Domingo I de adviento, 27 de Noviembre

Escrito en 27/11/2011 por Rita de Casia en Reflexiones Dominicales

Adviento, Tiempo de    Espera VIDEO

Lecturas: 

Is.63,16 – 17. 19;64, 2 – 7 ; Sal  79, 2 -3. 15-16. 18 – 19; 1 Cor.1,3-9 ;       

Mc 13,33 – 37                                                                                                       

Adviento es para la iglesia el comienzo del año litúrgico y tiene el sentido de advenimiento. Litúrgicamente es el tiempo (cuatro domingos) en que la comunidad cristiana se prepara para el encuentro con el Señor que llega para salvarnos (es la Navidad) y que vendrá a pedirnos cuentas como juez (en la liturgia se recuerda de modo especial al terminar el año y el primer domingo de adviento).  Podemos pensar en el Adviento como en una espera, aunque hay dos formas de esperar, una en actitud pasiva, de tranquilidad, de comodidad y hasta de dejadez;  la otra en actitud activa: trabajando para que se haga efectiva esa espera.

Es ahí donde podemos encontrar sentido al relato evangélico de san Marcos: estén despiertos y vigilante: pues no saben ustedes cuándo llegará el momento (Mc 13, 33). Jesús dijo esa frase hablando con Pedro, Santiago, Juan y Andrés, los mismos con lo que Jesús abría su actividad de predicar el Reino según el evangelista Marcos al inicio de su vida pública. Y Jesús dijo: Lo que les digo a ustedes, se lo digo a todos. Ellos tres son los destinarios inmediatos, pero no los únicos. A nosotros nos llegan estas palabras lo mismo que a ellos: debemos tener una actitud de espera activa. Porque nuestra vida se desarrolla en un inicio que está en Dios y en un término que está igualmente en Dios. La historia humana no se agota en sí misma, sino que está en la Providencia divina.

Como quien oye llover… Nosotros cuando llueve enseguida nos damos cuenta y miramos, pensamos si llueve mucho o poco; pero en los lugares donde la lluvia es muy frecuente se cumple ese dicho: como quien oye llover… Y horas y horas de lluvia y aquellos moradores no le dan ni la mínima importancia.  Así es como muchos leen los textos bíblicos que llaman a la vigilancia, las llamadas de Adviento a la conversión, la llamada a construir con Cristo un mundo mejor… Quizás se interesen porque llega la navidad, porque hay regalos, paga extra, etc.

Ante una crisis económica y política mundial: Hoy en el mundo se espera algo muy concreto: que acabe la crisis económica, que está arrastrando situaciones políticas complicadas, hasta en nuestra propia nación en que cada vez se acentúan más los conflictos sociales. Pero, puedes preguntarte, ¿tiene algo que ver la crisis económica con el Adviento?  ¿Tiene que ver algo con Dios? Los profetas del Antiguo Testamento dirían, rápidamente, que sí. Ellos “miraban” la situación de la sociedad de su tiempo y la condición en que vivían los más desfavorecidos y enseguida “veían”  que eso no era bueno, que los planes de Dios no se cumplían… Textos de Isaías, de Amós y otros profetas son otras tantas llamadas a la justicia hoy igual que en aquel entonces. También hoy se ha basado nuestro vivir en la abundancia del tener más, en vez de ser más; por eso falla nuestra sociedad. Queremos que el mundo vuelva a la normalidad, ¿qué normalidad nos preguntarnos en cristiano queremos recuperar? ¿Para seguir teniendo más para gastar más, para seguir fabricando más pobres que mantengan la riqueza de los menos? Dicen que en muchas naciones la Navidad será más sobria que en años anteriores, ¿no será esto mejor, la sobriedad que malgastar?

Desde el amor: Porque Dios es Padre. Tú, Señor, eres nuestro padre, desde siempre te invocamos como ‘Nuestro Redentor” (Is 63,1b). Toda vigilancia, toda privación, toda apariencia de bien, sin amor, es nada.

Oración:

Ante la Navidad se nos invita a la vigilancia. Necesitamos vigilar nuestras decisiones, nuestras obras, nuestras relaciones… porque, aunque no queramos, nos descuidamos y nos encontramos en caminos desviados de los de Reino.

Con la crisis volvemos a valorar el pan como símbolo del esfuerzo necesario para la vida y el vino como signo de sacrificio y alegría compartida. Queremos hacer presentes al presentarlos en el altar a todos los que trabajan afanándose en solucionar problemas y saciar hambres.

Pero sobre todo te damos gracias, Jesús, porque nos permites preparamos para recibirte como el Hermano que viene a compartir nuestro camino.  Te reiteramos las gracias por las personas que llevan comida y alegría a tantos hermanos nuestros olvidados, por quienes hacen de su vida un regalo a las personas necesitadas.

Exponemos también nuestro deseo para que nos permitas sentir y vivir tu presencia en los acontecimientos del mundo, en las necesidades de los demás, en la tristeza de un vecino o en la preocupación de una madre.

Afina nuestra sensibilidad con una mirada nueva y un corazón nuevo marcados por tu amor, para así llenarnos y llenar el mundo de alegría, de paz, de perdón, y darnos como pan material y espiritual a todos.  

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