Lectio Divina:V DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO.

Escrito en 08/02/2015 por Rita de Casia en Lectio Divina

 

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INVOCACIÓN

Coloquémonos delante del Señor y pidamos la luz de su Espíritu Santo para que nos ayude a comprender y valorar lo que significa creer en Él y así aprender de Él a vivir de acuerdo a su voluntad.

Señor Jesús, Tú que has venido a anunciar el Reino de Dios, Tú que lo manifestaste con tu vida, con tus palabras, con tus acciones; Tú que has venido a revelarnos al Padre, Tú que has querido darnos a conocer la amplitud y la dimensión del amor del Padre, ayúdanos a comprender lo que implica creer en ti, a ser conscientes de lo que significa seguirte, para que viendo como Tú actuaste, que también nosotros lo podamos hacer para que como Tú, manifestemos el Reinado de Dios, tanto con nuestra vida, como con nuestras acciones y nuestras palabras de tal manera que todo lo que somos y hacemos reflejen y actualicen el amor incondicional del Padre, que nos ama en ti y por ti.

Que así sea.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS. Marcos (1,29-39):

En aquel tiempo, al salir Jesús y sus discípulos de la sinagoga, fue con Santiago y Juan a casa de Simón y Andrés. La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, y se lo dijeron. Jesús se acercó, la cogió de la mano y la levantó. Se le pasó la fiebre y se puso a servirles. Al anochecer, cuando se puso el sol, le llevaron todos los enfermos y endemoniados. La población entera se agolpaba a la puerta. Curó a muchos enfermos de diversos males y expulsó muchos demonios; y como los demonios lo conocían, no les permitía hablar. Se levantó de madrugada, se marchó al descampado y allí se puso a orar. Simón y sus compañeros fueron y, al encontrarlo, le dijeron: «Todo el mundo te busca.» Él les respondió: «Vámonos a otra parte, a las aldeas cercanas, para predicar también allí; que para eso he salido.» Así recorrió toda Galilea, predicando en las sinagogas y expulsando los demonios. Palabra del Señor

 Contexto

San Marcos nos presenta a un Jesús que anuncia el Reino de Dios tanto de palabra como con obras. De ahí que insista continuamente en presentar a un Jesús que enseña, pero que también actúa, que se revela por medio de su predicación y a su vez en su actuar. El evangelio de Marcos nos sigue presentando al Señor Jesús, alguien que se da a conocer por medio de su predicación y de su vida.

Seguimos, poco a poco, conociendo al Maestro que proclama y enseña que “ha venido el Reino de Dios”. Intentando poner honestamente nuestros pasos en sus huellas lo vamos descubriendo y admirando. No puede haber seguimiento y misión si no se capta el estilo de vida, las preocupaciones y las prioridades de Jesús. El evangelista Marcos introduce el ministerio público de Jesús con la narración del primer día misionero en Cafarnaúm, y se repite muchas veces en los pueblos vecinos. Sabemos así, qué es lo que Jesús hace en su misión en Galilea: “Y recorrió toda Galilea, predicando en sus sinagogas y expulsando los demonios” (Marcos 1,39).

 Explicación del texto

 (Mc 1,29-31). Cuando Jesús y sus discípulos salen de la sinagoga se dirigen a casa de Simón y Andrés, se hace acompañar de la otra pareja de hermanos Santiago y Juan. Allí Jesús cura de la fiebre a la suegra de Pedro. De esta manera Él se revela como el Señor, sobre la enfermedad.

La primera curación que Jesús realiza beneficia a una mujer, la suegra de Pedro.  Lo hace en la simplicidad y en la intimidad de una casa y de una familia. Jesús se acercó, a la enferma: “Tomándola de la mano, la levantó”.  La frase evoca una victoria sobre el mal, el cual intenta retener a la mujer “atada” a la cama. La palabra que aquí se coloca para decir “levantó”, pertenece al vocabulario de la resurrección de Jesús.  La mujer curada se pone a servir a los huéspedes y se convierte en una auténtica discípula, ya que comienza a hacer aquello que distingue al Maestro: “El Hijo del hombre… ha venido a servir…”

1,32-34.  La actividad de Jesús, centrada en exorcismo y curación, en la restauración del ser humano en todas sus dimensiones, se repite ahora en la “puerta” de la casa. La población entera capta de quién puede esperar una verdadera ayuda en sus necesidades. Por eso, al atardecer, le traen a Jesús sus enfermos y endemoniados.

 Todo el cruel panorama del sufrimiento humano es expuesto en la presencia de Jesús. Toda la esperanza de la ciudad está puesta en Jesús.  Él está en capacidad de afrontar estas necesidades. Él tiene el poder para ayudarlos y les ofrece su ayuda: “curó a muchos que se encontraban mal de diversas enfermedades y expulsó muchos demonios”.

 La presencia de Jesús se va notando gradualmente y el poder deslumbrante de la “autoridad” del Reino va ampliando su radio de acción: de la sinagoga a la casa, ambos espacios restringidos de vida comunitaria y familia, se pasa a la sanación del tejido urbano, la sociedad entera.

 1,35. Bien de mañana, Jesús se retira  a orar  en un lugar solitario, silencioso, en la paz de la mañana. No sabemos de qué tipo de oración se trate: si Él le está agradeciendo a Dios por el buen comienzo que ha tenido su obra, si Él le está dirigiendo una súplica insistente por su actividad futura, si está simplemente en compañía del Padre, tranquilo y serenamente recogido. Jesús vive en una relación fuerte con Dios, una relación incomparable.

1,36-39.  La gente está contenta de poder presentarle todas sus propias enfermedades y todas sus necesidades.  No extraña que la gente quiera retenerlo y asegurase de manera permanente su ayuda.  Sin embargo, Jesús, no se queda ahí. “Vayamos a otra parte”. La anotación no está puesta por casualidad.  La vida misionera tiene su esquema pero también es dinámica, ella se va “reinventando” en nuevos lugares, tiempos y situaciones. La misión tiene una fuerza expansiva irreprimible. Pedro y los otros seguidores de Jesús deben aprender la lección: el Maestro no se amarra a una sola actividad ni a un solo lugar.  Él mismo dice que debe llevar su mensaje a “toda Galilea”.

En fin, el estilo de vida de Jesús y de sus discípulos, que constituye su “vida nueva”, está caracterizado por el Reino, en cuyo centro está Dios, que se inserta en los diversos ámbitos y les da un nuevo sentido.  Allí, se vence el mal, las personas se cristifican y surge un hombre y una comunidad nuevos. Entonces puede decir con toda certeza que “El tiempo se ha cumplido y el Reino de Dios está cerca” (1,14).

 MEDITACIÓN

¿Qué me llama la atención de la actitud que Jesús tenía con los enfermos y con los endemoniados? ¿Qué importancia tiene el hecho que haya sanado a los que sufrían y liberado a los que estaban poseídos?, ¿qué manifiesta de su persona esos hechos? ¿Qué da a entender la actitud de Jesús, que: “…cuando todavía estaba muy oscuro,…se levantó, salió y fue a un lugar solitario donde se puso a orar…” (1,35)?, ¿necesitaba Jesús orar?, ¿para qué lo hacía?, ¿qué expresa con eso?, ¿qué aprendemos de Él? ¿Qué sentido tiene el hecho que Jesús no haya querido quedarse siempre en un solo lugar, sino que haya dicho: “…vamos a otra parte, a predicar en los pueblos vecinos; para esto salí…” ? ¿Qué manifiesta con esto?, ¿qué nos inculca y nos transmite con esto?

El Señor se daba tiempo para estar a solas con el Padre, para crear intimidad de comunión de vida y de voluntades, siendo así, ¿yo qué tiempo le doy al Señor?, ¿me esfuerzo por darle mi tiempo y así dejarme inundar por su amor y su misericordia para dejarme transformar por Él?, es decir, ¿soy una persona de oración?

ORACIÓN

Tú sabes lo que cada uno lleva en su corazón, las cruces que en la vida nos vamos cargando y aquellas que cada uno de nosotros se los vamos poniendo encima para volver más pesado nuestro andar. Por eso, Señor, ayúdanos a liberarnos de todo aquello que es carga muerta, que es dolor innecesario, que es sufrimiento gratuito que nos vamos poniendo y danos la libertad interior, la sanación física y espiritual para tener en plenitud la vida que solo Tú nos puedes dar.

Sabes, Señor, que hoy te necesitamos igual que esa gente que estaba allí en la casa de Simón Pedro, o tal vez mucho más; hay tanto dolor como entonces. Pero hoy en algunos casos agravado porque no te conocen, y no saben nada de ti, o no creen en ti, o prefieren ignorarte y dejarte de lado, ahí el dolor ya no es solo físico, sino también espiritual, y la angustia es doble y el dolor se vuelve pasión. Señor, te pedimos que Tú actúes y te manifiestes en nuestra vida, que continúes derramando tu misericordia en nuestra vida. Hazte presente en medio de nosotros sanando corazones heridos, sanando enfermedades, devolviendo paz. Actúa Señor, manifiéstate vivo y presente en medio de nosotros y que nos dejemos sanar y transformar por ti, para que podamos dar testimonio de todo lo que Tú haces en nosotros y así nuestra vida estimule a otros a buscarte por medio de lo que Tú has hecho en nosotros.

CONTEMPLACIÓN

Cercarnos a la persona de Jesús, que se conmueve ante el sufrimiento de quienes curaba, enfermos con dolencias  físicas o endemoniados y contemplar su semblante, escuchar la ternura de sus palabras y la forma cómo acogía a todos. Y llegar a sentir que el enfermo es uno mismo y le abro mi corazón para expresarle las enfermedades espirituales, morales, síquicas, físicas, que hay en mi persona. Y llego a establecer un diálogo tierno  y cercano, sin expresa palabras, sino hablando desde el fondo del corazón

ACTUACIÓN

Comprometerme  a predicar, anunciando la Buena Nueva, manifestando el proyecto y la voluntad del Padre, ayudando a otros a encontrar vida en el Señor, viviendo el mandamiento del amor, llevando la luz, viviendo lo que creemos,  dando testimonio del amor que Dios nos tiene

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