Mensaje del mes de agosto

Escrito en 11/08/2017 por Rita de Casia en Mensajes del Párroco

caratula - copiaComencemos felicitándonos por las fiestas patrias. El mes de julio es la época del año en que reafirmamos nuestra identidad como ciudadanos de un país al que amamos. Y lo queremos por su pasado, su historia, sus tradiciones, su geografía tan diversa, su rica y exquisita gastronomía y, sobre todo, por sus gentes, lo más preciado, el alma del país. Siempre es bueno –y más aún como cristianos- tener memoria agradecida del pasado común, profesar nuestro amor y pasión por lo que nos rodea -por todo lo bueno que hay y que con frecuencia se oculta en los medios de comunicación- y afrontar con valentía un futuro esperanzador, de respeto y aprecio entre todos, superando barreras de todo tipo e intentando construir lo que San Juan Pablo II llamaba “la civilización del amor”.

En el marco del Año de la santidad que los agustinos recoletos estamos celebrando, el mes de agosto es el centro del mismo, pues es un mes agustiniano por excelencia, en el que celebramos tres santos de gran significación para nosotros: San Ezequiel Moreno, el misionero de tres continentes y el abogado del cáncer, Santa Mónica, fiel esposa y madre del hijo de tantas lágrimas…, y nuestro gran Padre San Agustín, Pastor de almas, Doctor de la Iglesia y padre de la gran familia agustiniana. Pero los santos no están ahí sólo para ser admirados, sino para estimularnos a nosotros y tratar de imitarlos al menos en alguno de sus rasgos más sobresalientes.

Como nos recuerda el Concilio Vaticano II, todos, sacerdotes y laicos, estamos llamados a la santidad. “¿No sabéis que sois templos de Dios y que el Espíritu Santo habita en vosotros”? (1Cor 3,16) nos dice San Pablo. Los bautizados somos templos del Espíritu Santo. Hoy no se habla mucho de la santidad corporal, como si esto fuera algo del pasado, pero los cristianos debemos dar testimonio de la presencia de Dios en nosotros, es decir, que el templo de Dios no es sólo mi alma sino también mi cuerpo, todo mi ser –alma y cuerpo- es templo de Dios y ha de ser santo. Que tengamos conciencia y nos tomemos en serio nuestra pertenencia a Dios y la inhabitación de las tres personas divinas en nuestro ser por medio de su gracia.

Sigamos disfrutando de la alegría que el Señor ha sembrado en nosotros con el anuncio de la venida al Perú del Papa Francisco en enero de 2018.

Un saludo y felicitaciones para todos.

Ignacio Reinares

 

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