Domingo V del Tiempo Ordinario,Ciclo B, Curación de la suegra de Pedro (Mc 1,29-39)

Escrito en 05/02/2012 por Rita de Casia en Reflexiones Dominicales

Lecturas:

Lectura del libro de Job 7, 1-4. 6-7
Job habló diciendo:
¿No es una servidumbre la vida del hombre sobre la tierra?
¿No son sus jornadas las de un asalariado? Como un esclavo que suspira por la sombra, como un asalariado que espera su jornal, así me han tocado en herencia meses vacíos, me han sido asignadas noches de dolor.
Al acostarme, pienso: «¿Cuándo me levantaré?» Pero la noche se hace muy larga
y soy presa de la inquietud hasta la aurora. Mis días corrieron más veloces que una lanzadera: al terminarse el hilo, llegaron a su fin.
Recuerda que mi vida es un soplo y que mis ojos no verán más la felicidad.
Palabra de Dios.

Salmo Responsorial 146, 1-6
R. Alaben al Señor, que sana a los afligidos.
O bien: Aleluia.

¡Qué bueno es cantar a nuestro Dios,
qué agradable y merecida es su alabanza!
El Señor reconstruye a Jerusalén
y congrega a los dispersos de Israel. R.

Sana a los que están afligidos
y les venda las heridas.
Él cuenta el número de las estrellas
y llama a cada una por su nombre. R.

Nuestro Señor es grande y poderoso,
su inteligencia no tiene medida.
El Señor eleva a los oprimidos
y humilla a los malvados hasta el polvo. R.

Lectura de la primera carta del Apóstol san Pablo a los cristianos de Corinto 9, 16-19. 22-23
Hermanos:
Si anuncio el Evangelio, no lo hago para gloriarme: al contrario, es para mí una necesidad imperiosa. ¡Ay de mí si no predicara el Evangelio!
Si yo realizara esta tarea por iniciativa propia, merecería ser recompensado, pero si lo hago por necesidad, quiere decir que se me ha confiado una misión.
¿Cuál es, entonces, mi recompensa? Predicar gratuitamente el Evangelio, renunciando al derecho que esa Buena Noticia me confiere.
En efecto, siendo libre, me hice esclavo de todos, para ganar al mayor número posible. Y me hice débil con los débiles, para ganar a los débiles. Me hice todo para todos, para ganar por lo menos a algunos, a cualquier precio.
Y todo esto, por amor a la Buena Noticia, a fin de poder participar de sus bienes.
Palabra de Dios.

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 1, 29-39
Jesús fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron de inmediato. Él se acercó, la tomó de la mano y la hizo levantar. Entonces ella no tuvo más fiebre y se puso a servirlos.
Al atardecer, después de ponerse el sol, le llevaron a todos los enfermos y endemoniados, y la ciudad entera se reunió delante de la puerta. Jesús sanó a muchos enfermos, que sufrían de diversos males, y expulsó a muchos demonios; pero a éstos no los dejaba hablar, porque sabían quién era Él.
Por la mañana, antes que amaneciera, Jesús se levantó, salió y fue a un lugar desierto; allí estuvo orando.
Simón salió a buscarlo con sus compañeros, y cuando lo encontraron, le dijeron: «Todos te andan buscando».
Él les respondió: «Vayamos a otra parte, a predicar también en las poblaciones vecinas, porque para eso he salido».
Y fue por toda la Galilea, predicando en las sinagogas de ellos y expulsando demonios.
Palabra del Señor.

Homilía

El problema de los problemas: Dios

Todo el mal que existe en el mundo y lo hay en abundancia, no en el mundo en sí, sino en los hombres y mujeres de toda raza y condición  que lo cometen, se ha cuestionado profundamente.  Algunos por este camino llegar a negar que Dios exista o si, existe,  estaría jugando con los hombres.  Porque –dicen – si es Todopoderoso por qué permite   o da, según los casos, enfermedades, catástrofes, muertes… Concluyen afirmando que  Dios no existe, o no se interesa por nosotros, o se da una casualidad detrás de otra,  que niega cualquier decisión del ser humano.

En el Antiguo Testamento el dolor, el sufrimiento, de pobreza… o cualquier otra desgracia eran desgracia producto del pecado y sus consecuencias hasta de los mismos padres, como preguntan a Jesús sus discípulos ante el ciego de nacimiento:   Maestro, ¿por que nació ciego este hombre? ¿Fue un pecado de él o de sus padres? Jesús respondió: La cusa de su ceguera no ha sido ni un pecado de él ni de sus padres (Jn 9,2-3).  Eso describe la mentalidad expresada en los amigos de Job, a lo que él se opone.

Una mirada de fe: Job se niega a concebir a Dios siguiendo la lógica del pensamiento humano, de la racionalidad que habla de méritos, un Dios premiador o castigador jugueteando con los hombres. Dios no puede ser así y, por eso, no lo es (siempre tenemos que hablar de lo que no es Dios). Job pide a Dios que se le revele, que anuncie su presencia en medio de la oscuridad que vivimos. No le pide que le explique por qué le suceden tantas calamidades juntas, porque esto está fuera de su poder de comprensión, sino que ilumine  a todos hasta a sus amigos que muy cómodos en su situación y demasiado críticos y sin compasión con Job del que dicen ser sus amigos y que desean lo mejor para él.  

Job quiere luz, que la noche espiritual se acabe. Y es lo que nos muestra Cristo. Las curaciones de Jesús son signos de algo  más profundo: la curación espiritual; los milagros de Jesús sobre el mal y las enfermedades son presencia del Dios de bondad en nosotros.

Sin recompensa:

¿Por qué Dios no me ayuda si voy a misa todos los domingos, que me confieso con frecuencia, que trato de hacer el bien a los demás…?  ¿Por qué he perdido el trabajo? ¿Por qué he suspendido en mis estudios? ¿Por qué me ha abandonado mi esposa, mi esposa? ¿Por qué se han separado mis padres dejándome solo?

En la carta de san Pablo hemos escuchado: ¿Dónde está mi recompensa? Está en que anunciando el Evangelio, lo hago gratuitamente no haciendo valer mis derechos por la evangelización (1Cor 9,18). San Pablo es consciente de la gracia de su conversión a Cristo ha descubierto el verdadero amor y su recompensa es servir = devolver el amor recibido de Dios en los hermanos.

La suegra de Pedro:    

El evangelio proclamado nos lleva a la vida cotidiana de Jesús. Él está en el hogar, en la sinagoga, busca lugares apartados para orar, atiende a la gente y llega a hacerlo con gran ternura y paciencia, es el amor hecho consuelo, atención, alegría, comunión… La mujer está enferma, no puede participar en la comunidad, está marginada… es curada: la fiebre desapareció y les servía.   

La compasión:

No entendemos viene esta realidad tan hermosa y cristiana. Un hermano me refería este testimonio de su vida: Frecuentemente daba ayuda a necesitados en la calle… Les dio algunas monedas, pero no les miro a los ojos, nunca me sentaba a su lado, nunca les he hablado… Creía que el dinero sustituía a ni atención personal y seguía contento mi camino… Llegó un momento en mi vida que examine profundamente cómo era mi seguimiento a Jesús, cómo lo imitaba… cómo era prójimo = el más cercano al que sufría, al que necesitaba ayuda. Y me descubrió Jesús el camino de estar callado al lado del enfermo… Ya no me escandalizo del otro, comparto sus penas, comprendo el dolor, sufro con él… Siento amor, tengo paz.    

P. José Jiménez de Jubera

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