Lectio Divina: VI DOMINGO DEL TIEMPO ORDINARIO

Escrito en 15/02/2015 por Rita de Casia en Lectio Divina

Oración inicialespiritu-santo

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 Señor Jesús, envía tu Espíritu, para que Él nos ayude a leer la Biblia en el mismo modo con el cual Tú la has leído a los discípulos en el camino de Emaús. Con la luz de la Palabra, escrita en la Biblia, Tú les ayudaste a descubrir la presencia de Dios en los acontecimientos dolorosos de tu condena y muerte. Así, la cruz, que parecía ser el final de toda esperanza, apareció para ellos como fuente de vida y resurrección. Crea en nosotros el silencio para escuchar tu voz en la Creación y en la Escritura, en los acontecimientos y en las personas, sobre todo en los pobres y en los que sufren. Tu palabra nos oriente a fin de que también nosotros, como los discípulos de Emaús, podamos experimentar la fuerza de tu resurrección y testimoniar a los otros que Tú estás vivo en medio de nosotros como fuente de fraternidad, de justicia y de paz. Te lo pedimos a Ti, Jesús, Hijo de María, que nos has revelado al Padre y enviado tu Espíritu. Amén.

 

LECTURA DE LA PALABRA. Marcos 1,40-45:

 Se le acerca un leproso suplicándole y, puesto de rodillas, le dice: «Si quieres, puedes limpiarme.» Compadecido de él, extendió su mano, le tocó y le dijo: «Quiero; queda limpio.» Y al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio. Le despidió al instante prohibiéndole severamente: «Mira, no digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote  y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés para que les sirva de testimonio.» Pero él, así que se fue, se puso a pregonar con entusiasmo y a divulgar la noticia, de modo que ya no podía Jesús presentarse en público en ninguna ciudad, sino que se quedaba a las afueras, en lugares solitarios. Y acudían a él de todas partes”

Explicación

Marcos intenta presentar en Jesús el nuevo rostro de Dios: acoge y cura al leproso. Para nosotros se abre otro escenario, cuyo trasfondo en los relatos bíblicos del Antiguo Testamento, nos permite captar la gravedad de la situación: un leproso es una persona triplemente marginada.

  1. Con relación a Dios, considerado “impuro”, lejos de la comunión con Él, así lo señala la normativa del libro del Levítico. La causa: la enfermedad era considerada un castigo de Dios.
  2.  Con relación al pueblo el leproso era apartado de su comunidad de Israel. Al leproso se le acababan todas las antiguas relaciones: familia,  amigos y conocidos; era una persona muerta. Se le tenía asco. Cuando se aproximaba a un lugar habitado tenía que advertir su presencia con una campanita y decir que era leproso. ¡Qué humillación!
  3. Con relación a sí mismo, no sólo soporta grandes dolores sino que nota cómo va perdiendo su integridad física, su belleza. Siente su mal olor sin poder hacer nada. No sólo los otros tienen repugnancia de él, sino también él de sí mismo. El dolor de una persona así no puede ser mayor: el rechazo social, el que se considere que ni siquiera Dios lo ama, el asistir conscientemente a la putrefacción de su cuerpo.

 El “viene” donde Jesús. Rompe las reglas sociales y religiosas: un leproso no debe acercarse a una persona sana sino gritarle desde lejos.  Para poder entrar en contacto con Jesús, el leproso había transgredido las normas de la ley. Jesús, para poder ayudar al excluido y así revelar el nuevo rostro de Dios, transgredió las normas de su religión y toca al leproso. Y  quien tocaba a un leproso se convertía en impuro a los ojos de las autoridades religiosas y ante la ley de la época. Ni el leproso hace lo normal, que es alejarse gritando “impuro”, “impuro, “impuro”; ni tampoco Jesús lo hace: lo toca. Dos acciones prohibidas.

 ‘Si quieres, puedes limpiarme ’”.La súplica del leproso representa un desafío para Jesús y al mismo tiempo muestra qué idea tiene del precedente actuar del Maestro y qué expectativas le ha suscitado.

“Puesto de rodillas”: El gesto es de profunda reverencia. Así también ora Jairo, el jefe de la sinagoga y padre afligido de la niña que será resucitada, e igualmente la anónima y angustiada madre en Tiro.

 “Le dice”. El leproso apela al libre querer, a la voluntad, al deseo de Jesús: “Si tú quieres”, que es como decirle, “Tú puedes…”. En otras palabras, el orante reconoce que es suficiente que Jesús quiera para que suceda algo que parece imposible, la curación más difícil que es casi como la resurrección de un muerto.

 Jesús reinserta a este excluido en la convivencia fraterna. Quiere que la persona curada pueda de nuevo convivir con los otros. Para que un leproso fuera de nuevo acogido en comunidad, tenía necesidad de un certificado de curación dado por un sacerdote. Así estaba escrito en la ley con respecto a la purificación de un leproso (Lev 14, 1-32

 “Extendió la mano… le tocó”. Vemos los dos pasos de una imposición de manos, lo cual es una forma de transmitir la potencia, pero sobre todo de expresar gestualmente la voluntad.  Para Marcos el contacto físico es importante, es una forma de comunicación honda que vehicula algo de sí mismo.  No puede dejar de verse aquí un gesto de valoración y de acogida del hombre rechazado. “Uno toca a quien ama”. No es solamente una cuestión de curación física.

 “Quiero, queda limpio”. Es notable cómo los verbos de la orden de Jesús corresponden puntualmente con los de la petición del leproso. Jesús confirma la idea que el enfermo tiene de él: ¡actúa con el poder de Dios!

  “Y al instante, le desapareció la lepra y quedó limpio”. La curación es “al instante”. Jesús actúa como Dios: basta que quiera una cosa para que ella suceda enseguida.

 “Le despidió al instante prohibiéndole severamente: ‘Mira, no digas nada a nadie, sino vete, muéstrate al sacerdote y haz por tu purificación la ofrenda que prescribió Moisés.  La finalidad es evitar la publicidad y el boato populachero que expone a Jesús a la manipulación de quienes buscan su poder sin comprender cuál es su profunda identidad mesiánica. Lo que sí debe hacer, que es proceder como manda la Ley de Moisés al respecto, pero no como simple cumplimiento de una normativa sino “para que le sirva de testimonio”: no una acusación sino como demostración y anuncio concreto del acontecer del Reino de Dios. Y lo reintegran a su comunidad de vida y de culto, a la asamblea del Pueblo de Dios, con todos sus derechos y deberes.

El leproso proclama el bien que Jesús le ha hecho y Jesús se convierte en excluido. Jesús había prohibido al leproso el hablar de la curación. Pero éste no lo hace. El leproso, comenzó a proclamar y a divulgar el hecho, al punto que Jesús no podía entrar públicamente en una ciudad. Se quedaba fuera en lugares desiertos. Jesús había tocado al leproso. Por tanto, según la opinión de la religión de aquel tiempo, ahora él mismo estaba impuro, y debía vivir alejado de todos. No podía entrar en las ciudades. Pero Marcos indica que a la gente no le importaba mucho estas normas oficiales, sino que ¡venían a él de todas partes! ¡Subversión total!

 ORACIÓN

 Señor, ese leproso que no tiene nombre, nos cuestiona y al mismo tiempo nos ilumina, ya que te dice: “…si quieres…”, sabes Señor, hay tantas cosas que me gustaría dejar en tus manos, tantas cosas que quiero decirte “…si quieres…, Tú puedes…”, pero mi fragilidad, mis incoherencias, mi inconstancia, me atan a mi realidad. Sabiendo que Tú SÍ quieres, dejo mi vida en tus manos y así mis preocupaciones, mis aflicciones, mis anhelos, mis proyectos, lo que soy y lo que tengo lo dejo en tus manos. Y te digo, si quieres…que se haga tu voluntad en mi vida. Y también te pido por aquellos que son incapaces de pedirte ayuda, y se quedan enterrados en su dolor y su marginación, actúa en ellos, manifiéstate, haz que puedan sentir y experimentar el amor misericordioso que les tienes y que puedan encontrar en ti la vida plena, que solo Tú nos puedes dar.

 MEDITACIÓN

¿Qué me llama la atención de este encuentro del leproso con Jesús?, ¿qué sentimientos suscita en mí?, ¿qué me hace pensar? ¿Cómo actúa, qué hace, cómo reacciona el leproso ante Jesús (1,40)?, ¿qué indica esto?, ¿qué manifiesta en sus gestos y sus palabras?, ¿qué indica al decir: si quieres, puedes sanarme”(1,40)?

 ¿Cómo reacciona Jesús ante el leproso (1,41)?, ¿qué siente por él?, ¿qué hace?, ¿cómo se relacionó con él?, ¿qué le dice?, ¿qué le pide?, ¿qué  expresa con eso?

 ¿Por qué Jesús le pide al que fue sanado que no diga a nadie sobre su curación (1,44a)?, ¿qué pretendía Jesús con ese silencio que le impone a ese hombre?, ¿qué manifiesta esto?

 ¿Qué pienso de la actitud del ex leproso que salió y contó a todos lo que le había sucedido (1,45a)?, ¿acaso que Jesús no se lo había prohibido?, ¿qué revela esa actitud?

COMTEMPLACIÓN

Situarme frente a Cristo y ver cómo  “no se es cristiano por una decisión ética o una grande idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a nuestra vida, y con ello, una orientación decisiva”.

Un pensamiento de San Juan Crisóstomo, haciendo referencia al leproso del evangelio:”...luego de escucharle predicar se le acercó y le pidió si quería que lo curase… San Pablo en sus cartas dice:”…la fe viene de la predicación…”, el leproso no se acerca a Jesús solo para ser curado de su lepra. Piensa que Cristo puede trasformar su vida, por eso se abandona totalmente a la voluntad de Él y dice: “si quieres”.

ACTUACIÓN

El leproso ofrece el perfilo de un verdadero  discípulo y de misionero. Todos hemos sido sanados de la  lepra del pecado, y deberíamos estar eternamente agradecidos. ¿Cómo hablaré e las maravillas de Dios en mi vida?

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