Lectio Divina:EPIFANÍA DEL SEÑOR

Escrito en 01/01/2015 por Rita de Casia en Lectio Divina

EPIFANÍA DEL SEÑOR

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INVOCACIÓN

Espíritu Santo, Amor del Padre y del Hijo, visítanos hoy con tu sabiduría e inteligencia espiritual,
Ilumina los ojos de nuestro corazón para que podamos comprender el sentido de las Escrituras,
el mensaje que Jesús nos quiere comunicar en este día. Haz que la Palabra que escuchamos resuene en nuestro corazón y pase del corazón a la vida. Que no seamos solo “oyentes” de la Buena Noticia,
sino que, con tu gracia, la llevemos a la práctica. ¡Ven Espíritu Santo! Abre nuestra mente, voluntad y corazón a la palabra de la Verdad y de la Vida

LECTURA DEL LA PALABRA DE DIOS,    Mateo 2, 1-12

Jesús nació en Belén de Judá en tiempos del rey Herodes. Entonces, unos Magos de Oriente se presentaron en Jerusalén preguntando: “¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Porque hemos visto salir su estrella y venimos a adorarlo”. Al enterarse el rey Herodes, se sobresaltó, y todo Jerusalén con él; convocó a los sumos pontífices y a los letrados del país, y les preguntó dónde tenía que nacer el Mesías. Ellos le contestaron: “En Belén de Judá, porque así lo ha escrito el profeta: “Y tú, Belén, tierra de Judá, no eres ni mucho menos la última de las ciudades de Judá; pues de ti saldrá un jefe que será el pastor de mi pueblo Israel””. Entonces Herodes llamó en secreto a los Magos, para que le precisaran el tiempo en que había aparecido la estrella, y los mandó a Belén, diciéndoles: “Id y averiguad cuidadosamente qué hay del niño, y, cuando lo encontréis, avisadme, para ir yo también a adorarlo”. Ellos, después de oír al rey, se pusieron en camino, y de pronto la estrella que habían visto salir comenzó a guiarlos hasta que vino a pararse encima de donde estaba el niño. Al ver la estrella, se llenaron de inmensa alegría. Entraron en la casa, vieron al niño con María, su madre, y cayendo de rodillas lo adoraron; después, abriendo sus cofres, le ofrecieron regalos: oro, incienso y mirra. Y habiendo recibido en sueños un oráculo para que no volvieran a Herodes, se marcharon a su tierra por otro camino.

Contexto

Cuanto presenta el evangelista no es una biografía acerca  de la infancia de Jesús, es una confesión de fe para explicar un proceso de acercarnos al Señor. La Liturgia no llama a esta fiesta “Fiesta de los Reyes Magos”, sino Epifanía, manifestación, revelación del Señor. Tanto en Oriente como en Occidente el símbolo de este Misterio es la luz. La revelación  definitiva de Dios es como el despuntar la aurora  en una noche  oscura. Cristo es la estrella radiante de la mañana.

La Epifanía es la manifestación del Señor a los gentiles, quienes  también están llamados a la fe. Los Magos vienen a adorar al Rey de Israel. El Dios de los Israelitas,  el creador del mundo, no es herencia de un solo pueblo, sino que es para todos los hombres. El texto evangélico no nos dice que los que se presentan en Belén fueran reyes. Esta creencia  surgió  posteriormente  bajo  la influencia  de algunos  pasajes   bíblicos: “ Que los  reyes de Tarsis   y de los pueblos lejanos  le traigan  presentes” ( Salmo  72, 10).   En el siglo  V se concretó  su número  sobre  la base  de los dones  ofrecidos y en el siglo VIII  reciben los nombres  de Melchor, Gaspar  y Baltasar.

Estos Magos muy probablemente eran astrónomos. En Mesopotamia, habían notado la aparición de un Nuevo astro y habían interpretado este fenómeno celestial como el anuncio del nacimiento de un rey, y según las Sagradas Escrituras, del rey de los judíos. Interpretaron el hecho como una”revolución” cosmológica. La cosmovisión pagana divinizaba los elementos y las fuerzas del mundo sideral.

Explicación de texto

 Los Magos, siguiendo una luz, buscan la Luz. La estrella que aparece en el cielo enciende en su mente y en su corazón una luz que los lleva a buscar la gran Luz de Cristo. Los Magos siguen fielmente aquella luz que los ilumina interiormente y encuentran al Señor. En este recorrido que hacen estos Magos de Oriente está simbolizado el destino de todo hombre: nuestra vida es un camino, iluminado por luces que nos permiten encontrar la plenitud de la verdad y del amor, que nosotros cristianos reconocemos en Jesús, Luz del mundo. Todo hombre, como los Magos, tiene a su alcance dos grandes “libros” de los que pueden sacar los signos para orientarse en su peregrinación: el libro de la creación y el libro de las Sagradas Escrituras. Lo importante es estar atentos, vigilantes, escuchar a Dios que nos habla: Sobre todo, escuchar el Evangelio, leerlo, meditarlo y convertirlo en alimento espiritual nos permite encontrar a Jesús vivo.

 Jerusalén está llamada a ser la ciudad de la luz, luz de Dios y ayuda a los hombres a seguir sus caminos. Pero Jerusalén puede desatender esta llamada. Nos dice el Evangelio que los Magos, cuando llegaron a Jerusalén, de momento perdieron de vista la estrella. No la veían. En especial, esa luz falta en el palacio del rey Herodes: aquella mansión es tenebrosa, en ella reinan la oscuridad, la desconfianza, el miedo, la envidia. De hecho, Herodes se muestra receloso e inquieto por el nacimiento de un frágil Niño, al que ve como un rival. En realidad, Jesús no ha venido a derrocarlo a él,  sino al Príncipe de este mundo. Sin embargo, el rey y sus consejeros sienten que el entramado de su poder se resquebraja. Todo un mundo edificado sobre el poder, el prestigio, el tener, la corrupción, entra en crisis por un Niño. Herodes llega a matar a los niños: «Tú matas el cuerpo de los niños, porque el temor te ha matado a ti el corazón. Tenía temor, y por este temor pierde el juicio.

 Los Magos consiguieron superar aquel momento crítico de oscuridad en el palacio de Herodes, porque creyeron en las Escrituras, en la palabra de los profetas que señalaba Belén como el lugar donde había de nacer el Mesías. Así escaparon reemprendieron su camino y de pronto vieron nuevamente la estrella, y el Evangelio dice que se llenaron de «inmensa alegría». Esa estrella que no se veía en la oscuridad de la mundanidad de aquel palacio.

 Un aspecto de la luz que nos guía en el camino de la fe es también la santa “astucia”. Se trata de esa sagacidad espiritual que nos permite reconocer los peligros y evitarlos. Los Magos supieron usar esta luz de “astucia” cuando, de regreso a su tierra, decidieron no pasar por el palacio tenebroso de Herodes, sino marchar por otro camino. Estos sabios venidos de Oriente nos enseñan a no caer en las asechanzas de las tinieblas y a defendernos de la oscuridad que pretende cubrir nuestra vida. Ellos, con esta santa “astucia”, han protegido la fe. Y también nosotros debemos proteger la fe. Protegerla de esa oscuridad, que a menudo se disfraza incluso de luz. Porque el demonio, dice san Pablo, muchas veces se viste de ángel de luz. Y entonces es necesaria la santa “astucia”, para proteger la fe, protegerla de los cantos de las sirenas, que te dicen: «Mira, hoy debemos hacer esto, aquello…» Pero la fe es una gracia, es un don. Y a nosotros nos corresponde protegerla con la santa “astucia”, con la oración, con el amor, con la caridad. Es necesario acoger en nuestro corazón la luz de Dios y, al mismo tiempo, practicar aquella astucia espiritual que sabe armonizar la sencillez con la sagacidad, como Jesús pide a sus discípulos: «Sean sagaces como serpientes y simples como palomas» (Mt 10,16).

 En esta fiesta de la Epifanía, sintamos cerca a los Magos, como sabios compañeros de camino. Su ejemplo nos anima a levantar los ojos a la estrella y a seguir los grandes deseos de nuestro corazón. Nos enseñan a no contentarnos con una vida mediocre, de “poco calado”, sino a dejarnos fascinar siempre por la bondad, la verdad, la belleza… por Dios, que es todo eso en modo siempre mayor. Y nos enseñan a no dejarnos engañar por las apariencias, por aquello que para el mundo es grande, sabio, poderoso. Es necesario proteger la fe. Tenemos que ir más allá de la oscuridad, más allá de la atracción de las sirenas, más allá de la mundanidad, más allá de tantas modernidades que existen hoy, ir hacia Belén, allí donde en la sencillez de una casa de la periferia, entre una mamá y un papá llenos de amor y de fe, resplandece el Sol que nace de lo alto, el Rey del universo.

La búsqueda de la Verdad ha dado el resultado que buscaban los Magos, que se rinden ante Cristo y le adoran, reconociéndole como Rey –el oro– y como Dios –el incienso– y preanunciando el misterio de su muerte y resurrección –la mirra–. La adoración brota espontánea al reconocer la grandeza de Cristo y su soberanía, sobre todo, al descubrir su misterio insondable. En medio de un mundo que no sólo no adora a Cristo, sino que es indiferente ante Él y le rechaza, los cristianos estamos llamados más que nunca a vivir este sentido de adoración, de reverencia y admiración, esta actitud profundamente religiosa de quien se rinde ante el misterio de Dios.

Y, finalmente, aparece el símbolo de la luz. La estrella que conduce a los Magos hasta Cristo expresa de una manera gráfica lo que ha de ser la vida de todo cristiano: una luz que brillando en medio de las tinieblas de nuestro mundo ilumine «a los que viven en tinieblas y en sombra de muerte» (Lc 1,79), les conduzca a Cristo para que experimenten su atractivo y le adoren, y les muestre «una razón para vivir» (Fil 2,15-16).

MEDITACIÓN

Todos, en las diferentes etapas de nuestra vida vemos una LUZ, que busca sacarnos de la oscuridad. ¿Qué es lo que más admiro de los Magos? Ellos buscaron a Dios y lo encontraron. Dio se deja encontrar de quienes lo buscan sinceramente ¿eres tú uno de ellos? ¿Qué dificultades en el presente encuentras en su seguimiento? Dios es el eternamente buscado y eternamente encontrado ¿Crees que en ti es cierto este aforismo de San Agustín? Medita detenidamente desde el momento en que los Magos hallan la Estrella hasta que vuelven a su “tierra por otro camino”.

ORACIÓN´

Salmo 118

Dichoso el que, con vida intachable, camina en la voluntad del Señor; 
dichoso el que, guardando sus preceptos, lo busca de todo corazón; 
el que, sin cometer iniquidad, anda por sus senderos. 

Tú promulgas tus decretos para que se observen exactamente. 
Ojalá esté firme mi camino, para cumplir tus consignas; 
entonces no sentiré vergüenza al mirar tus mandatos. 

Te alabaré con sincero corazón cuando aprenda tus justos mandamientos. 
Quiero guardar tus leyes exactamente, tú, no me abandones. 

¿Cómo podrá un joven andar honestamente? Cumpliendo tus palabras. 

Te busco de todo corazón, no consientas que me desvíe de tus mandamientos. 
En mi corazón escondo tus consignas, así no pecaré contra ti. 

Bendito eres, Señor, enséñame tus leyes. 
Mis labios van enumerando los mandamientos de tu boca; 
mi alegría es el camino de tus preceptos, más que todas las riquezas. 

Medito tus decretos, y me fijo en tus sendas; 
tu voluntad es mi delicia, no olvidaré tus palabras.

CONTEMPLACIÓN

A Jesús Niño, en brazos de María, que nos ofrece amorosamente a su Hijo. A los magos que salvan dificultades y llegan gozosos donde Jesús. Y luego reemprenden un nuevo camino en sus vidas.

ACCIÓN

 Agradeceré siempre el don de la fe, que el Señor me regala desde el bautismo.
Trataré de buscar al Señor cada día en los sucesos, en su Palabra, en la oración.

Ayudaré a que otros bautizados vivan su fe.

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