DOMINGO II DEL TIEMPO ORDINARIO: Maestro, ¿dónde vives?

Escrito en 17/01/2015 por Rita de Casia en Reflexiones Dominicales

                                                             

v 1 Samuel 3, 3b-10.19: Habla, Señor, que tu siervo escucha.

v Salmo 39, 2.4.7-10: Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad.

v 1 Corintios  6,13c-15ª.17-30: No os poseéis en propiedad, porque se os ha comprado con precio por vosotros.   

v Juan 1,35-42: ¿Qué buscáis? ¿Dónde vives?

 

¿Quién soy?

Hace un tiempo escuché  esta historia, que  trasmito fiándome de mi memoria. Me gustó. Cierto señor entabló causalmente una conversación con una señora y le preguntó: ¿Quién eres?  Respondió: Me llamo Clara López. El señor le dijo: No te he preguntado cómo te llamas, sino quién eres. La señora dijo: Soy costurera. Otra vez el señor: No te he preguntado en qué trabajas, sino quién eres. La señora muy confusa dijo: Soy casada y tengo tres hijos.  A lo que el señor insistió: No te he preguntado sobre tu familia, sino quién eres. He olvidado el final de la historia, aunque no sé si la tenía, pues encuentro que el final lo debemos poner cada uno de nosotros:

 ¿Quién soy?

También pongo esta pregunta porque a eso me llevan las lecturas bíblicas de hoy, cómo vivo, a qué y a quién responde mi vida, porque  no se trata solo de vivir, sino de responder a lo que soy realmente.

Maestro, ¿dónde vives?

Es la pregunta que hacen a Jesús Andrés y Juan, discípulos de Juan el Bautista, de cuyos labios ellos escucharon estas palabras del Precursor: Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo (3,29.35). Son dos buscadores, han escuchado de Juan el Bautista como una invitación a buscar algo más en Jesús y ellos, insisto, besucadores,  van detrás de él.

¿Qué buscan?

Los dos discípulos no se atreven a decirle a Jesús porqué van detrás de él, y por eso le dicen: Rabí (que significa Maestro) ¿dónde vives?  Hasta donde alcanza mi memoria esta escena me ha acompañado siempre. Es una pregunta que para mí envuelve el interés de los dos discípulos por quién era Jesús y qué enseñaba, porque la vida es la mejor escuela para enseñar y para aprender; porque es más importante lo que la vida nos trasmite a través de los que la viven, que otras enseñanzas.  A cada uno de nosotros Jesús, el Maestro, nos invita: Venid y veréis.

 Sobra palabras, buscamos testimonios:

Muchos de los políticos que hasta han estado de moda, llegan a defraudar;  más aún cuando aparecen corruptos por todos lados. Son los que hacen que se ponga en práctica el dicho: Consejos vendo que para mí no tengo.

Cuando se descubren estas deplorables conductas, suele decirse: En esto tenía que acabar, ¡qué ritmo de vida llevaba! Así sucede también escuchamos algo parecido cuando una esposa es asesinada por su marido: Así tenía que llegar a suceder según los maltratos que le daba ese sinvergüenza.

En estos y en otros muchos casos  los ciudadanos, a bien, gracias, tan tranquilos antes de descubrirse las maldades. Disculpen mis lectores por ser quizás un poco soez, pero hasta maman de la teta de la corrupción y después son los primeros en gritar contra ella. Es urgente que la vida de los ciudadanos sea totalmente coherente, aún más cuando queremos ser discípulos de Jesús.

 El testimonio de vida:

La vida no engaña, pueden tardar en descubrirse las malas acciones, pero aparecerán a la luz.  De la vida de Jesús los dos discípulos que iban a Emaús desengañados por el final de su vida, le queda en la memoria su comportamiento: Lo de Jesús, el Nazareno, que fue un profeta poderoso en obras y en palabras, ante Dios y ante el pueblo (Lc 24,19).

Unidos a Jesús para obrar como él:

Pablo se pegunta en la segunda lectura que hemos escuchado: ¿No sabéis vuestros cuerpos son miembros de Cristo? (1Cor 3,16). El Apóstol aplica directamente esta expresión a la abominable fornicación  con mujeres que negocian con su cuerpo, que  hace llevar a Jesús a esta corrupción, como miembro suyo que es el que lo hace. Pues esto es posible sin forzar el texto aplicarlo a nuestra vida, pues por nuestro bautismo estamos unidos – debemos estarlo – a Cristo.

De ahí que volvamos otra vez a la misma pregunta, que nos une a Jesús: Maestreo, ¿dónde vives? Nos responderá que nos unamos a él y vivamos como él.

 Con espíritu pronto y decidido:

Es lo que nos muestra Samuel para ponerse a disposición de Dios: Habla, Señor, que tu siervo escucha (1Sm 7,10) Igualmente el salmo: Aquí estoy, Señor, para hacer tu voluntad (Sl 39,8-9).  Y esta disposición la podemos mantener porque el buen Dios nos ayuda con su gracia.

Si queremos ser felices no basta decir quiero, es ponerse en camino y ponernos a disposición de Dios, porque él nunca nos va  fallar.

 Oración:

Tomamos la oración colecta de la misa de este domingo: Dios todopoderoso… mira con amor al pueblo de tu Hijo, para que, cuantos hemos recibido un mismo bautismo, vivamos unidos por la misma fe y por el mismo amor. 

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