Lectio Divina: VIERNES SANTO 2018. La Pasión de Cristo

Escrito en 27/03/2018 por Rita de Casia en Lectio Divina

 ORACIÓN INICIAL

f999x666-189066_284131_0PUEBLO MÍO, ¿QUÉ TE HE HECHO? ¿EN QUÉ TE HE OFENDIDO? RESPÓNDEME.
Yo te saqué de Egipto, y por cuarenta años te guie en el desierto,tú hiciste una cruz para tu Salvador.
Yo te libré del mar, te di a beber el agua que manaba de la roca, tú hiciste una cruz para tu Salvador
Yo te llevé a tu tierra, por ti vencí a los reyes de los pueblos cananeos,tú hiciste una cruz para tu Salvador.
Yo te hice poderoso, estando yo a tu lado derroté a tus enemigos,tú hiciste una cruz para tu Salvador.

PASIÓN DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, CAP.18-19. (Leerlos en su Biblia).

Contexto

Hoy la mirada la tenemos puesta en la Cruz de Cristo: “Miren el Árbol de la Cruz, donde estuvo clavada la Salvación del mundo, vengan a adorarlo” y en los muchos que cargan con una cruz pesada. En estos días es  muy aconsejable leer las cuatro visiones de los evangelistas,  sobre la Pasión y muerte del Señor, sobre todo las de  San Juan  y San Mateo. En el silencio interior admiramos cuán grande es el amor que Dios nos tiene: hasta entregar a su propio Hijo para que, muriendo en la Cruz de la forma más ignominiosa, nosotros tengamos Vida, seamos liberados de la opresión del pecado y de todo mal.

¡Qué terrible es el misterio de la iniquidad, el pecado, que el mismo Dios tiene que asumir nuestra condición humana y rescatarnos a todos  de la muerte eterna con su propia muerte, merecida por su rechazo  y la reafirmación de nuestro yo! “Me amó a mí, y se entregó hasta la muerte y muerte de Cruz por mí”

Texto

“Tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo único, para que todo el que crea en él no perezca, sino que tenga vida eterna”.  La Pasión de Jesús es un don de amor y no la consecuencia de su debilidad. Entregó su vida en total libertad, en plena conciencia: “Doy mi vida para recobrarla de nuevo… yo la doy voluntariamente”.

Cuando lo arrestan en el Huerto de los Olivos podía evitar ser arrestado, porque con un simpe YO SOY, todos retroceden y caen por tierra. Él se entrega libremente, pero como Buen Pastor, pide que  no hagan daño a sus discípulos. Otro tanto ocurre cuando se encuentra ante las diferentes autoridades que lo juzgan, e injustamente lo condenan

En todo el relato de la Pasión contemplamos cómo sus propios enemigos y verdugos, aunque con burlas,  reconocen su grandeza: es Rey: “Sí, como dices soy Rey” (19,38) y es coronado   con espinas, posteriormente sentado por Pilatos en el Tribunal, para que todos lo reconozcan como un héroe: “Aquí tienen al HOMBRE”.

La inscripción colocada sobre la Cruz aparece en las tres lenguas más importantes del momento: el latín –lengua de la política-, el griego –lengua de la cultura- y el hebreo –lengua de la religión judía: JESÚS ES EL REY DE LOS JUDÍOS. Ante las protestas de los adversarios, Pilatos declara: “Lo escrito, escrito está”. Y finalmente Jesús es entronizado en la Cruz, desde donde actúa perdonando a sus propios verdugos.

El jefe de los verdugos, después de contemplar cuanto han hecho con el Crucificado, las palabras que salen de sus labios, su oración al PADRE, la tranquilidad que reina en su persona, que es un

Reo inocente y que se comporta de forma diametralmente opuesta a cuantos han podido condenar en muchas ocasiones, se inca  de rodillas a sus pies y reconoce que “verdaderamente es el Hijo de Dios”

Encontramos otra maravillosa joya en la figura del costado abierto de Cristo, que uno de los soldados abrió con su lanza. Es la figura de la Iglesia, que en esa agua y sangre que brotaron de ese costado abierto,  nos habla de los Sacramentos del Bautismo y de la Eucaristía. La Iglesia está representada por los cinco testigos que están al pie de la Cruz, encontrando en María el  modelo de la Iglesia, que en la persona de Juan, “la recibió en su casa, Cristo nos la da a todos como Madre.

La muerte de Jesús es la “hora de la Gloria” en la cual Dios se manifiesta completamente al mundo. Todo el camino histórico de la revelación llega a su cumplimiento: “Todo está cumplido”. Comenzó su recorrido en la Encarnación, y alcanza su plenitud en la Cruz. Todo lo cual le constituye en Mediador e intercesor nuestro.  De esta manera en Jesús crucificado se revela el rostro de Dios y el rostro del hombre, al tiempo que recibimos todo lo que necesitamos para vivir en plenitud accediendo a la vida eterna que es propia de Dios. Jesús terreno es al mismo tiempo el Cristo glorioso. El crucificado traspasado por la lanza es al mismo tiempo el Cristo Exaltado y Glorioso. Jesús no muere entre lamentos, sino con un grito triunfal: “¡Todo está cumplido!”. Y conviene indicar que al morir, no “expira”, sino que “entrega su Espíritu” El evangelista presenta la muerte a la luz de la resurrección y así el día de la muerte, que no pierde el rigor de su luto, se vuelve luminoso porque sobre la Cruz se proyecta la gloria de la Pascua.

 “La Pasión del Señor, como sabemos, ocurrió una sola vez: ‘Cristo murió una sola vez apenas, el Justo por los injustos’ (1 Pedro 3,18). También sabemos y tenemos por cierto y mantenemos como inconmovible que Cristo una vez resucitado de entre los muertos no puede volver a morir, la muerte ya no tiene poder sobre Él. Estas palabras son del Apóstol (Romanos 6,9).
Con todo, para que no se olvide, cada año se hace memoria de lo que fue hecho una sola vez. ¿Por ventura muere Cristo siempre que se celebra la Pascua? Con todo el recuerdo anual como que representa lo que en otro tiempo ocurrió y así nos conmueve como si viéramos al Señor colgado en la Cruz. Pendiente del madero, el Señor fue insultado; sentado en el cielo es adorado. Recordemos lo que padeció: “fueron contados sus huesos, fue escarnecido, repartieron sus vestiduras y echaron a suerte su túnica, lo rodearon enfurecidos y crueles, y dispersaron todos sus huesos”. Esto lo oímos en el Salmo y lo leemos en el Evangelio. Veamos el motivo. ¡Oh Cristo, Hijo de Dios, si no quisieses no padecerías! ¡Muéstranos el fruto de tu Pasión!”.
(San Agustín)

La liturgia del viernes santo nos invita a contemplar y adorar la cruz de Cristo. El paso por la cruz es siempre doloroso. La cruz sola no tiene sentido. Lo que da sentido a la cruz es el Crucificado. Con Cristo, la cruz se convierte en un signo de amor que da sentido a todos los sufrimientos.
La cruz no es un fracaso porque el que ama nunca fracasa. Jesús no ha fracasado porque ha amado. La cruz nos enseña cómo hemos de amar, porque ella es escuela del verdadero amor. La cruz es signo de amor entregado. La cruz se levanta para anunciar que al mundo no lo salvan los poderosos, sino el amor de Dios. Para el mundo la cruz es un escándalo, para nosotros, los cristianos, es signo de salvación

MEDITACIÓN

¿Qué es lo que más me llama la atención? ¿Qué sentimientos suscita en mí el relato de la Pasión? ¿Qué significa para mí el hecho de que Jesús padece activamente su Pasión?

¿Qué personas y realidades concretas voy a colocar hoy a los pies de la Cruz? ¿Quiénes son los que actualmente están crucificados con Cristo y sufren la Pasión de forma directa? ¿Qué pecados míos quedan crucificados en la Cruz de Cristo? No he de preguntarme por qué murió Cristo, sino por quién murió.

La comunión Eucarística es comunión con la Cruz de Jesús, para que brote de mí el amor, el perdón y el servicio que impregna de una inmensa calidad todas mis relaciones y le da sentido a mi vivir. ¿Qué impulsos de amor, de perdón y de servicios hacia personas concretas que, en mi opinión no se lo merecen, siento hoy en comunión con el Crucificado?

ORACIÓN

(Gabriela Mistral)

En esta tarde, Cristo del Calvario,  vine a rogarte por mi carne enferma;
pero, al verte, mis ojos van y vienen  de tu cuerpo a mi cuerpo con vergüenza.  ¿Cómo quejarme de mis pies cansados,  cuando veo los tuyos destrozados?
¿Cómo mostrarte mis manos vacías,  cuando las tuyas están llenas de heridas? ¿Cómo explicarte a ti mi soledad,  cuando en la cruz alzado y solo estás?
¿Cómo explicarte que no tengo amor,  cuando tienes rasgado el corazón?  Ahora ya no me acuerdo de nada,  huyeron de mí todas mis dolencias.
El ímpetu del ruego que traía  se me ahoga en la boca pedigüeña.Y sólo pido no pedirte nada, estar aquí, junto a tu imagen muerta, ir aprendiendo que el dolor es sólo  la llave santa de tu santa puerta. Amén,

CONTEMPLACIÓN

En este momento deseamos personalmente “rumiar” cuanto venimos meditando. La contemplación de Cristo muerto en cruz nos confunde, pero al mismo tiempo nos adentra en el amor y en el sentido de la propia existencia. Mi vida vale el cuerpo y la sangre del Hijo de Dios; mi vida ha sido objeto del increíble amor del Padre de las misericordias. Por eso, mi vida tiene un valor en la historia de la salvación. Como cristiano he sido injertado en el misterio de Cristo y voy reproduciendo día a día los misterios de Cristo. El Hijo de Dios quiere llevar a término en nosotros los misterios de su encarnación, de su nacimiento, de su vida oculta, formándose en nosotros y volviendo a nacer en nuestras almas por los santos sacramentos del bautismo y de la sagrada eucaristía, y haciendo que llevemos una vida espiritual e interior, oculta con él en Dios. Quiere completar en nosotros el misterio de su pasión, muerte y resurrección, haciendo que suframos, muramos y resucitemos con él y en él.

Señor, te doy infinitas gracias, porque te has dignado mirarme con misericordia y compasión. Andaba errante y sin sentido por la vida, pero te has constituido en el Pastor de mi existencia. Que nada ni nadie me separe de tu amor y cada día vaya creciendo más y más hasta configurarte en mi persona, y en quienes conmigo viven. Llega también a cuantos viven este Viernes Santo, tan especial,  por los embates de la naturaleza. Han perdido familiares, amigos, enseres, casas… ¡han perdido todo!

 ACCIÓN

Repite con frecuencia, con calma, estas palabras de Jesús, asociado a Jesús en el ofrecimiento de sí mismo: “Padre en tus manos entrego mi Espíritu”

Abandonarse  en la voluntad de Dios. Este día nos ofrece la ocasión de renovar nuestra incondicional adhesión a la voluntad de Dios, aunque esta voluntad me exija desprendimiento y sacrificio.

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