Setiembre: LA FAMILIA, DEFENSORA DE LA VIDA (Mensaje del párroco)

Escrito en 01/09/2014 por Rita de Casia en Mensajes del Párroco

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LA FAMILIA, DEFENSORA DE LA VIDA

imagesEl mes de Septiembre, llamado el mes de la familia, queremos en nuestra parroquia vivir de manera intensa el acompañamiento a las familias. En los documentos de la Iglesia leemos que la parroquia sea un lugar de encuentro en donde confluyan los diversos organismos y movimientos que trabajan a favor de las familias. Y es que en ella se viven los momentos más transcendentales del familia: vivencia de los sacramentos de iniciación cristiana, preparación y formación adecuada de los novios, especialmente de los que están próximos a casarse, de los matrimonios jóvenes, de los matrimonios de edad madura, la orientación y consejería de los matrimonios que viven alguna situación de conflicto, de las familias que viven en situación especial e irregular, de las viudas, de las madres solas, de la formación de adolescentes y jóvenes, de la educación en la sexualidad, de la promoción y defensa de la vida en todas sus etapas y de promover en todos los ámbitos la cultura de la vida.

Dentro de la brevedad que disponemos, queremos resaltar cuán importante es la familia. Le damos diferentes nombres: patrimonio de la humanidad, célula de la sociedad, iglesia doméstica, formadora de los valores humanos y cristianos, escuela de la fe, defensora de valores humanos y cívicos, hogar en el que la vida humana nace y se acoge generosa y responsablemente, el primer y principal camino de la Iglesia, el corazón de toda sociedad, la base sobre la que se construye la identidad, los principios y valores de las personas para alcanzar una madurez personal.

Es en el matrimonio “sacramento” donde la pareja humana es imagen de Dios. Marido y mujer son en efecto una carne sola, un solo corazón, una sola alma. Por el don del sacramento del matrimonio, Cristo confiere a los esposos una gracia que los une, que los cura y los santifica en su vida de amor. Pero hay más. Por el don del sacramento, Cristo los consagra como testigos de su propio amor para la Iglesia.

La vitalidad de la familia, Iglesia doméstica, depende de su coherencia sacramental que le asegura su apertura a Dios y su apertura apostólica. Una familia que no se abre a los demás es como agua estancada, origen de muchas enfermedades. Precisamos de familias que se presten para la nueva evangelización, que en principio será un gran bien para la misma familia y para la sociedad.

El Papa Francisco nos dice: “…reconozcamos lo bello, autentico y bueno que es formar una familia, ser familia hoy; lo indispensable que es esto para la vida del mundo, para el futuro de la humanidad”
Dios bendiga a nuestras familias
Fray Víctor García

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