“Dios se ha hecho hombre por ti”. “Despierta y Cristo será tu luz”. San Agustín

Escrito en 26/12/2010 por Rita de Casia en Mensajes del Párroco

 

 

¡Feliz Navidad para todas las familias de la parroquia!

Esta noche, noche Santa, noche buena, vamos a disfrutar la celebración del nacimiento del Señor Jesús. Su nacimiento cambia el rumbo de la historia, el rumbo de la vida de muchos hombres y mujeres. Nace en lo sencillo, en lo pequeño, en la pobreza y la humildad de Dios. Aquí, en el pesebre, es donde se manifiesta la Gloria de Dios. San Agustín refiriéndose a este nacimiento, decía: “Dios se ha hecho hombre por ti”. “Despierta y Cristo será tu luz”. Para esto nos reunimos esta noche en la comunidad  parroquial y con la familia en las casas. El mismo San Agustín, anima a celebrar con alegría el advenimiento de nuestra redención y salvación.

Y a esto, invitamos a la familia; a reunirse para adorar al Niño Dios como lo hicieron los pastores cuando se les anunció el nacimiento del Salvador. Se nos da a Dios en la persona de Niño que no tiene apariencia de Dios. La proclamación del evangelio de Lucas mueve a tener una mirada contemplativa del misterio del nacimiento de quien es autor de la creación y de la vida. Les anuncio una Buena Nueva: “Les ha nacido el Salvador, el Mesías, el Señor”.

El pesebre en la posada, a donde llegaron José y María, sigue siendo una referencia fundamental para todos los cristianos y para el mundo entero. Dios llega en lo sencillo, tan sencillo que la gran dificultad está en saber descubrirlo. No nació en el centro sino en la periferia. No en palacio sino en un pesebre, demostrando así que los caminos del Señor para salvarnos son distintos a los nuestros y los del mundo.

En este misterio revelado en Belén experimentamos también la cercanía tierna y amorosa de un Dios que nos ama infinitamente con amor eterno. Lo encontraréis  en un pesebre: Es la vida. Don de Dios que hay que respetar y cuidar.

Al contemplar este nacimiento, la fiesta de la navidad ha de ser un compromiso por la paz. El canto de los ángeles hace referencia a ella: “Gloria a Dios en las alturas y en la tierra paz a los hombres que ama el Señor”. Por eso, los cristianos que contemplamos este misterio, no podemos callarnos o permanecer indiferentes, ante los atropellos contra la vida, la libertad, la justicia y la dignidad de las personas.

Sorprende, cómo el ambiente mercantilista de nuestra sociedad aburguesada lleva a mirar con indiferencia y frialdad de corazón, el dolor y la tragedia de miles de hermanos y hermanas, grandes y pequeños, maltratados y sin horizontes de una vida más alegre y feliz. Todas estas situaciones de los rostros de Cristo, niño, joven y adulto, dispersos por todo el mundo y que no son amados, reclaman un compromiso de amor  y atención eficaz. Reclaman proyectos de solidaridad y promoción humana para que todos vivan con dignidad. Para eso ha nacido el Señor. Traer esperanza de amor y perdón para quienes quieren tener buena voluntad de construir un mundo distinto, sin violencia, sin resentimientos ni odios entre las personas de cualquier color y condición.

El mundo lo tenemos mal repartido. En muchas mesas sobra y se desperdicia el pan, mientras en otras no se encuentra. La luz de Belén nos llama a contemplar este mundo tan desigual con la mirada de este Niño, la mirada de Dios,  y a actuar como él lo hizo. En la carta a los cristianos que les envié  en el mes de diciembre les decía: “que nada más repugnante que un cristiano, una cristiana, envueltos en líos de corrupción y de fraude, bien sea en el aspecto político, económico, social y religioso. Nada más contrario  al espíritu de la navidad que una vida montada sobre la falsedad y la apariencia”.  Por eso mismo, el apóstol (Tito 2,11-14), nos invita a llevar, desde ahora, una vida sobria, honrada y religiosa, aguardando la dicha que esperamos: la aparición gloriosa del gran Dios y Salvador nuestro: Jesucristo.

Navidad es todo el año pero apunta a esta venida gloriosa del Señor en los últimos tiempos.

Celebremos pues, hermanos y hermanas, este nacimiento de Jesús que cambió la historia del mundo, para unirnos a Él; para llevar paz, amor, justicia allí donde no la hay. Que nuestros sentimientos y nuestra fe personal y comunitaria sean para adorar al Niño Dios en el pesebre de nuestras vidas y así, servir a los demás.

Dejemos que en nuestros corazones brille la luz que guió a los pastores hasta Belén, lugar de la verdad de Dios en lo humilde y sencillo; y que Jesús, luz del mundo, brille a través de nosotros, seguidores suyos, para mejorar nuestras familias y la comunidad parroquial, el mundo del trabajo, el mundo de la educación en valores auténticos, humanos y cristianos, sobre todo para ayudar a mejorar la vida de los más pobres, excluidos y olvidados. ¡Feliz navidad para todos!

 P. Juan José

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