Mes de octubre:Mes de la familia y del Señor de los Milagros

Escrito en 03/10/2012 por Rita de Casia en Mensajes del Párroco

Queridos hermanos:

Una de las preocupaciones de nuestra comunidad parroquial es apoyar a la familia, acoger movimientos, cuyo carisma sea trabajar y que desde aquí invitamos a que hermanos que están comprometidos en esa causa se ofrezcan para este ministerio.  Es una de las opciones por la que optó La conferencia Episcopal Latinoamericana y del Caribe en Aparecida(Brasil). Es la escuela irreemplazable para forjar auténticos valores.  La familia vive de buenas relaciones, de miradas positivas de unos a otros, de estima y de aliento recíprocos, de defensa y protección. Esto vale para toda familia, para las que viven una situación concreta de peligro y  para las que se encuentran en situaciones más seguras: los padres deben estar atentos a la vida de los hijos, protegerles de las insidias y los peligros. La satisfacción de unos padres es  después de haber acompañado a los hijos, alentarlos a  seguir  la vocación que hayan descubierto en la casa.

El segundo tema que nos ocupa es  honrar,  celebrar al Señor de los Milagros. Viene a ser “La cuaresma peruana”.  Es el mes en el  que somos convocados para hacer penitencia, para acogernos a la misericordia del Señor. Las calles se visten de morado para celebrar al Señor que tanto nos ama, que murió en la cruz por nosotros.  En la procesión nos unimos a La Virgen Madre y a San Juan con dolor pero con profunda gratitud y alegría por la salvación y la vida nueva otorgada.   Ese es el mayor de los milagros.

Vivir la espiritualidad de este mes  reclama hacer penitencia, que significa el cambio profundo de corazón bajo el influjo de la Palabra de Dios y en la perspectiva del Reino. Pero penitencia quiere también decir cambiar la vida en coherencia con el cambio de corazón, y en este sentido completa con el de dar frutos dignos de penitencia. A la gracia y misericordia de Dios unimos nuestros actos y gestos de penitencia. Viene a ser el mes en que al perdonarnos mutuamente, cicatrizamos nuestras heridas.

Y finalmente, nos fijamos en el año de la fe. El Papa, ante la superficialidad con que se vive en muchos casos la fe, busca que nos consolidemos, para que podamos “dar razón de nuestra esperanza a todo aquel que nos lo pidiera”. Pero una fe que se traduzca en obras, “porque la fe sin obras está muerta”.  La “puerta de la fe” se abre para todos. Entremos por ella.

Fr. Víctor García OAR, Párroco

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