Domingo III de cuaresma: Expulsión de los Mercaderes del templo (Jn 2,13 -25)

Escrito en 12/03/2012 por Rita de Casia en Reflexiones Dominicales
 
 
 
 
  MONICION ENTRADA: El camino para la conversión pasa en este domingo de Cuaresma por el acercamiento al nuevo templo de Dios: Cristo muerto y Resucitado que habita en cada uno de nosotros.

MONICION PRIMERA LECTURA : El Éxodo nos narra el momento de la promulgación de la Alianza con los diez Mandamientos, donde Dios se compromete y nosotros también a ser fieles en el amor con Él.

Lectura del libro del Éxodo (20,1-17):

En aquellos días, el Señor pronunció las siguientes palabras: «Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de Egipto, de la esclavitud. No tendrás otros dioses frente a mí. No te harás ídolos, figura alguna de lo que hay arriba en el cielo, abajo en la tierra o en el agua debajo de la tierra. No te postrarás ante ellos, ni les darás culto; porque yo, el Señor, tu Dios, soy un dios celoso: castigo el pecado de los padres en los hijos, nietos y bisnietos, cuando me aborrecen. Pero actúo con piedad por mil generaciones cuando me aman y guardan mis preceptos. No pronunciarás el nombre del Señor, tu Dios, en falso. Porque no dejará el Señor impune a quien pronuncie su nombre en falso. Fíjate en el sábado para santificarlo. Durante seis días trabaja y haz tus tareas, pero el día séptimo es un día de descanso, dedicado al Señor, tu Dios: no harás trabajo alguno, ni tú, ni tu hijo, ni tu hija, ni tu esclavo, ni tu esclava, ni tu ganado, ni el forastero que viva en tus ciudades. Porque en seis días hizo el Señor el cielo, la tierra y el mar y lo que hay en ellos. Y el séptimo día descansó: por eso bendijo el Señor el sábado y lo santificó. Honra a tu padre y a tu madre: así prolongarás tus días en la tierra que el Señor, tu Dios, te va a dar. No matarás. No cometerás adulterio. No robarás. No darás testimonio falso contra tu prójimo. No codiciarás los bienes de tu prójimo; no codiciarás la mujer de tu prójimo, ni su esclavo, ni su esclava, ni su buey, ni su asno, ni nada que sea de él.»

Palabra de Dios

 
Sal 18,8.9.10.11

R/. Señor, tú tienes palabras de vida eterna

La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor
es fiel e instruye al ignorante. R/.

Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos. R/.

La voluntad del Señor
es pura y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos.R/.

Más preciosos que el oro,
más que el oro fino;
más dulces que la miel
de un panal que destila.R/.

SEGUNDA LECTURA :  La fuerza y la sabiduría del cristianismo es anunciar a Cristo puesto en Cruz, a un mundo superficial, hedonista y soberbio, para el cual, ese signo es escandaloso.

Lectura de la primera carta del apóstol san Pablo a los Corintios (1,22-25):

Los judíos exigen signos, los griegos buscan sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para lo judíos, necedad para los gentiles; pero, para los llamados –judíos o griegos–, un Mesías que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios. Pues lo necio de Dios es más sabio que los hombres; y lo débil de Dios es más fuerte que los hombres.

Palabra de Dios

EVANGELIO

                Lectura del santo evangelio según san Juan (2,13-25):   

Se acercaba la Pascua de los judíos, y Jesús subió a Jerusalén. Y encontró en el templo a los vendedores de bueyes, ovejas y palomas, y a los cambistas sentados; y, haciendo un azote de cordeles, los echó a todos del templo, ovejas y bueyes; y a los cambistas les esparció las monedas y les volcó las mesas; y a los que vendían palomas les dijo: «Quitad esto de aquí; no convirtáis en un mercado la casa de mi Padre.»
Sus discípulos se acordaron de lo que está escrito: «El celo de tu casa me devora.»
Entonces intervinieron los judíos y le preguntaron: «¿Qué signos nos muestras para obrar así?»
Jesús contestó: «Destruid este templo, y en tres días lo levantaré.»
Los judíos replicaron: «Cuarenta y seis años ha costado construir este templo, ¿y tú lo vas a levantar en tres días?»
Pero él hablaba del templo de su cuerpo. Y, cuando resucitó de entre los muertos, los discípulos se acordaron de que lo había dicho, y dieron fe a la Escritura y a la palabra que había dicho Jesús.
Mientras estaba en Jerusalén por las fiestas de Pascua, muchos creyeron en su nombre, viendo los signos que hacía; pero Jesús no se confiaba con ellos, porque los conocía a todos y no necesitaba el testimonio de nadie sobre un hombre, porque él sabía lo que hay dentro de cada hombre.

Palabra del Señor

Homilía

Yo soy el Señor:

Así, recurriendo a la gramática ponemos “el Señor”, con articulo determinado, porque es el único, no un señor cualquiera, y por eso, también, escrito con mayúscula. Un nombre claro y preciso. Ya que según el diccionario de la real academia de la lengua, por antonomasia, el único Señor es Dios, Señor de señores. Que Jesús es “el Señor de señores” lo muestra claramente en el hecho que realiza de la expulsión de los mercaderes del templo y en la frase: no conviertan en un mercado la casa de mi Padre

Un signo que no entienden:

Después de la expulsión de los mercaderes del templo, los judíos se acercan a Jesús y le preguntan: ¿Qué signos nos muestras para obrar así?  Jesús le contestó: Destruyan este templo, y en tres días yo lo levantaré. No lo entienden porque ellos no se dan cuenta que hablaba de su cuerpo, como tampoco lo entienden los discípulos, que lo entenderán cuando resucite. La fe abrirá los ojos de los discípulos para entender y comprender la muerte, la pasión y la resurrección de Jesús.

¿Qué exigimos nosotros?

Lo plantea muy bien san Pablo en la lectura de la carta primera a los Corintios que hemos escuchado: Mientras los judíos exigen milagros, los griegos hablan de sabiduría; nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, locura para los paganos; pero, para los que Dios ha llamado – sean judíos o griegos -. Cristo es fuerza de Dios y sabiduría de Dios (1Cor 1,22). 

La Alianza:

Lo fundamental es cómo vivimos nuestra fe, que es lo que nos pide la lectura del libro del Éxodo. En este libro se hallan cuatro capítulos a los que los especialistas denominan El Código de la Alianza. No nos es fácil a nosotros entender una alianza de Dios con un pueblo concreto. Pero sí lo vivió el pueblo de Israel, pues llegaron a pasar de ser unas tribus nómadas a constituirse en un solo pueblo, con un Dios propio, que se hacía presente en medio del pueblo constantemente y mostraba su favor en tiempos especiales. Un Dios de vivos, no de muertos, de esa realidad era bien consciente Jesús cuando dice: El Dios de Jacob, el Dios de Isaac, el Dios de Jacob… Dios de vivos. Los patriarcas no han muerto, siguen siendo parte del pueblo de Dios. 

Un Dios que toma la iniciativa:

Dios es quien toma la iniciativa de la salvación: Ustedes han visto lo que he hecho con los egipcios… y les he traído a mí. A partir de su oferta, siempre a favor del pueblo, luego pide la colaboración libre: Si me obedecen… serán mi propiedad personal… Dios es amor y el amor jamás se impone. Es siempre propuesta gratuita, dulce, amable e insistente que reclama nuestro asentimiento. Dios no puede imponer su amor. Siempre nos lo solicita, nos lo pide y reclama durante toda la vida y a través de los acontecimientos y circunstancias personales. La muerte de Jesús en la cruz es la más explícita y contundente explicación de este principio. Lo entiende así Jesús en la conversación con Nicodemo: Tanto amó Dios al mundo que le entregó a su Hijo Primogénito para que todo el que cree en El no muera, sino que tenga vida eterna (Jn 3,16).

Una realidad que nos compromete:

La Alianza – no nos detenemos para no alargarnos – conlleva una serie de compromisos por parte de Dios y por parte del pueblo que realiza la Alianza. Se manifiesta sobre todo en la fidelidad en el obrar y, por eso, dentro del mismo núcleo del Código de la Alianza están las diez palabras, como denomina el Antiguo Testamento a lo que nosotros conocemos como los diez mandamientos.

La aceptación o rechazo de  estas palabras equivale a la fidelidad o al adulterio (así denominan los profetas el hecho de no cumplir la alianza: adulterio, porque se rompe la fidelidad buscando otros dioses).

¿Para qué la Alianza?

Dios la estableció en Israel para conseguir en el pueblo una auténtica convivencia. Un único Dios y un único pueblo.

Para nosotros, redimidos por Cristo, la Alianza está centrada en el mismo Cristo: Permanezcan unidos a mí, como yo lo estoy a ustedes. Ninguna rama puede producir fruto por sí misma, sin permanecer unida a la vid, y lo mismo les sucederá a ustedes, si no están unidos a mí (Jn 15, 4).

En Sus las diez palabras se han convertido en una: amar. No pensemos que vamos a construir signo mejor en nuestras vidas que el del amor. Cuentan los historiadores que los que veían el comportamiento de las primeras comunidades cristianas, admirados, exclamaban: ¡Miren cómo se aman!

 

VISITA, Jesús,  nuestra comunidad y extirpa en ella cuando aparezca algo de codicia, de rivalidad, de enfrentamiento… Que brille siempre el amor.

Danos la fuerza para escuchar atentamente tu Palabra y vivirla. Amén

P. José

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