Domingo IV de Pascua” El Buen Pastor da la viada por sus ovejas”Jn 10,11-18

Escrito en 29/04/2012 por Rita de Casia en Reflexiones Dominicales

 

Donde Dios te llama VIDEO

El papa Benedicto XVI ha enviado su mensaje anual sobre la Jornada Mundial de las Vocaciones. Es importante desde el mismo título central del mensaje: Las vocaciones don de la caridad de Dios.

“La fuente de todo don perfecto es Dios Amor – Dios es caridad -: quien permanece en el amor permanece en Dios y Dios en él (1 Jn 4,16). La Sagrada Escritura narra la historia de este vínculo originario entre Dios y la humanidad, que precede a la misma creación. San Pablo, escribiendo a los cristianos de la ciudad de Éfeso, eleva un himno de gratitud y alabanza al Padre, el cual con infinita benevolencia dispone a lo largo de los siglos la realización de su plan universal de salvación, que es un designio de amor. En el Hijo Jesús –afirma el Apóstol– nos eligió antes de la fundación del mundo para que fuésemos santos e irreprochables ante Él por el amor (Ef 1,4). Somos amados por Dios incluso antes de venir a la existencia. Movido exclusivamente por su amor incondicional, él nos creó de la nada (cf. 2M 7,28) para llevarnos a la plena comunión con Él”.

“Se trata de un amor sin reservas que nos precede, nos sostiene y nos llama durante el camino de la vida y tiene su raíz en la absoluta gratuidad de Dios. Refiriéndose en concreto al ministerio sacerdotal, el beato Juan Pablo II, afirmaba que todo gesto ministerial, a la vez que lleva a amar y servir a la Iglesia, ayuda a madurar cada vez más en el amor y en el servicio a Jesucristo, Cabeza, Pastor y Esposo de la Iglesia; en un amor que se configura siempre como respuesta al amor precedente, libre y gratuito, de Dios en Cristo (Exhortó. ap. Pastores daba bobis, 25). En efecto, toda vocación específica nace de la iniciativa de Dios; es don de la caridad de Dios. Él es quien da el primer paso y no como consecuencia de una bondad particular que encuentra en nosotros, sino en virtud de la presencia de su mismo amor derramado en nuestros corazones por el Espíritu (Rm 5,5).

“En todo momento, en el origen de la llamada divina está la iniciativa del amor infinito de Dios, que se manifiesta plenamente en Jesucristo. Como escribí en mi primera encíclica Deus caritas esta, de hecho, Dios es visible de muchas maneras. En la historia de amor que nos narra la Biblia, Él sale a nuestro encuentro, trata de atraernos, llegando hasta la Última Cena, hasta el Corazón traspasado en la cruz, hasta las apariciones del Resucitado y las grandes obras mediante las que Él, por la acción de los Apóstoles, ha guiado el caminar de la Iglesia naciente. El Señor tampoco ha estado ausente en la historia sucesiva de la Iglesia: siempre viene a nuestro encuentro a través de los hombres en los que Él se refleja; mediante su Palabra, en los Sacramentos, especialmente la Eucaristía (n. 17).

“El amor de Dios permanece para siempre, es fiel a sí mismo, a la palabra dada por mil generaciones (Sal 105,8). Es preciso por tanto volver a anunciar, especialmente a las nuevas generaciones, la belleza cautivadora de ese amor divino, que precede y acompaña: es el resorte secreto, es la motivación que nunca falla, ni siquiera en las circunstancias más difíciles”.

“Queridos hermanos y hermanas, tenemos que abrir nuestra vida a este amor; cada día Jesucristo nos llama a la perfección del amor del Padre (cf. Mt 5,48). La grandeza de la vida cristiana consiste en efecto en amar como lo hace Dios; se trata de un amor que se manifiesta en el don total de sí mismo fiel y fecundo. San Juan de la Cruz, respondiendo a la priora del monasterio de Segovia, apenada por la dramática situación en la que se encontraba el santo con prohibición de celebrar misa entre otras cosas, el santo la invita a actuar de acuerdo con Dios: No piense otra cosa sino que todo lo ordena Dios. Y donde no hay amor, ponga amor, y sacará amor  (Epistolario, 26)”.

“Queridos Hermanos en el episcopado, queridos presbíteros, diáconos, consagrados y consagradas, catequistas, agentes de pastoral y todos los que os dedicáis a la educación de las nuevas generaciones, os exhorto con viva solicitud a prestar atención a todos los que en las comunidades parroquiales, las asociaciones y los movimientos advierten la manifestación de los signos de una llamada al sacerdocio o a una especial consagración. Es importante que se creen en la Iglesia las condiciones favorables para que puedan aflorar tantos “”, en respuesta generosa a la llamada del amor de Dios”.

“Será tarea de la pastoral vocacional ofrecer puntos de orientación para un camino fructífero. Un elemento central debe ser el amor a la Palabra de Dios, a través de una creciente familiaridad con la Sagrada Escritura y una oración personal y comunitaria atenta y constante, para ser capaces de sentir la llamada divina en medio de tantas voces que llenan la vida diaria. Pero, sobre todo, que la Eucaristía sea el centro vital de todo camino vocacional: es aquí donde el amor de Dios nos toca en el sacrificio de Cristo, expresión perfecta del amor, y es aquí donde aprendemos una y otra vez a vivir la gran medida del amor de Dios. Palabra, oración y Eucaristía son el tesoro precioso para comprender la belleza de una vida totalmente gastada por el Reino”.

“Deseo que las Iglesias locales, en todos sus estamentos, sean un lugar de discernimiento atento y de profunda verificación vocacional, ofreciendo a los jóvenes un sabio y vigoroso acompañamiento espiritual. De esta manera, la comunidad cristiana se convierte ella misma en manifestación de la caridad de Dios que custodia en sí toda llamada. Esa dinámica, que responde a las instancias del mandamiento nuevo de Jesús, se puede llevar a cabo de manera elocuente y singular en las familias cristianas, cuyo amor es expresión del amor de Cristo que se entregó a sí mismo por su Iglesia (cf. Ef 5,32). En las familias, «comunidad de vida y de amor» (Gaudium et spes, 48), las nuevas generaciones pueden tener una admirable experiencia de este amor oblativo. Ellas, efectivamente, no sólo son el lugar privilegiado de la formación humana y cristiana, sino que pueden convertirse en el primer y mejor seminario de la vocación a la vida de consagración al Reino de Dios (Exhortó. ap. Familiaris consortio,53), haciendo descubrir, precisamente en el seno del hogar, la belleza e importancia del sacerdocio y de la vida consagrada. Los pastores y todos los fieles laicos han de colaborar siempre para que en la Iglesia se multipliquen esas casas y escuelas de comunión siguiendo el modelo de la Sagrada Familia de Nazaret, reflejo armonioso en la tierra de la vida de la Santísima Trinidad”.

“Con estos deseos, imparto de corazón la Bendición Apostólica a vosotros, Venerables Hermanos en el episcopado, a los sacerdotes, a los diáconos, a los religiosos, a las religiosas y a todos los fieles laicos, en particular a los jóvenes que con corazón dócil se ponen a la escucha de la voz de Dios, dispuestos a acogerla con adhesión generosa y fiel”.

Estos son unos cuantos puntos del mensaje del santo Padre Benedicto XVI con motivo de esta Jornada Mundial por las Vocaciones.

Se nos pide: tomar conciencia de que las vocaciones sacerdotes y de trabajos especiales en la Iglesia, religiosos así como laicos comprometidos en labores especificas, y eso nos lleva a una oración constante para que nazcan y surjan vocaciones y para su perseverancia. También se nos pide hoy la ayuda económica con la colecta especial que hoy se realiza.

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