XIV del Tiempo Ordinario: Mc 6,1-6 ” No desprecian a un profeta más que en su tierra”

Escrito en 08/07/2012 por Rita de Casia en Reflexiones Dominicales

Salmo 122 A ti levanto mis ojos VIDEO

Lectura de la Profecia de Ezequiel 2,2 – 5

Lectura de la segunda carta del apóstol san Pablo a los Corintios 12,7-10

Lectura del santo Evangelio según san Marcos 6,1 -6

Salió Jesús de allí y vino a su tierra, y le seguían sus discípulos.

2 Y llegado el día de reposo (aquí equivale a sábado) comenzó a enseñar en la sinagoga; y muchos, oyéndole, se admiraban, y decían: ¿De dónde tiene éste estas cosas? ¿Y qué sabiduría es esta que le es dada, y esos milagros que por sus manos son hechos?

3 ¿No es este el carpintero, hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Judas y de Simón? ¿No están también, aquí con nosotros sus hermanas? Y se escandalizaban de él

4 Más Jesús les decía: No hay profeta sin honra sino en su propia tierra (Jn. 4.44) y entre sus parientes, y en su casa.

5 Y no pudo hacer allí ningún milagro, salvo que sanó a unos pocos enfermos, poniendo sobre ellos las manos.

6 Y estaba asombrado de la incredulidad de ellos. Y recorría las aldeas de alrededor, enseñando.

Palabra del Señor

Reflexión:

Sabrán que hubo un profeta en medio de ellos (Ez2, 5).

¡Qué impresionante pensamiento encierra esta breve frase! Podrá el pueblo de Israel justificar lo que quiera de su vida y de su historia, podrá buscar razones para explicar la historia a su antojo, afirmando, por ejemplo, que  los buenos tiempos  se dieron porque Dios los ayuda y los malos de hoy porque Dios los había abandonado, querrán echar la culpa a sus antepasados que no supieron practicar el bien y la justicia y ellos pagan las consecuencias. Pero lo que no podrán negar es que Dios no los ha abandonado, les ha enviado profetas a los que ellos no les han hecho caso y que, además, no los trataron nada bien. De ahí la fuerza que tiene la frase del profeta Ezequiel: Sabrán que hubo un profeta en medio de ellos.

La verdad no está encadenada:

Esto nos lleva a afirmar con san Pablo que la verdad no está encadenada. Podrán los hombres ir por donde quieran y hacer lo que les venga en gana, pero la verdad estará ahí, por encima de ellos porque alguien la sembró. Podremos hacer o no lo que Cristo ensenó; podremos creer o no creer que Él es el Hijo de Dios… podremos… pensar muchas cosas, pero tendremos que ser sinceros y no caer en la trampa de hacer lo que nos guste, lo que nos satisfaga, lo que nos haga crecer humanamente… porque sí, porque esto es caer en  la moda del relativismo moral, tan dañino pata todos pero tan del gusto de la mayor parte de mujeres y hombres de hoy.

Valores absolutos o valores relativos:

Es lo que se cuestiona hoy. La Iglesia ensenó y enseña que hay principios universales (leyes naturales, principios universales, la conciencia…) y el origen está en Dios que lo ha puesto en la naturaleza de todos los hombres. Por eso, para los cristianos Dios es la fuente última de la moralidad…

Para muchos y en los tiempos actuales más que nunca, la moralidad no está basada en  ninguna norma absoluta, más bien, es un conjunto de “verdades” que dependen de la situación en que uno se encuentra, de la cultura, de los sentimientos de cada uno, etc.

¿Qué decir a los relativistas?

En nuestro lenguaje común buscamos valores que sirvan a todos, no unos para los cultos, otros para los ignorantes; unos para los ricos, otros para los pobres, unos para los hombres, otros para las mujeres… Tenemos palabras que expresan valores y las aplicamos a todos, tales como “correcto”, “incorrecto”, “deber”, “mejor”, “justo”, “injusto”… Existen, pues, valores que trascienden la persona concreta y obligan al conjunto de la sociedad.

Los partidarios del relativismo arguyenLos tiempos cambian, debe cambiar también la moralidad. Esto es como dice el dicho coger al rábano por las hojas…Parece que hay muchos cambios, pero en fondo, sobre todo en el de la intención, sigue el mismo. Por ejemplo, en la infidelidad de los esposos dirán que hay que verla desde otro punto de vista que décadas atrás, pues las situaciones cambian, las posibilidades son más frecuentes… Jesús, dice en el evangelio de san Mateo, no depende del exterior, se da en fondo del corazón, donde está el primer adulterio… Antes del adulterio físico, está el adulterio del corazón.

Otros hablan de la tolerancia para justificar el relativismo:

La tolerancia auténtica no es saber aguantar a todo lo malo o lo erróneo… la tolerancia tiene que ver  más con las personas que con los hechos. Es distinguir entre el pecado y el pecador, como lo ensenó Jesús.   

Es saber respetar a las demás personas en su entorno, es decir en su forma de pensar, de ver las cosas, de sentir y es también saber discernir en forma cordial en lo que uno no está de acuerdo; es el respeto a la igualdad sin distinciones, es aceptarse los  unos a los otros como somos y hacerlo sin reparos; por último, es el  respeto y la consideración hacia las creencias y opiniones de los demás. Todo lo que venimos diciendo como tolerancia no tiene que ver con el relativismo, sino con la caridad que todos lo aguanta, todo lo soporta (1Cor 13), caridad que adquiere su pleno sentido en su origen que es Dios, dador de todo bien.

Volvemos al principio: Sabrán que hubo un profeta en medio de ellos. Sabrán que hay verdades y valores universales que no podemos cambiar, que cada uno no puede hacer lo que quiere.

Oremos:

Oh Padre,  queremos darte gracias porque nos muestras el camino de por medio de hombres y mujeres de fe, como a nuestros padres les diste profetas guardianes de tu nombre y de tu alianza.

Gracias porque nos enviaste a Jesús, tu Hijo, que acogía a todos, a los pobres, a los humildes, a los marginados de la sociedad por su miseria o enfermedad, y a los pecadores… Él eligió para fundar su Iglesia a doce hombres rudos pero a los que fue inculcándoles con sumo afecto una profunda fe… Y en la fragilidad de la barca de Pedro caminamos hoy, dándonos testigos de la verdad, que no faltan, aunque el mundo se empeñe en desacreditarlos por todos los medios y formas desde el Papa hasta el humilde sacerdote.

Que no nos falten testigos, hombres y mujeres santos, sabios en la oración y en el amor, que sean nuestros maestros y seamos dóciles a sus ensenabas. Amén

Fray José Jiménez  de Jubera Rubio

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