LECTIO DIVINA: VI DOMINDO DE PASCUA , CICLO B

Escrito en 09/05/2018 por Rita de Casia en Lectio Divina

Hechos 10, 25-27. 34-35. 44-48; I Juan 4, 7-10; Juan 15, 9-17)

 

ORACIÓN INICIAL

Padre, qué maravillosas  lecturas nos ofreces para estos domingos, pero podemos quedarnos en la admiración de cuán grande es el amor que nos tienes. Para que no ocurra así,  envíanos tu Espíritu para profundizar lo que nos dices, dejarnos amar por Ti, y amar a nuestros hermanos. Que sea una realidad el final del Evangelio: “Esto les mando: que se amen los unos a los otros como Yo les he amado.” Te pedimos, Señor que se alejen  de nosotros las rencillas, los rencores, los “chismes”, todo cuanto no se ajuste al comportamiento de un Buen amigo.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS. Juan 15, 9-17

En la última cena Jesús les dijo a sus discípulos: 9 “Yo los amo a ustedes como el Padre me ama a mí; permanezcan, pues, en el amor que les tengo. 10 Si obedecen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, así como yo obedezco los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor. 11 Les hablo así para que se alegren conmigo y su alegría sea completa. 12 Mi mandamiento es este: Que se amen unos a otros como yo los he amado a ustedes. 13 El amor más grande que uno puede tener es dar su vida por sus amigos. 14 Ustedes son mis amigos, si hacen lo que yo les mando. 15 Ya no los llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su amo. Los llamo mis amigos, porque les he dado a conocer todo lo que mi Padre me ha dicho. 16 Ustedes no me escogieron a mí, sino que yo los he escogido a ustedes y les he encargado que vayan y den mucho fruto, y que ese fruto permanezca. Así el Padre les dará todo lo que le pidan en mi nombre. 17 Esto, pues, es lo que les mando: Que se amen unos a otros (Juan 15, 9-17)

Contexto

 Seguimos en el Cenáculo, en la última Cena, cuando Jesús abre su corazón a sus discípulos, les deja los secretos de su corazón y se despide. Les recuerda que sus enseñanzas están centradas en el Amor que Dios nos tiene, y que todo ese amor se encuentra en dar la Vida por sus amigos, y quedarse para siempre con ellos por la Eucaristía. Este mandamiento constituye el núcleo de las enseñanzas de Jesucristo. Es el “testamento” de Cristo.  Estas palabras deben ser la llama viva en los corazones de los creyentes. Jesús habla de su amor supremo, que consistió en dar su vida por sus amigos. Promete que su amor permanecerá si ellos permanecen en su amor, guardando su mandamiento del amor, como él guardó el mandamiento del amor del Padre. Estas promesas nos permiten ver lo impresionante e insondable del amor que Dios ha compartido con nosotros y para el cual nos ha elegido, por ello es algo natural el que nosotros nos confortemos con ese amor, fuera del cual no hay más que la nada. Con esto el evangelio anticipa en cierto modo el episodio de Pentecostés: el don es el Espíritu de Dios que nos ayuda a cumplir la tarea, el mandamiento del amor.
El domingo pasado Jesús nos ha hablado de sí mismo como vid verdadera y el Padre es el viñador y nosotros los sarmientos. Es una imagen reveladora: antes de ser una exhortación dirigida a sus discípulos, es expresión de un hecho: el Padre cuida de la planta preciosa, de la relación instaurada entre Jesús y los suyos, así como los discípulos viven una realidad de comunión que los califica desde ahora. Los discípulos están llamados a permanecer en Jesús así como lo hacen los sarmientos en la vid, para tener vida y dar fruto. En conclusión las lecturas de la presente semana, nos invitan a entrar en el corazón de Cristo para vivir sus sentimientos y el gran amor que manifiesta. Es convertirnos por la obediencia  a su MANDATO, que significa vivir amando al hermano como Cristo nos amó

Texto

  1. 9. “Como el Padre me amó, Yo también les he amado”. Jesús nos introduce en ese mismo amor Trinitario, en el ser mismo de Dios. ¡Qué grande es el amor que nos tiene, porque nos hace Hijos de Dios y lo somos! Y espera que nosotros permanezcamos en Él, inicialmente cumpliendo sus mandamientos, pero de ahí concluye que ese amor que nos tiene, los debemos tener nosotros hacia Dios y hacia los hermanos. Esta forma de amar no puede ser de otra manera que entregar su vida por todos. En las palabras que oímos nos dice: “Que no hay amor más grande que el que da la vida por sus amigos”. Él va a dar y podrá afirmar que su amor llega al extremo de dar su vida por mí. “ Me amó y se entregó a la muerte  de Cruz por mí”.

10-11. Si guardan mis mandamientos, permanecerán en mis amor…La observancia de los mandamientos de Jesús es para los discípulos la manera de responder a su amor, así como Él ha observado los mandamientos del Padre y permanece en su amor. Podemos decir que el amor cristiano no tiene otro modelo sino aquel que le ha manifestado Cristo, que  significa negarse a sí mismo;  es capaz de cancelar todo tipo de resentimiento y egoísmo, e  incluso lleva a amar y perdonar a los propios enemigos. Si el amor tiene esta dimensión ilimitada es porque nace de Dios y termina en Dios.  Por eso, Cristo dice en el Evangelio: «…como el Padre me ha amado así os he amado yo…». Este amor se ha revelado como una donación de sí mismo, sin reserva, hasta el extremo de dar la vida por nosotros.

Jesús nos pide que “permanezcamos en su amor”: que es estar en plena comunión a través de la oración para conocer su voluntad y realizarla prontamente. El tipo de amor que Cristo revela a sus discípulos es un amor de obediencia a la voluntad de su Padre. Por consiguiente, en esta íntima relación entre ‘amor’ y ‘mandamiento’ que Cristo pide a sus discípulos, debe existir una actitud de obediencia por parte de los discípulos. De esta manera, Cristo nos ayuda a comprender que queda superada esta aparente contradicción entre ‘ley’ (mandamiento) y ‘amor’.   Este amor es capaz de cancelar todo tipo de resentimiento y egoísmo, porque incluso lleva a amar y perdonar a los propios enemigos. Por otra parte, Jesús no advierte que ya no seremos Siervos”,  “Amigos”, (“ya no les llamo “siervos”, a Uds. los llamo “amigos”…). Y   cuando la amistad es profunda, nos hace “felices”. Entre los verdaderos amigos no hay secretos, trastiendas, recovecos ni tapujos, sino una transparencia total que le permite a cada cual conocer y reconocer al otro como es. Así se nos manifiesta Dios en Jesucristo, y así espera Él que nosotros le correspondamos.

  1. 12. Este es mi Mandamiento que nos amemos unos a otros como yo les he amado. Notamos como la línea relacional: los discípulos se amarán como Jesús los ha amado. Él mismo nos aclara en qué consiste su amor, al decirnos: Yo los amo a ustedes como el Padre me ama a mí”. El significado del mandamiento del amor  nos remite ante todo a la vivencia de Dios como un Padre que nos ama infinitamente, y que a través de su Hijo nos comunica lo que es Él mismo en su propia esencia: “Dios es amor”, dice el apóstol y evangelista Juan en la segunda lectura, no dando una definición, sino intentando expresar así lo que en el lenguaje humano puede describir mejor el ser de Dios que se manifiesta en su acción salvadora. Toda la vida terrena de Jesús fue una revelación de la acción salvadora de Dios como la de un Padre amoroso, misericordioso, compasivo, bondadoso, completamente diferente a la imagen negativa que muchos tienen de Dios, aun llamándose cristianos.

v.13. “Nadie tiene mayor amor que el que da la vida por sus amigos”. Cuando escuchamos el acto heroicidad que realiza San Maximiliano Kolbe, uno queda como petrificado: su amor por Cristo, su compasión, su generosidad… Eso mismo es lo que Cristo hizo por nosotros: Él se puso en la “cola” de la muerte para que nosotros no “muriéramos” Es ésta la obra insuperable de su amor, una acción que levanta a su nivel más alto el grado de implicación: el don de la vida.

  1. 14-15. Uds. Son mis amigos, si hacen lo que yo les mando”. “Ya no les llamo siervos…” Nos invita a asumir su estilo de vida, a ser como Él, a actuar como Él actuó, dejándonos su manera de ser y de vivir como el ideal de vida para sus seguidores: amando como Él lo ha hecho con el Padre, en una obediencia total. En Jesús se manifiesta la cercanía de Dios como amigo, sin exclusiones ni discriminaciones. Y nos ha dado a conocer todo lo que le ha oído al Padre.

Da un paso más. Cambia nuestra historia. Antes éramos “servidores”, ahora somos Hijos. Y es que  el servidor no conoce los proyectos de su patrón;  es llamado a ejecutar lo que le mande y basta. Jesús, el Hijo Amado del Padre, no es un servidor, vive en el Padre, porque conoce y comparte sus proyectos. Y ahora quiere que su modo de proceder con el Padre, sea nuestro estilo de vida. Cambia nuestra historia y nuestra razón de ser: Amarás al Señor con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas‟ (Dt 6, 4-5) y  “a tu prójimo como a ti mismo‟ (Lv 19, 18). Y, puesto que es Dios quien nos ha amado primero, ahora el amor ya no es sólo un “mandamiento”, sino la respuesta al don del amor…”

v.16. “No son Uds. los que me han elegido…” El comportamiento de los antiguos maestros era contrario al de Cristo: los discípulos elegían al maestro. En los Evangelios vemos como Cristo es el que llama, y cuando alguien se ofrece a seguirle, no se lo permite. Los discípulos están llamados para que vayan y den fruto, que consiste en permanecer en el amor de Jesús. Su identidad de discípulos se fundamenta en la elección hecha por Jesús y presenta un camino que recorrer, un fruto que dar. Quienes actúan de esta manera, tienen como consecuencia que “lo que pidan al Padre en su nombre, les será concedido”. Jesús promete al que hace la voluntad del Padre, Dios nunca fallará, siempre vendrá en apoyo de su debilidad, de su indigencia.

  1. 17. Y la conclusión se plantea de manera solemne y lapidaria: “Esto les mando: que se amen unos a otros”. Para permanecer en Jesús y dar frutos de vida es importante tener una capacidad grande para salir de nuestro propio amor y darnos enteramente a los demás. Amar, a la manera de Jesús, implica una radicalidad tal que, si se llegara el caso y fuese necesario, seamos capaces de dar la vida por los demás: es desacomodarnos para que otros puedan acceder a unos mínimos de dignidad; de perder nuestro buen nombre o nuestra buena fama como consecuencia de tomar la bandera de los últimos y excluidos. Y es que el amor hace  entre los hombres un mundo más justo y más humano.

MEDITACIÓN

¿Qué siento al leer lo que Jesús dice respecto al amor que nos tiene? ¿Qué me está revelando el Señor cuando dice: “…yo les he amado a ustedes, como mi Padre me ama a mí…”? ¿En qué consiste el nuevo mandamiento que nos deja el Señor?, ¿cómo lo podemos vivir?, ¿cuál debe ser la actitud que nos caracterice e identifique ante los demás? ¿Está marcada por la bondad y la comprensión, por la caridad y la benevolencia, por la sensibilidad y cercanía? ¿Qué está revelando Jesús de sí mismo cuando nos dice: …no hay amor más grande que dar la vida por sus amigos…”?, ¿qué estoy haciendo para que mi amor sea como el de Él?, ¿soy de los que son fieles hasta el final, siempre, aunque duela o mi fidelidad es circunstancial y casual?, ¿por qué?

ORACIÓN

Señor Jesús, Tú que nos elegiste, Tú que nos miraste con cariño y nos invitaste a asumir tu estilo de vida, para amar como Tú amabas al Padre y  nos amabas a nosotros. No te elegimos nosotros a Ti, sino que nos elegiste para vivir tu mismo estilo de vida: vivir amando, dando nuestra vida por Ti y por los hermanos. Amar es darse, es entregar la vida, es negarse a uno mismo e ir tras de Ti. Amar es lo más grande que el ser humano puede hacer. Tú lo hiciste, eres el amor que procede del Padre. Señor Jesús, llénanos de tu amor, para amar al Padre en Ti, para amar a los hermanos por Ti, y vivir plenificados en nosotros, y así un día podamos gozar en la Gloria junto a todos aquellos que prefirieron perder su vida, antes guardarla fuera de Ti. Ayúdanos Señor a amar como Tú lo has hecho hasta el final, hasta dar la vida. Que así sea.

CONTEMPLACIÓN

Señor, en mi corazón resuenan continuamente tus palabras: “…yo les he amado a ustedes como mi Padre me ama a mí: Permanezcan en mi amor…”. En tu vida pública  buscabas actualizar el amor del Padre, entregándolo en “obediencia”, y prefieres morir antes de desertar de ese Mandato.  Y  esta actitud queda como proyecto para que actuemos y vivamos como Tú lo has hecho. Y es esto lo que  quieres y esperas de cada uno de nosotros. Señor, nos invitas a permanecer en tu amor para actuar y ser como Tú, para identificarnos contigo, asumiendo tu estilo de vida. Te pedimos que derrames en nosotros tu gracia, para amar y actuar como Tú lo has hecho.

Señor, en silencio de mi interior, te sigo escuchando: “…ámense unos a otros, como yo los he amado…”; con esto llegamos a entender, que nos hallamos en la base de nuestra fe, y lo propio, lo específico, lo característico de tu seguimiento. Pues, nos invitas a amar a tu estilo, a amar como Tú lo has hecho, a amar hasta el final, a amar hasta no tener más nada que dar, hasta darse totalmente como lo hiciste Tú. Señor,  quedo fascinado por tus enseñanzas, pues aquí Tú nos colocas en nuestro lugar, y nos haces tomar conciencia que el seguirte a ti está caracterizado por el amor, pues nos dices: “…no fueron ustedes los que me escogieron, fui yo el que los escogí…”. Con esto nos estás haciendo ver que el seguirte a ti, no es una cuestión de esfuerzo y voluntad, sino que es amor y gratuidad de tu parte, que es don y que es gracia, pues eres Tú el que nos has invitado a conocerte y amarte, y así actuar como Tú.

PROPÓSITO

Que leamos y reflexionemos con frecuencia el Evangelio de este domingo. Y si se puede, subrayar en la Biblia, las frases transcendentales que nos recuerden cuanto hemos pensado y orado.

Cuando sintamos que algún hermano nos ha ofendido, retirarnos a un rato de oración para orar por quienes nos “persiguen y calumnian”. No devolver mal por mal, sino perdón por ofensa.  Así nos sentiremos Hijos del mismo Padre.

Acercarnos a quienes viven lejos del proyecto de Dios, no queriendo “dar consejos o enseñar doctrina”, sino que por nuestras obras lleguen ellos a preguntarnos por nuestro proceder

p. Víctor García Cereceda OAR

 

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