Lectio Divina:DOMINGO XVI, TIEMPO ORDINARIO CICLO C

Escrito en 25/07/2019 por Rita de Casia en Lectio Divina

Gn 18, 1-10; Sal 14; Col 1, 24-28; Lc 10, 38-42

 Oración inicial

Señor, envía tu Espíritu, para que nos ayude a valorar cuanto es esencial en nuestra vida de fe. Tal vez, influenciados por corrientes de pensamientos antiguos o modernos, podemos alejarnos de tus propuestas. Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Pero sobre todo que te escuchemos cuando la Iglesia nos habla por sus Pastores. Señor, concédenos valorar las dos actitudes de las hermanas Marta y María. Ilumínanos para discernir, cuánto de Marta y cuánto de María debemos tener en nuestra vida, para vivir como Tú quieres y esperas de nosotros.

Queremos escucharte; queremos  prestar oídos dóciles a tus enseñanzas, para que seas nuestro único Maestro.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS. Lucas 10, 38-42

38 Yendo ellos de camino, entró en un pueblo; y una mujer, llamada Marta, le recibió en su casa. 39 Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies del Señor, escuchaba su palabra, 40 mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres. Al fin, se paró y dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude.» 41 Le respondió el Señor: «Marta, Marta, te preocupas y te agitas por muchas cosas; 42 y hay necesidad de pocas, o mejor, de una sola. María ha elegido la mejor parte, que no le será quitada.»

Contexto

La semana pasada el tema de la liturgia fue la parábola del samaritano, a través de la cual el evangelista Lucas, que escribe a los griegos convertidos al cristianismo, hacía presente que el amor al prójimo no está limitado a las fronteras de la nación o de la raza, sino que el amor al prójimo se inspira en el Amor de Cristo a todo hombre, sin acepción alguna. El Evangelio de este domingo narra el final del largo viaje de Jesús y sus discípulos de Galilea a Jerusalén. Hoy la narración se centra a las puertas de Jerusalén, en una aldea que  por  Juan sabemos que es Betania. Aquí son recibidos con gran cariño  en la casa de Marta, María y Lázaro, con quienes mantenía una profunda amistad. Seguro que buscaban reponer las fuerzas, luego del largo y fatigoso viaje.

Las normas de la hospitalidad exigían que los peregrinos fueran bien atendidos en las casas que los acogieran. Y en esta casa se cumple a cabalidad esta norma. Por un lado está la actitud dinámica y práctica de Marta, la anfitriona y dueña de casa que quería servir al Señor y brindarle todo lo mejor.  Por otro lado está la actitud de María, la que se sentó, la que lo escuchó y la que buscó hacerle compañía, la que se preocupó por “estar con Él”. Pero estas actitudes trajeron problemas, sobre todo en Marta que,  entre “broma y broma” se queja de que su hermana no la ayudase. Quiere poner a Jesús como juez en esta causa. Cristo no se inhibe y parece dar la razón a María: “María ha elegido la mejor parte…” A lo largo de los siglos, estas palabras, muchas veces, han sido interpretadas como si fuese una confirmación por parte de Jesús el hecho que la vida contemplativa es mejor y más sublime que la vida activa de aquellos que trabajan en el campo de la evangelización. Las dos actitudes son necesarias: todos debemos ser “María y Marta”. En domingos posteriores escucharemos a Jesús que envía a sus discípulos  a ir por el mundo a predicar el Evangelio, para que todo el mundo se salve y tenga la vida eterna.

Comentario del texto

10,38 “Yendo ellos de camino, entró en un pueblo y una mujer de nombre Marta, lo acogió en su casa”. Jesús aparece desde el principio como un peregrino que sube a Jerusalén, como un viajero que necesita de hospitalidad en medio de un largo viaje. Lo vimos cuando quiso subir por Samaria. El largo camino está llegando a su fin. Pero antes de entrar en la Ciudad,  a tres kilómetros de Jerusalén,  entró en un pueblo, y tanto Él como sus discípulos querrían descansar y continuar después la parte final. Van a una casa conocida, eran sus amigos entrañables. Casi seguro que la noticia corrió por el poblado y salió a acogerlos una  mujer que se llama Marta. Su nombre (que proviene del arameo “mar”) significa “señora” o “ama de casa”, quien tiene la autoridad en la casa.”

10,39-40: “Tenía ella una hermana llamada María, que, sentada a los pies de Jesús, escuchaba su palabra; mientras Marta estaba atareada en muchos quehaceres”. Ellas se distribuyen el trabajo de la hospitalidad. Era una norma  general  que todos los huéspedes fueran bien atendidos, tanto en la conversación sobre temas que se presentaran, como en brindarles alimentos y bebidas que repararan sus fuerzas. Las dos hermanas están dispuestas a desplegar sus energías para atenderlos bien: a Jesús y a sus discípulos.

María dedica su tiempo a la persona misma de Jesús, sabe quién es Él y siente que es la mayor dicha que le puede ocurrir.  Ella se sienta frente a él “a los pies del Señor…”. El evangelista dice con precisión: “…escuchaba su Palabra”.

Marta, “estaba atareada en muchos quehaceres”. Eran muchos los que habían llegado y se siente sobrepasada. La frase describe a Marta absorbida por los oficios de la casa, concentrada en su deber de ama de casa y anfitriona. El relato insinúa que Marta también deseaba escuchar a Jesús,  pero las tareas que se requieren para poder ofrecer una buena acogida, se lo impedían. Llega el momento en el que  Marta reclama y pide a Jesús que intervenga “Al fin se paró y dijo: «Señor, ¿no te importa que mi hermana me deje sola en el trabajo? Dile, pues, que me ayude». Para Marta, lo que hace María no es servicio, no tiene que estar corriendo de una parte a otra, de la cocina al arreglo del hospedaje para descansar,  porque dice: “¿No te importa que mi hermana me deje sola en el servicio?

Lucas 10,41-42. “Le respondió el Señor… Jesús se dirige a Marta por su nombre propio. La repetición del nombre indica que habla con cariño, pero también con firmeza: “Marta, Marta”. Jesús va a corregir amablemente la buena voluntad de Marta y a poner sus energías en la dirección correcta. Le hace caer en la cuenta de su situación: “Te preocupas y te agitas por muchas cosas”. Describe un estado de “ansiedad”, que podría ser válida para un extraño, pero no para un discípulo de Jesús. El otro término (“te agitas”) refuerza el anterior. Aquí se refiere al afán con que Marta ha asumido su oficio, el cual al final hacer parecer que las tareas son excesivas. El afán de Marta es básicamente la preparación de una comida: no que Jesús coma mucho o que por la mesa pasen muchos platos, sino que quiere todo bien hecho y decorado. Ella está preocupada por agradar al Maestro y, por quedar bien ella misma.

Jesús le da una lección: “Una sola cosa es necesaria…” Jesús no le quita la importancia a lo que Marta está haciendo, pero muestra que todo debe estar dentro de una jerarquía de valores. Marta debe pensar en lo que ella necesita, no en las necesidades de Jesús, que no vino a un banquete, vino a ser Maestro, a prestar el servicio de la enseñanza y ella necesita de la “Palabra” del Maestro.

Lo que ocurre a Marta nos puede pasar a nosotros, porque muchas veces nos preocupamos por hacer “muchas cosas” por los demás, pero pocas veces nos preguntamos qué es lo que realmente los otros están necesitando y lo que uno miso necesita. Veremos entonces que los otros necesitan no sólo que les demos cosas sino que les escuchemos, que les prestemos atención, que les mostremos interés y les demos lo mejor de nuestro tiempo. Por ejemplo: los padres a sus hijos,  a los ancianos, a los necesitados de cariño, sus reflexiones y sus preocupaciones… En fin, es tener tiempo los unos para los otros, escucharnos recíprocamente con paciencia y amor, expresando que estamos contentos los unos de los otros.

Algunas conclusiones a las que debemos llegar

María no debe ser apartada de Jesús porque ella escogió la “buena porción” que no se le puede arrebatar. Como dice el Salmo 16,5: “Señor, tú eres mi alegría y mi herencia, mi destino está en tus manos”. Marta no le puede quitar a María las bendiciones que la proclamación del Reino le trae a su vida. Es su derecho y su posesión garantizada por Jesús. Y termina Jesús invitando a Marta a que ella haga lo mismo, como vimos el domingo pasado frente al fariseo. El servicio de Marta no será lo que ella considere que debe hacer,  sino la respuesta obediente a lo que el Señor quiere que haga. Para decirlo con los términos del evangelio: la mejor manera de ser Marta es ser María, o mejor todavía, tener las manos de Marta y corazón de María.

Para concluir citamos a San Agustín: «Estaban, pues, en aquella casa las dos vidas y la fuente misma de la vida: en Marta la imagen de lo presente, en María la imagen de lo que está por venir. Lo que Marta hacía, eso somos aquí; lo que María hacía, es lo que esperamos. Es decir que María y Marta designan no sólo dos posibilidades de esta vida, sino el término y el camino. La figura de la vida en este mundo es Marta, para todos. Y María escogió “la mejor parte” sólo en cuanto que es tipo de lo permanente, de aquello que ya no se le quitará, de la hartura eterna por el Verbo en el nuevo mundo (Sermón 104, 3, 4 en PL 38, 618)». Por lo tanto, todos los discípulos, seguidores de Cristo, estamos llamados a ponernos como María a los pies del Maestro y escucharle, así nuestra vida y nuestro obrar tendrán su inspiración en Cristo y toda actividad que realicemos será un instrumento para llevar a los hombres a Cristo; pues si escuchamos la Palabra del Maestro y permitimos que esta se encarne en nosotros verdaderamente seremos: «…luz, sal y fermento en el mundo…».

Meditación

 ¿Qué diferencias encuentras entre el proceder de los samaritanos y el de Marta y María en el hospedaje? ¿Qué le vincula a Jesús con esta familia? ¿Qué exigía en general la hospitalidad en el Oriente? Ante Jesús ¿qué hace cada una de las hermanas? ¿Por qué protesta Marta sobre el proceder de su hermana? ¿Qué querrá decir Jesús con esta afirmación: “una sola cosa es necesaria” María escogió y que no le será quitada? ¿En qué circunstancias el Señor nos diría como le dijo a Marta: “…Marta, Marta, tú te inquietas y te preocupas por muchas cosas…” ¿Con cuál de las dos hermanas me identifico más? ¿Me considero una persona “muy ocupada, ansiosa, atareada”? ¿Qué espacio de mi tiempo dedico para dialogar con Jesús, para escucharlo?, ¿Podría dedicarle aún más? ¿Cómo explicarías que no debe existir contradicción entre las dos posturas de las hermanas o sí crees que ambas posturas son contradictorias?

ORACIÓN

Señor, Tú que quieres que estemos contigo y que trabajemos en tu viña. Pero vemos que el estar contigo es esencial. Señor, si  no nos apoyamos seremos como “campana que mete ruido”, comenzará a aparecer más el yo personal que tu persona. Ayúdanos a saber elegir y actuar como María, para que seas Tú el centro de nuestro obrar, sin menospreciar el trabajo que debemos llevar adelante. Necesitamos, Señor, de la gracia de tu Espíritu Santo, para que nos recuerde lo que Tú nos enseñas y busquemos siempre lo que es esencial. Ayúdanos a ser dóciles a voz, haz que te escuchemos y te sigamos con alegría y paz y danos gusto por tus cosas y haz que te necesitemos. Señor así como María supo elegir la mejor parte, danos también a nosotros la gracia de saber jerarquizar nuestra vida, buscándote a ti en todo momento, siendo Tú el sentido de nuestra vida, dándonos Tú la fuerza para vivir lo que nos pides, y así dar testimonio de ti siempre y en cada momento. Que así se

 CONTEMPLACIÓN

Señor Jesús, muchas veces actuamos como Marta, nos preocupamos de tantas cosas, de todo, menos de ti. Hacemos esto y aquello y nos olvidamos de darte tiempo; andamos como hormigas locas de un lado para el otro, pero no te damos tiempo a ti; trabajamos en tus cosas, pero te descuidamos a ti. Señor, muchas veces las cosas que tenemos que hacer nos ahogan y nos absorben, vivimos haciendo cosas, estamos en continuo movimiento, pero al final, no tenemos tiempo para ti. Por eso, Señor, danos tu gracia para saber actuar como María, para saber jerarquizar nuestro tiempo, para que en primer lugar estés Tú, para que en segundo lugar estés Tú, para que en tercer lugar estés Tú, para que siempre seas Tú el centro de nuestra vida y que todo lo hagamos por ti, para ti, en ti y contigo. Señor, danos la gracia de saber gastar nuestra vida y nuestro tiempo estando contigo, para que estando contigo, Tú nos ayudes a darle sentido a todo lo que tenemos que hacer, para que Tú puedas actuar en y por nosotros. Señor, concédenos la gracia de que nuestra fe en ti, no sea de hacer cosas, sino que ellas sean consecuencia de nuestro estar contigo. Danos Señor, la gracia de vivir por y para ti, estando siempre a tu lado, y que como María, siempre escojamos la mejor parte, que eres Tú. Que así sea.

Señor, perdónanos por las veces que no te damos tiempo, perdón por no tener tiempo para conocerte en tu Palabra; perdón por las veces que la televisión, los amigos, los compromisos, absorben todo nuestro tiempo y no tenemos tiempo para estar contigo, en la oración, en la eucaristía, en la reflexión de tu Palabra. Perdón Señor, por gastar nuestra vida en cosas que no tienen sentido. Perdón, Señor, porque vivimos tan a las apuradas, vivimos absorbidos por nuestras cosas y no somos capaces de parar para que Tú nos alimentes y nos alientes, para que Tú nos llenes de tu presencia y así encontrar en ti la gracia de vivir todo con otra dimensión, con otra perspectiva, con otro dinamismo, porque eres Tú el que nos llenas de tu amor y de tu paz, por eso, Señor, danos una sed insaciable de ti, para que no nos cansemos de buscarte y así dejemos que Tú vayas transformando nuestros corazones, uniéndonos siempre más a ti, buscando siempre aquello que es esencial y vital, aquello que solo Tú nos puedes dar y solo Tú nos das si te damos el tiempo y el espacio que te mereces en nuestro corazón. Que así sea.

PROPÓSITO

– Que nuestro servicio pastoral sea a la vez “Marta y María”: oración y acción. La acción debe brota de la contemplación. No caer en la trampa que el que más obra, es mejor apóstol.

– Frente a los “activistas” vivir convencidos que si no “estamos con Jesús” el apostolado se convertirá en simple esfuerzo humano. El Señor quiere de cada uno de nosotros la disposición interior del corazón.

– Llevar adelante el dicho de San Pablo: …Hacedlo todo en el nombre del Señor…

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