Domingo IV del Tiempo Ordinario B; Enseñaba con autoridad, Mc1,21 – 28

Escrito en 29/01/2012 por Rita de Casia en Reflexiones Dominicales

 

El Poder de tu Palabra ( VIDEO )

Lecturas:

 Dt. 18, 15-20 (Dios Anuncia que enviará un profeta) ; Sal 94, 1-2.6-7.8-9 (Ojalá escuchen hoy su voz); I Cor 7, 32-35 ( libres de preocupaciones para anunciar el Evangelio); Mc 1,21-28

 

El Señor tu Dios hará surgir un profeta como yo, de entre los tuyos, de entre tus hermanos. A él lo escucharán. Son palabras de Moisés al pueblo de Israel cuando se despedía de ellos  e indicándoles que el Dios liberador estaba con ellos y no los dejaría de su mano. Dios envió profetas a lo largo de la historia del Pueblo Elegido  y a los que este pueblo no supo o no quiso responder. No fueron escuchados, maltratados, vivieron en la incomprensión y hasta perseguidos y algunos llegaron a morir perseguidos. También hubo falsos profetas…

El pueblo de Israel esperaba a ese Profeta único, prometido por Moisés ¿Cuándo llegaría? La respuesta la encontramos en el relato evangélico: Aparece Jesús, cura, predica el reino de Dios, perdona los pecados, hace ver a ciegos, oír a los sordos… y las autoridades religiosas no quieren escucharlo, hablan de patrañas por parte de Jesús, que si lo hace todo por el poder del Príncipe de los demonios, que si es pecador y por eso come con ellos, que acoge a las mujeres, se deja tocar por personas “impuras”… cura en sábado…A este personaje que anda fuera del camino establecido, como dicen en política, al margen del “statu quo”, ¿a quién se le va a ocurrir decir en serio que es un profeta? Pues hay en la sinagoga un hombre que tenía un espíritu inmundo y él es el que grita: Sé quién eres: el Santo de Dios

El santo de Israel:

Con la llegada de Jesús se completa el proyecto de Dios sobre la humanidad: Él es el gran profeta, y más que profeta, porque es el Hijo de Dios, que se ha hecho verdadero hombre, sin dejar de ser Dios. Así lo proclama el inicio de la carta a los Hebreos: Muchas veces y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros antepasados por medio de los profetas, ahora en este momento final nos ha hablado por medio del Hijo, a quien constituyó heredero de todas las cosas y por quien hizo también el universo (Hb 1, 1-2). Así que Cristo viene a ser el profeta anunciado por Moisés.

Los profetas:

En el Antiguo Testamento los profetas desempeñaron un papel muy importante, el serlo respondía a una llamada personal de Dios, que encomendaba al que elegía una misión especial, fundamentalmente ser mensajeros de su Palabra para el pueblo y guardianes de que se cumpliese. Al desaparecer del mando del estado palestino la dinastía de David, el profetismo también desaparece. Y es una queja y una muestra en algunos escritos de que Dios los ha abandonado.

Con Juan el Bautista se inicia el profetismo que ya podríamos llamar “cristiano”, pues Juan está en función de preparar la llegada del Mesías, el gran profeta. Jesús ya no es el profeta, es mucho más, es la misma Palabra de  Dios hecha carne nuestra, veredero hombre y verdadero Dios, el puente perfecto para unirnos a todos con Dios.  Por eso es tenido en bastantes pasajes evangélicos como el Profeta por excelencia, con una misión especial de redimirnos y que le llevó hasta entregarse a la muerte por amor.

Todos somos sacerdotes, reyes y profetas por el bautismo:

Partamos de este hermoso texto de la primera carta de san Pedro: también ustedes mismos, como piedras vivas, van construyendo un templo espiritual  dedicado a un sacerdocio consagrado para ofrecer, por medio de Jesucristo, sacrificios agradables a Dios (1Pd 2, 5). Esta triple misión vemos como la asumen con mucha responsabilidad las primeras comunidades cristianas, ellos son levadura, sal y luz para los miembros de la comunidad, y también son enviados a anunciar a Cristo y su evangelio en otros lugares. Eran predicadores ambulantes que imitaban la radicalidad de la vida de Jesús e iban visitando las comunidades. Nos faltaron falsos profetas.

El poder de Dios en el amor:

Un hombre que tenía un espíritu inmundo… Se encontraba en la sinagoga, en aquel lugar de culto tan importante para la religión judía de entonces, alabando seguramente a Dios. Quizás era tenido como un modelo de asistencia puntual a aquella reunión sabatina. La presencia de Jesús trae inquietud…  parece que sus palabras le llegaron a lo más profundo de su ser y tiene que descubrirse en lo más íntimo de  su ser: proclamar que Jesús es el Mesías. Esto lo sana porque Jesús está al servicio del amor.

También hoy sigue actuando el poder de Jesús para reducir al silencio a los que buscan el mal, para liberar a los oprimidos, para darnos libertad…  Actúa sí directamente, pero más lo hace a través de los demás, que somos portadores del aceite del amor, que suaviza odios y rencores, que profundicemos en construir el Reino de Jesús con su Palabra… Y para eso nosotros debemos ser profetas, ponernos en escucha de Dios y llevar lo que escuchamos a los demás. ¿Cómo?

De muchas formas y maneras: colaborando en las funciones de la comunidad, en la celebración de la misa, lector, etc., integrándome en un grupo cristiano y trabajar pastoralmente en él, trabajos sencillos aparentemente como en nuestra parroquia ser mensajero, llevando el boletín parroquial a las familias…

Haz, Señor, que escuchemos tu voz. Y la vivamos y la llevemos a nuestros hermanos de corazón con amor

P. José Jimenez

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