III DOMINGO DE ADVIENTO:¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?

Escrito en 14/12/2013 por Rita de Casia en Lectio Divina, Mensajes del Párroco

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INVOCACIÓN

Jesucristo, Palabra del Padre, luz eterna de todo creyente:

ven y escucha la súplica ardiente, ven, Señor, porque ya se hace tarde.

Cuando el mundo dormía en tinieblas, en tu amor tú quisiste ayudarlo

y trajiste, viniendo a la tierra, esa vida que puede salvarlo.

Ya madura la historia en promesas, sólo anhela tu pronto regreso;

si el silencio madura la espera, el amor no soporta el silencio.

Con María, la Iglesia te aguarda con anhelos de esposa y de Madre,

y reúne a sus hijos en vela, para juntos poder esperarte.

Cuando vengas, Señor, en tu gloria, que podamos salir a tu encuentro

y a tu lado vivamos por siempre, dando gracias al Padre en el reino. Amén.

 

LECTURA BÍBLICA ¿Qué me dice la Palabra de Dios Mt 11,2-11:

 En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, le mandó a preguntar por medio de sus discípulos: « ¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?» Jesús les respondió: «Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia la Buena Noticia. ¡Y dichoso el que no se escandalice de mí! Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: «¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué fuisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver un profeta? Sí, os digo, y más que profeta; él es de quien está escrito: “Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare el camino ante ti”. Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él».

 

MEDITACIÓN

 

El Evangelio de hoy se articula en torno a dos cosas: quién es Juan el Bautista y quién es Jesús. De hecho podemos dar por probable que la intención de Mateo ha sido la de orientar la relación que el cristianismo primitivo debía mantener con los grupos que, aún después de la muerte y resurrección de Jesús, seguían vinculados al Bautista. De ahí la necesidad de zanjar la polémica acerca de quién era el mayor de los dos, aclarando que Juan es el precursor, pero que el Mesías es Jesús.

 

Pero, ¿quién es Jesús? La pregunta retorna siempre. Me la hago una y otra vez. Y no porque Jesús me resulte desconocido, sino porque me resulta siempre nuevo, con un poder de atracción y de fascinación inacabable. Jesús es novedad absoluta, persona absoluta  y, por lo mismo, nunca aprehensible en su totalidad. En Él hay siempre algo que se me escapa, que me desborda.  La capacidad que Jesús tiene de sorprender puede llegar a inquietar, a crear perplejidad, a generar dudas. Esa inquietud, esa perplejidad, esas dudas tienen un único origen: la insondable inmensidad y riqueza de Jesús. Pero Jesús transmite una certeza: Él nunca será obstáculo para que yo crea en Él. Jesús jamás defrauda.

 

La respuesta de Jesús a los enviados del Bautista y la declaración de Jesús sobre aquél. Respecto a lo primero, el comportamiento de Jesús hace dudar a Juan acerca de sí es el Mesías esperado. De hecho las obras de Jesús no producen lo que él esperaba. De ahí su pregunta: ¿Eres tú el que tenía que venir…? Una pregunta a la que Jesús responde remitiendo a unas obras que si bien no cumplen las expectativas de Juan, sí cumplen las Escrituras. En efecto, sus signos, contemplados a la luz de los oráculos proféticos, revelan claramente que él es el Mesías, el que tenía que venir. Él cura al pueblo de sus heridas, enfermedades y carencias, le da vida y anuncia la Buena Noticia a los pobres. No todos están de acuerdo con su estilo de vida, con sus obras, con su forma de testimoniar el mesianismo. De ahí que tenga que proclamar: “Y dichoso el que no se escandalice de mí”.

 

Juan esperaba de Jesús gestos justicieros, en cambio éste le presenta gestos liberadores: curar, sanar, reconciliar. No se trata de obras que no atiendan a la justicia, pero sí son obras que están más allá de la misma. Claro que es necesario luchar con firmeza y tenacidad contra toda forma de injusticia y opresión, desenmascarando los mecanismos sociales que las generan. Pero ello no es suficiente para liberar a los hombres y mujeres y hacer surgir el Reino de Dios. Este no puede ni debe quedar agotado en el mero planteamiento de los reformismos humanos por buenos que estos sean. Los gestos liberadores de Jesús, los que hoy el mundo nos reclama, son los que vienen cargados de ternura y ofrecen renovados horizontes de sentido a las personas. Solo éstos anuncian y hacen presente el Reino.

 

Sobre la cuestión de la transformación y el cuidado personal  toca con aquellos aspectos que hacen a la coherencia vital. Precisamente los que Jesús ve y alaba del Bautista. Pero observemos que no son gestos al margen de la duda o el fracaso. La coherencia necesaria para el adelantamiento del Reino no se funda en cuestiones ideológicas, mentales. Su centro está en el corazón, es el centro de sabiduría al que Dios se dirige cuando nos busca y el centro por el cual, aun cuando nuestros ideales y esperanzas estén desvirtuados, el mismo Dios, en Jesús, nos puede seguir elogiando.

 

ORACION

 

Padre bueno, tú que eres la fuente del amor,

te agradezco el don que me has hecho:

Jesús, palabra viva y alimento de mi vida espiritual.

Haz que lleve a la práctica la Palabra que he leído y acogido en mi interior,

de forma que sepa contrastarla con mi vida.

Concédeme transformarla en lo cotidiano para que pueda hallar mi felicidad

en practicarla y ser, entre los que vivo, un signo vivo y testimonio auténtico

de tu Evangelio de salvación. Te lo pido por Cristo, tu Hijo, nuestro Señor. Amén.

 

CONTEMPLACIÓN

 

Esta es la constitución de Jesús, estos son sus principios programáticos, para esto viene al mundo. Nosotros nos llamamos seguidores suyos. ¿Estoy dispuesto a continuar con su obra? ¿Puedo decir “amén” a estas palabras que Jesús toma de Isaías? En definitiva, ¿puedo llamarme seguidor de Jesús? ¿Mantengo esta esperanza en mi vida? ¿Transmito a quienes me rodean esta esperanza?

¿Qué te ha hecho descubrir Dios? ¿Con qué te ha sorprendido Dios? Disfrútalo, saboréalo.

¿Qué gracia de conversión de la mente, del corazón y de la vida te está ofreciendo el Señor?

 

ACTUACIÓN

 

Que lo que hablo, confieso, creo y celebro en mi vida personal  lo aplique a mi vida social, familiar, laboral y parroquial.

 

 

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