenidad que Jesús nos muestra ante el gobernador Pilato: Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuera de este mundo, mi guardia había luchado para que no caiga en manos de los judíos (Jn 18,36). Siempre me admiro de la paz, serenidad, tolerancia… que Jesús muestra en el juicio ante Pilato. Quizás Elías  pensaba que Dios se le iba a mostrar poderoso, terrible… pero se muestra en un suave susurro.
      2. San Pablo en la carta a los romanos muestra la preocupación que tiene por la salvación de todos los hombres, pero especialmente por el pueblo judío. Sobre ello dice: un profundo dolor tortura sin cesar mi corazón y añade hasta dónde puede llegar por la salvación de su pueblo: Con gusto aceptaría convertirme en maldito de mediación, si eso constituye el bien de mis hermanos. Es que el amor vence imposibles. Yo escuché lo que una madre en el hospital decía al médico que le indicaba que tenía que morir ella, pero al hijo lo iban a salvar. Con serenidad que me dejó pasmado dijo: Mi hijo no es mi hijo, viene de Dios a través de mi amado esposo y yo quiero que viva. Si él vive y yo muero, estaré viviendo yo en él…
      • Un evangelio en este domingo con interesantes connotaciones. Vemos a Jesús con la gente, que la despide con ternura, que a los apóstoles los manda pasar a la otra parte del lago y él se va solo a un monte a orar, la barca azotada por las olas… Me detengo en lo siguiente:
        1. Hay momentos en los que estamos obligados a detenernos en nuestras actividades, de recogernos en nosotros mismos y allí encontramos al buen Dios que nos espera… Jesús deja a la gente, seguramente que le pedirían estar más con ellos, se separa de sus discípulos… en un lugar tranquilo, el monte, entra en comunicación con su Padre, Dios… es orar. Estamos llamados a trasformar el mundo, ¿cómo hacerlo si no nos llenamos de Dios? Jesús nos dice que debemos ser sal de la tierra y luz del mundo (cf. Mt 7, 13-14).
        2. Una frase que fue muy usada por los jóvenes: cargar pilas. Jesús en la soledad de la oración carga pilas para poder después actuar según la voluntad de su Padre.
        3. No estamos solos. Todo hombre es mi hermano, yo no puedo ser indiferente ante él. No sé quien dijo esta frase, pero la tengo en la mente. Jesús sabe de las dificultades de sus discípulos y va a su encuentro…
        4. El impetuoso Pedro nos es una vez más de ejemplo: confía en Jesús y anda sobre las aguas; le alcanza el miedo por las olas y el viento y desconfía… y se hunde.
        5. Termina el relato con la confesión de los discípulos sobre Jesús: es el Hijo de Dios.

Dos temas teológicos esenciales

    • La fe: Hay dos escenas diametralmente opuestas. En una Pedro confía en las palabras de Jesús y camina sobre las aguas; en la segunda, comienza a pensar como hombre y teme a los vientos y las olas y se hunde… ¡Qué débil es tu fe! ¿Por qué has dudado? ¿Cómo sustento mi fe en Dios? A Dios se le busca a veces por miedo, para que me salve mágicamente de mis preocupaciones: a veces se le deja también por miedo. No puedo
  • La afirmación de fe de los discípulos: Verdaderamente tú eres el Hijo de Dios. Quizás basemos nuestra fe en ir a misa, rezar el rosario, devociones a algunos santos… Si antes he hablado de la experiencia de Dios como algo fundamental, es importante que estemos en lo alto del monte a solas con Él. Es una fe productiva. El que escucha estas palabras y las pone en práctica se parece a aquel hombre que edificó su casa sobre roca (Mt 7,24).

El Dios de cada día

No es que quiera poner a Dios como algo rebajado a nuestra vida diaria, como un objeto más de ella, lo que quiero exponer es la necesidad de contar en todo con él, ya que debemos contar en todo con su gracia. Nos llevará a lo que insisto siempre: el amor. Ya que Dios es amor con El estaremos siempre amando… ¿Cómo me amo a mí mismo? ¿Cómo y en qué amo a los demás?

Es también estar en permanente escucha de Dios, que puede manifestarse en cualquier sitio y en cualquier situación. Es fácil en este mundo de voces diversas, que pase desapercibido. Puede manifestarse en el susurro de un viento suave, en un viento fuerte, en la tempestad. De ahí la necesidad de estar solos para encontrarse con Dios.

Oración

Señor,                                                                                                                                              

 recibo todo lo que soy de ti,                                                                         

solamente los pecados son míos.

Que aprenda a vivir con lo que recibo de Dios                                                              

con mi familia, compañeros de trabajo, vecinos, amistades…                                                

para que estén participando de tu bondad, buen Dios.

Quiero escuchar tu voz siempre,                                                                                   

que me fortalezca y así no me desanime,                                                                       

que no me  pase como a Pedro: confiar, después desconfiar, hundirme.                                         

En ti confío siempre,                                                                                             

para superar toda falsedad y egoísmo

P. José Jimenez de Jubera

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