DOMINGO III DE ADVIENTO “Los ciegos ven, los cojos andan…y los pobres reciben la Buena Noticia”. 15/12/2013

Escrito en 16/12/2013 por Rita de Casia en Reflexiones Dominicales

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v Isaías  35,1-6ª.10: Se despegarán los ojos del ciego, la lengua del mudo cantará.

v Salmo 145,6-10: Ven, Señor, a salvarnos.

v Santiago 5,7-10: Manteneos firmes porque la venida del Señor está cerca.

v Mateo 11,2-11: ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?

 

Desorientados:

Cuando me pongo a dar vueltas a la situación que nos ha tocado vivir y, sobre todo, cuando observo y constato la actitud de la mayoría de las personas, me impresiona cómo piensan en un mañana en que la suerte les cambie, que les caiga la lotería (ese hecho les parece que puede ser la solución de todos sus problemas, o sea, la economía) o, a veces,   buscar la solución de otra manera: dándole  vueltas al pasado, de tal manera que parece querer hacer cierto el dicho: todo tiempo pasado fue mejor.

¿Qué sucede con estas actitudes? Que huimos del presente y  se nos escapa el tiempo sin hacer algo de provecho. Estos pensamientos me han venido a la mente al leer la pregunta que hacen los discípulos de Juan el Bautista a Jesús: ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro? Y Jesús, al responderles, les coloca en el presente, en lo que está sucediendo: los ciegos ven, los cojos andan…y los pobres reciben la Buena Noticia.

 

Jesús, el Mesías, llega y llegará; hoy está entre nosotros:

Sí. Los profetas anunciaban la venida del Mesías como juez, que haría justicia contra los pueblos que habían ido oprimiendo a Israel; hasta aparecen textos con el matiz de venganza (es la visión predominante sobre el Mesías en los coetáneos de Jesús). Poco a poco aparece en los profetas otra característica, es la esencial, sobre el Mesías: el Hijo del hombre, redentor en la humildad y en la sencillez, en donde no cabe la venganza, sino en ayudar a superar las deferencias: no acabar con la caña cascada ni apagar la mecha vacilante.

La iglesia nos enseña con claridad  sobre esta doble venida de Jesús. La primera es hacerse Hijo del hombre en la humildad y sencillez, nacido de una mujer, María, en Belén y al Triunfador que tenemos que esperar victorioso  para poner todo en su lugar e inaugurar la nueva etapa de la historia: la eternidad. Los cielos nuevos y la nueva tierra, de que nos habla el Apocalipsis.

 

¿Cuándo será esa venida triunfal?

Hay que tener en cuanta al hablar de la segunda venida de Cristo, la primera. Diría, sé que con esto me mete en especulaciones teológicas, que para llegar a triunfar con Cristo Juez, hay que ser capaz de vivir a Cristo desde su nacimiento a su muerte en Cruz y su Triunfo. Hay que unirnos a él en todo. ¿Cómo vivir esto? La Carta de Santiago habla de una venida pronta: la venida del Señor está cerca. Es lo que vivía la primera comunidad cristiana, como lo sentía san Pablo, quien en sus primeros escritos nos habla de esa inminente venida de Cristo y que, en escritos posteriores, ya no le interesa ese tema, sino trabajar día a día por construir ya aquí las primicias del Reino futuro.

 

Revisar nuestra fe:

Ya hemos dicho que en la primera comunidad cristiana se veía muy cercana la llegada de Cristo Jesús como Juez, que llevó a algunos a no querer preocuparse para nada de las cosas  de aquí y hasta no querer trabajar.  En esa mentalidad era lógico que se recalcase más en la vida cristiana la conversión y la penitencia.

Y a nosotros, ¿qué se nos pide? Hay que tomar actitudes nuevas para tiempos nuevos; porque hoy parecemos en algunos aspectos a los niños, ya que queremos que se nos dé todo inmediatamente. Vivimos una generación que quiere tener todo cómodamente, así no quieren tener hijos los esposos por el sacrificio que exigen; hay jóvenes que  no quieren trabajar en lo que se les ofrece, porque ellos quieren elegir; es buscar en todo y a como dé lugar el placer rápido e inmediato.  En todo ello lo que menos tiene cabida es la virtud de la espera, que es necesaria, como el labrador que aguarda paciente el fruto venidero… Tened paciencia también vosotros.

 

La espera:

No es una espera pasiva la de Adviento, como que ya llegará y no se hace nada; es una espera activa, la del que espera recibir con ganas y trabajar  en ello, ve con ilusión lo sembrado y observa cómo  crece y, por eso, abona, cuida… Es una espera que se hace Esperanza como virtud teologal, porque se sustenta en la virtud de la Fe: en un Dios fiel y que exige las obras de la virtud de la Caridad. Nuestras obras nos muestran cómo creemos en la segunda venida de Cristo y en cómo la vivimos en una espera hecha Fe, Esperanza y Caridad.

 

 

¿Cómo vivir todo esto en vísperas de Navidad?

La Iglesia, tan buena pedagoga, nos hace rezar en las misas en este tiempo litúrgico a Dios Padre esta bella oración:

 

Tú nos has ocultado el día y la hora                                                                                  

 en que Cristo, tu Hijo,

Señor y Juez de la historia ,aparecerá,

revestido de poder y de gloria,                                                            

sobre las nubes del cielo.                                                                                        

El mismo Señor que se nos revelará entonces lleno de gloria,                           

viene ahora a nuestro encuentro                                                                         

en cada hombre y en cada acontecimiento ,                                                                   

para que lo vivamos en  la fe                                                                                                                   

y por el amor demos testimonio                                                                       

de la espera dichosa de su reino.

(Prefacio III de Adviento)

Fray José Jiménez de Jubera

 

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