Domingo IV de Cuaresma Jn3, 14 – 21

Escrito en 19/03/2012 por Rita de Casia en Reflexiones Dominicales

 TANTO AMÓ DIOS AL MUNDO  VIDEO

MONICION ENTRADA :

Dios nos ama a pesar de nuestros pecados. Acerquémonos a Él este domingo, a nuestro Padre, rico en misericordia, que envió a su único Hijo para salvarnos.

MONICION PRIMERA LECTURA :

Dios actúa y habla a su pueblo, llamándolo siempre a ser fiel, aun en medio de la desobediencia y el  pecado, pues si Él es exigente, también es misericordioso

 

LECTURA DEL SEGUNDO LIBRO DE LAS CRÓNICAS 36, 14-16. 19-23

En aquellos días, todos los jefes de los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, según las costumbres abominables de los gentiles, y mancharon la casa del Señor, que él se había construido en Jerusalén. El Señor, Dios de sus padres, les envió desde el principio avisos por medio de sus mensajeros, porque tenía compasión de su pueblo y de su morada. Pero ellos se burlaron de los mensajeros de Dios, despreciaron sus palabras y se mofaron de sus profetas, hasta que subió la ira del Señor contra su pueblo a tal punto que ya no hubo remedio.

Los caldeos incendiaron la casa de Dios y derribaron las murallas de Jerusalén; pegaron fuego a todos sus palacios y destruyeron todos sus objetos preciosos. Y a los que escaparon de la espada los llevaron cautivos a Babilonia, donde fueron esclavos del rey y de sus hijos hasta la llegada del reino de los persas; para que se cumpliera lo que dijo Dios por boca del profeta Jeremías:

— Hasta que el país haya pagado sus sábados, descansará todos los días de la desolación, hasta que se cumplan los setenta años.

En el año primero de Ciro, rey de Persia, en cumplimiento de la palabra del Señor, por boca de Jeremías, movió el Señor el espíritu de Ciro, rey de Persia, que mandó publicar de palabra y por escrito en todo su reino:

— Así habla Ciro, rey de Persia: El Señor, el Dios de los cielos, me ha dado todos los reinos de la tierra. Él me ha encargado que le edifique una casa en Jerusalén, en Judá. Quien de entre vosotros pertenezca a su pueblo, ¡sea su Dios con él, y suba!

Palabra de Dios.

SALMO RESPONSORIAL

SALMO 136

R.- “Que no me olvide de ti, Señor.”

Junto a los canales de Babilonia

nos sentamos a llorar con nostalgia de Sión;

en los sauces de sus orillas

colgábamos nuestras cítaras. R.-

Allí los que nos deportaron nos invitaban a cantar;

nuestros opresores, a divertirlos:

«Cantadnos un cantar de Sión.» R.-

¡Cómo cantar un cántico del Señor

en tierra extranjera!

Si me olvido de ti, Jerusalén,

que se me paralice la mano derecha. R.-

Que se me pegue la lengua al paladar

si no me acuerdo de ti,

si no pongo a Jerusalén

en la cumbre e mis alegrías. R.-

MONICION SEGUNDA LECTURA :  La carta a lo efesios nos pide acoger la gracia y la salvación que Dios nos ofrece en su Hijo Jesús que se entregó para salvarnos del pecado, la ignorancia y el sin sentido.

LECTURA DE LA CARTA DEL APÓSTOL SAN PABLO A LOS EFESIOS 2, 4-10

Hermanos:

Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo –por pura gracia estáis salvados–, nos ha resucitado con Cristo Jesús y nos ha sentado en el cielo con Él. Así muestra en todos los tiempos la inmensa riqueza de su gracia, su bondad para con nosotros en Cristo Jesús. Porque estáis salvados por su gracia y mediante la fe. Y no se debe a vosotros, sino que es un don de Dios; y tampoco se debe a las obras, para que nadie pueda presumir. Somos, pues, obra suya. Dios nos ha creado en Cristo Jesús, para que nos dediquemos a las buenas obras, que él nos asignó para que las practicásemos.

Palabra de Dios.

ACLAMACIÓN Jn 3, 16

Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único. Todos los que creen en Él tienen vida eterna.

EVANGELIO

 LECTURA DEL SANTO EVANGELIO SEGÚN SAN JUAN 3, 14- 21

En aquel tiempo, dijo Jesús a Nicodemo:

— Lo mismo que Moisés elevó la serpiente en el desierto, así tiene que ser elevado el Hijo del hombre, para que todo el que cree en él tenga vida eterna. Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna. Porque Dios no mandó su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en él no será condenado; el que no cree ya está condenado, porque no ha creído en el nombre del Hijo único de Dios. El juicio consiste en esto: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra perversamente detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras. En cambio, el que realiza la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios.

Palabra del Señor

HOMILIA 

La frase que más me llena de la Biblia es la que hemos escuchado proclamar en el evangelio de hoy: Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo único para que no perezca ninguno de los que creen en él, sino que tengan vida eterna (Jn 3,16). Darnos el Padre a su Hijo es como darnos algo de sí mismo, darse él mismo. Y hay un verbo que magnifica esta entrega: entregó. Esto incluye muchísimo: primero hace que asuma nuestra condición humana, que incluye todas nuestras limitaciones y pecados, se hizo en todo semejante a nosotros menos en el pecado, dirá san Pablo. En esa igualdad a nosotros asume nuestras miserias y pecados que le llevará a ser entregado al sanedrín que los maldecirán en nombre de Dios, lo entregarán a los pagamos en la persona del gobernador romano Pilato (tremenda infamia ser entregado a los gentiles) y será entregado a la cruz como el más indeseado  criminal: maldito el que cuelgue de un madero, leemos en el Antiguo Testamento.

¡Ojalá escuchen hoy su voz! No endurezcan su corazón como el día de Mará en el desierto, cuando me tentaron sus antepasados… Son las palabras fuertes del salmo 95, 7-8.  Porque, ese amor maravilloso de Dios en Cristo Jesús, entregado a la muerte de cruz para redimirnos, exige respuesta. Porque si no, nos va a pasar lo expresado en la lectura del segundo libro de las Crónicas que hemos escuchado: todos los jefes de los sacerdotes y el pueblo multiplicaban sus infidelidades, según la costumbre de los paganos (2Cro 36,14). A pesar de los avisos del Dios, como reconoce el mismo pasaje: Dios les envió desde el principio avisos por medio de sus mensajeros, porque tenía compasión de su pueblo (2Cro 36,14). Desobedientes, caprichosos… Dios los dejó a la corriente de sus propios caprichos y aquel pueblo que había llegado a constituir una nación significativa en el medio oriente, por medio de la opresión de los imperios asirio, babilónico, griego y romano… les hará desaparecer como pueblo y el mismo templo se quedará en una nada total.

En la plenitud de los tiempos… Sí, llegada la plenitud de los tiempos  Dios, rico en misericordia, por el gran amor con que nos amó, estando nosotros muertos por los pecados, nos ha hecho vivir con Cristo (Ef 2,4). Les cito otro pasaje de san Pablo y es de la carta a los Gálatas: Y la prueba de que ustedes son hijos es que Dios envió a nuestros corazones el Espíritu de su Hijo que grita: ¡Abba!, es decir, ¡Padre! De modo que ya no eres siervo, sino hijo y como hijo, también heredero de la gracia de Dios (Gal 4,6-7).  

Todo es don de Dios:

No podemos conseguir por nuestras propias fuerzas  la gracia bautismal ni la perseverancia en ella, sino que es un don de Dios (Ef 2,8). Nuestra vida es corresponder a las iniciativas de Dios para nuestra santificación y la de los demás, siendo sal y fermento de una sociedad nueva. Así, pues, yo el prisionero por amor al Señor – dice san Pablo – les ruego que, como corresponde a la vocación a la que han sido llamados, se comporten con gran humildad, amabilidad, y paciencia, aceptándose mutuamente con amor. Preocupándose de conservar, mediante el vínculo de la paz, la unidad que es fruto del Espíritu. Uno solo es el cuerpo y uno solo el Espíritu, como también es una la esperanza que encierra la vocación a la que han sido llamados; un solo Señor, una fe,  un bautismo, un Dios que es Padre de todos, que está sobre todos, actúa en todos y habita en todos (Ef 1,4-6).

Respondiendo al amor:

¡Dios nos ha amado tanto; Dios nos sigue amando tanto! Dios en su amor infinito: ¡nos ha dado tanto, nos sigue ayudando tanto! ¡Nos acompaña con tantas gracias! ¿Cuál es nuestra respuesta? Mejor no hablo en plural, debo expresarme mejor: ¿Cuál es mi respuesta? Pues soy amigo de ver la mota en el ojo ajeno y no ver la gran viga en el mío, capaz de comenzar a hablar de obligaciones que tienen que realizar todos los que me rodean, pero yo tranquilo, sin mover un dedo para hacer lo que predico o ayudar a los demás a cumplir lo que predico. ¡Eso no! Es puro fariseísmo.

Vamos a fijarnos en Nicodemo:

Era un hombre que creía en los signos y en el poder de Jesús. Un intelectual que reconocía a Jesús como Mesías, pero… aunque abierto a la luz, estaba en la noche, porque no estaba seguro de su verdad, quería ver, quería dialogar con Jesús y, por eso, Jesús le presenta otro signo: el de la cruz. Jesús le invita a dejar su sabiduría y su pensamiento judío sobre la ley, el templo y nacer de nuevo. Para Nicodemo imposible nacer físicamente otra vez, pero Jesús le hablaba de nacer en el Espíritu. “Subir al cielo y quedarse” es el verdadero triunfo visible de Jesús. El cielo no es ni un lugar, ni un espacio, sino la vida de Jesús capaz de acercar el proyecto amoroso de Dios al hombre, por eso es prototipo de hombre. Jesús, Dios y hombre simultáneamente, muestran la capacidad de ser hombre, de entregarse a sí mismo y revelar la gloria de Dios, conferir la vida y el amor, rubricándolo en la cruz como expresión máxima de la efusión del amor, de la manifestación del Espíritu. El levantado = el crucificado: visibiliza la vida, de él brota  y no de la ley. Es el Hijo único de Dios, del Padre que como Abraham es capaz de desprenderse de él. En su misión no discrimina a nadie, es luz y vida para toda la humanidad, sin privilegios.

Desde una realidad nueva:

El amor y la luz cubren e iluminan a todos y su permanencia es duradera en el mundo, pero el hombre ve o no ve el resplandor de su vida y su mirada puede irse hacia las tinieblas que sofocan la vida. Y es ahí cuando al levantado = el crucificado hay que aceptarlo o rechazarlo. De ahí que para el evangelista Juan el hombre se va juzgando según actúa, ante el ofrecimiento de Jesús. En cada momento opto por la vida o la muerte, por el bien o por el mal. Viendo las obras que realizo, puedo captar mi situación ante el Dios de la vida y de la relación con mis hermanos. He ahí la realidad.

P. José Jiménez de Jubera

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