Lectio Divina:3° DOMINGO DE PASCUA DE RESURRECCIÓN – CICLO B °  

Escrito en 14/04/2018 por Rita de Casia en Lectio Divina

 

ORACIÓN INICIAL

jesus-resucitado-alegrc3ada-apostoles-discipulosSeñor, ante cuanto hoy nos presentas abre nuestro corazón y nuestro entendimiento para que podamos vivir nuestra fe con la alegría y la certeza de que estás vivo y que estás junto a nosotros. Señor Jesús, envíanos tu Espíritu para gozar y vivir en tu presencia. Que esta presencia nos hagas vivir en PAZ, la paz que Tú solo puedes dar, que supera todo conocimiento y nos ayudará a  comprender todo el misterio de tu resurrección y así valorar el hecho de que Tú que venciste la muerte, ahora estás vivo y estás a nuestro lado. Que este Espíritu nos avive el deseo de reconocerte, tanto en la Eucaristía como en la vida de los hermanos. No nos dejes caer en la tentación del desánimo ni de la vida rutinaria. Tú que eres el Dios vivo y resucitado por los siglos de los siglos.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS. Lucas 24, 35-48

35 Ellos, por su parte, contaron lo que había pasado en el camino y cómo le habían conocido al partir el pan. 36 Estaban hablando de estas cosas, cuando él se presentó en medio de ellos y les dijo: «La paz con Uds.» 37 Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu. 38 Pero él les dijo: « ¿Por qué se turban? ¿Por qué se suscitan dudas en su corazón? 39 Miren mis manos y mis pies; soy yo mismo. Pálpenme y vean, porque un espíritu no tiene carne y huesos como ven que yo tengo.» 40 Y, diciendo esto, les mostró las manos y los pies. 41 Como no acababan de creérselo a causa de la alegría y estaban asombrados, les dijo: « ¿Tienen aquí algo de comer?» 42 Ellos le ofrecieron un trozo de pescado. 43 Lo tomó y comió delante de ellos. 44 Después les dijo: «Éstas son aquellas palabras mías que les dije cuando todavía estaba con Uds.: Es necesario que se cumpla todo lo que está escrito en la Ley de Moisés, en los Profetas y en los Salmos acerca de mí.» 45 Y, entonces, abrió sus inteligencias para que comprendieran las Escrituras 46 y les dijo: «Así está escrito: que el Cristo debía padecer y resucitar de entre los muertos al tercer día 47 y que se predicaría en su nombre la conversión para perdón de los pecados a todas las naciones, empezando desde Jerusalén. 48 Uds. son testigos de estas cosas

 

Contexto

 

Jesús, en la resurrección, no sale de un lugar, sino que desciende. En un escrito de una tradición muy antigua sobre la Resurrección, el autor dice: “Con extraordinaria energía toma de la mano a Adán y Eva, que esperan en el reino de los muertos, y les arrastra consigo hacia la vida y la resurrección. Detrás de los dos padres, una multitud incontable de hombres y mujeres  esperan la redención. Jesús pisotea las puertas de los infiernos que acaba de desencajar y quebrar Él mismo. La victoria de Cristo no es tanto sobre los enemigos visibles, sino sobre los invisibles, que son los más tremendos: la muerte, las tinieblas, la angustia, el demonio. Nosotros estamos involucrados en esta representación. La resurrección de Cristo es también nuestra resurrección. Cada hombre que mira es invitado a identificarse con Adán, cada mujer con Eva, y a tender su mano para dejarse aferrar y arrastrar por Cristo fuera del sepulcro. Es éste el nuevo y universal éxodo pascual. Dios ha venido «con brazo poderoso y mano tendida» a liberar a su pueblo de una esclavitud mucho más dura y universal que la de Egipto.

Para nuestros hermanos ortodoxos la resurrección de Cristo es todo. En el tiempo pascual, cuando se encuentran a alguien conocido se  saludan diciendo: « ¡Cristo ha resucitado!», y el otro responde: « ¡En verdad ha resucitado!». Esta costumbre está tan enraizada en el pueblo que se cuenta esta anécdota ocurrida a comienzos de la revolución bolchevique. Se había organizado un debate público sobre la resurrección de Cristo. Primero había hablado el ateo, demoliendo para siempre, en su opinión, la fe de los cristianos en la resurrección. Al bajar, subió al estrado el sacerdote ortodoxo, quien debía hablar en defensa. El humilde pope miró a la multitud y dijo sencillamente: « ¡Cristo ha resucitado!». Todos respondieron a coro, antes aún de pensar: « ¡En verdad ha resucitado!». Y el sacerdote descendió en silencio del estrado.

Texto

24,35-37. Los discípulos de Emaús han tenido una fuerte experiencia del Señor resucitado. Quieren volver sobre sus propios pasos para contar el encuentro con el que es la Vida.  El regreso es como releer la propia historia y vivir la nueva presencia de Dios en sus vidas a través de los signos fundamentales de la comunidad cristiana: las Escrituras, leídas en clave cristológica y la fracción del pan.

Estaban hablando de estas cosas, cuando Jesús se presentó en medio de sus discípulos  y les dice una vez más: “¡La paz con vosotros!”.

Brevemente expresamos el significado de la palabra paz en el original arameo (Shalom): Es una seguridad, una fundamentación absoluta: tenemos salud, provisión, estamos libres de cualquier temor. (“He puesto mi confianza en el Señor, y sé que no seré defraudado”).  Vemos  que  tener  paz es un don que Dios nos da; es  saber que Él tiene el control de nuestras vidas, que estamos recibiendo algo totalmente gratis, algo de inmenso valor, que fue pagado por otra persona, no por nosotros mismos. Y se refiere aquí a que fue Cristo el que pagó la deuda que teníamos con Dios, con su misterio pascual. Con  este saludo nos quiere hacer comprender que todo el acontecimiento pascual tiene su razón de ser en la Paz, que es garantía de la Resurrección de Cristo, porque el que vive en la paz de Cristo ha pasado de  muerte a vida. Caminar al encuentro  del Resucitado es el camino de todo creyente. En nuestros caminos y soledades Jesús Resucitado se hace presente como compañero  que enciende en nuestros corazones la fe y la esperanza y a partir del misterio de la Eucaristía, nos da además el pan de la vida eterna

  1. 38-43. Sobresaltados y asustados, creían ver un espíritu. La reacción de los discípulos parece no concordar bien con la narración precedente de los versículos anteriores. De todas maneras su perplejidad no se refiere a la convicción de que Jesús ha resucitado, sino a la naturaleza corpórea de Jesús resucitado; no creían que fuese Jesús en persona, sino pensaban que lo que veían era sólo su espíritu. Y como vimos el domingo anterior, Jesús muy comprensivo con Tomás, lo es ahora también con los demás discípulos. Y sin que se lo pidan expresamente les muestra las manos y el costado, signos visibles de su identidad y de su pasión redentora. Lucas busca ayudarnos a comprender más el misterio de la resurrección. Así por ejemplo haciéndonos ver que el resucitado tiene cuerpo físico, que se lo puede tocar, que tiene llagas, y así hacernos ver, que tiene carne y hueso, les pide que le den algo para comer….
  2. 44-47. Vuelve a explicarles las Escrituras para que recordaran que “todo estaba ya escrito en los Profetas y en los Salmos acerca de cuanto ha ocurrido. Y que esta noticia se proclamará por todo el mundo para la conversión de los pecados. Ustedes son testigos de todo esto”. En la primera lectura de este domingo vemos a Pedro predicando al pueblo, que está admirado por la curación del tullido que estaba postrado ante una de las puertas del templo de Jerusalén, fue curado por Pedro y Juan invocando el nombre de Jesús y  suscitando la fe de este hombre, que marginado del templo por su enfermedad, puede ahora, curado totalmente, alabar a Dios por la misericordia de la que se ha hecho acreedor. La multitud que escucha a Pedro, son interpelados a hacer penitencia, convertirse y así ser perdonados de sus pecados. El apóstol Juan sigue diciendo que quien afirma conocer a Cristo pero no cumple sus mandamientos, es un mentiroso. Esto sucede muchas veces cuando afirmamos que somos católicos o creemos, pero el amor a Él brilla por su ausencia obrando como si careciéramos de la fe en el resucitado. De allí que la vida nueva que viene a nosotros por la Pascua del Señor, pasa necesariamente por escuchar y llevar a la práctica su Palabra.

  1. 24,48. Uds. son testigos de estas cosas. ¿Qué significa ser testigo? El papa Francisco explicaba las tres características propias del testigo: es el que ve, el que recuerda y el que proclama. El testigo ha tenido la experiencia de haber visto como los apóstoles a Cristo resucitado. Nosotros de alguna manera lo hemos visto con la mirada de la fe, no con los ojos de la carne, por ello, Jesús nos decía el domingo pasado que “felices aquellos que sin haber visto han creído”. El segundo paso para los apóstoles es el recordar la alegría que los embarga en cada encuentro que tienen con el Señor, cada vez que lo contemplan; y para nosotros será recordar la experiencia de haberlo visto con la mirada de la fe y todo lo que ello ha significado para nosotros. En tercer lugar los apóstoles anuncian lo que han visto y recuerdan, dejándonos el ejemplo de que hagamos también nosotros lo mismo.

“En esto reconocerán todos que ustedes son mis discípulos: en que se aman los unos a los otros”, les había dicho en la última cena, y hoy san Juan en la 2ª lectura, nos dice: “quien guarda su palabra, ciertamente el amor de Dios ha llegado en él a su plenitud. En esto conocemos que estamos en él”. “Anunciamos tu muerte, proclamamos tu resurrección…”, decimos en la Misa después de la consagración del pan y del vino. Este anuncio y esta proclamación del misterio pascual de Cristo tenemos que manifestarlo con el testimonio de nuestra vida, cumpliendo el mandamiento del amor y realizando así lo que celebramos en la Eucaristía.

Vivir plenamente la Eucaristía es aceptar que Jesús hoy vive resucitado. No vale cualquier día, como en ocasiones alguno expresa. Ha de celebrarse el día en que Cristo Resucitó, el día domingo, o sábado tarde-noche. No es un acomodo de horarios o de días. Es el día en el que la Iglesia, Pueblo de Dios, celebra el memorial del Señor.

MEDITACIÓN

 

¿Qué me llama la atención de este pasaje?, ¿qué impresión me causa la actitud del Señor Jesús que se aparece a sus discípulos, que se da a conocer, les explica las Escrituras y los hace testigos de su resurrección?

El saludo del resucitado, es la paz esté con ustedes… ¿Qué significado tiene este saludo? siendo así, ¿cómo estoy?, ¿me siento en paz o hay algo que debo solucionar?, ¿qué lugar le doy al Señor resucitado en todo lo que me sucede?, ¿tiene parte en mi vida?

¿Por qué el Señor Resucitado muestra sus llagas, qué pretende cuando dice: “…miren mis manos y mis pies….”?, ¿qué quiere demostrar con eso? ¿Qué está afirmando con ese gesto?

¿Qué importancia tiene el hecho que Jesús haya dicho: “…soy Yo, tóquenme…”, y que después haya pedido algo para comer y que haya comido delante de ellos? ¿Qué está indicando con esto?, ¿qué nos revela respecto de su nueva corporeidad y a su nueva manera materialidad?

¿Qué implica y qué sentido tiene el ser Testigos del Señor Resucitado?, ¿cuándo uno lo es?, ¿qué es aquello que caracteriza e identifica al testigo? Hoy, ¿cómo, de qué manera, en qué circunstancias uno es testigo?

¿Qué le aporta a nuestra fe saber que Jesús está resucitado, que tenga un cuerpo y que se lo pueda tocar y que sigue a nuestro lado? …

ORACIÓN (Himno de Vísperas del día de la Resurrección)

Al fin será la paz y la corona, los vítores, las palmas sacudidas,
y un aleluya inmenso como el cielo para cantar la gloria del Mesías.

Será el estrecho abrazo de los hombres, sin muerte, sin pecado, sin envidia;
será el amor perfecto del encuentro, será como quien llora de alegría.

Porque hoy remonta el vuelo el sepultado y va por el sendero de la vida
a saciarse de gozo junto al Padre y a preparar la mesa de familia.

Se fue, pero volvía, se mostraba, lo abrazaban, hablaba, compartía;
y escondido la Iglesia lo contempla, lo adora más presente todavía.

Hundimos en sus ojos la mirada, y ya es nuestra la historia que principia,

nuestros son los laureles de su frente, aunque un día le dimos las espinas.

Que el tiempo y el espacio limitados sumisos al Espíritu se rindan,
y dejen paso a Cristo omnipotente, a quien gozoso el mundo glorifica. Amén.

CONTEMPLACIÓN

Señor, danos la tenacidad de caminar hacia las cumbres, a la luz de la única Palabra que salva. Como hermana de sangre, de aquella Sangre que nos hace a todos hermanos, yo me quedo aquí, junto a la tumba de toda muerte interior para dirigirme como un caminante por los senderos del no sentido y situarme en los senderos de la amistad y del encuentro. Quiero hoy compartir la maravilla del amor humano, el gozo de las personas maravillosas que viven junto a mí, no en la periferia de su existencia, sino en sus pasajes secretos, allí donde el corazón abraza el Absoluto de Dios. Gracias a Ti que me das tu rostro resucitado, por tu corazón enamorado de la Vida y besado del Eterno. Gracias por tu libertad de explorador que se sumerge en los abismos del Esencial. Dios del desierto que se hace jardín, que yo sea una pequeña llama encendida en la obscuridad de la búsqueda humana, un calor que se esparce allí donde el gélido viento del mal destruye y aparta del horizonte de la Verdad y de la Belleza, para narrar al mundo la estupenda aventura del amor humano resucitado, aquel amor que sabe morir para encarnar la sonrisa

PROPÓSITO

Vivir como resucitados, como quien a diario clama: Este es el día que hizo el Señor. El pecado es muerte y Cristo venció la muerte con su muerte y nos dio la Vida con su  Resurrección.

Comprometerme a ser Testigo del Señor Resucitado con mi vida y mis palabras

Tener como lemas de vida: “No quiero saber  otra cosa, sino a Cristo y a Cristo Resucitado”. “Quien dice que ama a Dios y no  cumple sus mandamientos, es un mentiroso y la verdad no está en él”

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