Lectio Divina: Solemnidad del Corpus Christi, Ciclo A

Escrito en 14/06/2017 por Rita de Casia en Lectio Divina

CORPUS CHRISTI, CICLO A

ORACIÓN

Jesús Sacramentado17Señor Jesús Tú que has venido a revelarnos al Padre, y que te has dado a conocer, haciéndonos saber, que eras uno con el Padre, y que habías venido a hacer su voluntad, te diste a conocer como el Dios vivo, que te hiciste carne, para darnos vida con tu vida y así nos dejaste tu propia carne y tu propia sangre, como pan de vida, siendo Tú el pan vivo bajado del cielo, que te diste a ti mismo, dando tu vida y tu sangre en la cruz, te sigues dando a nosotros, al darnos tu propia carne, al darte Tú todo en cuerpo y alma, en la Eucaristía. Al celebrar la fiesta de Corpus Christi, la de tu Cuerpo y Sangre, te pedimos que nos ilumines para valorar aquello que celebramos y lo que significa para nosotros que Tú estés siempre y continuamente presente en las especies de pan y vino, siendo para nosotros verdadera comida y verdadera bebida, alimento de vida eterna, prenda de salvación y de vida. Que así sea.

LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS. Juan 6,51-58:

“Enseñando un día en la sinagoga dijo Jesús a la multitud: Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. El que coma de este pan, vivirá eternamente; y el pan que yo voy a dar, es mi carne por la vida del mundo’. Los judíos discutían entre sí y diciendo: ‘¿Cómo puede este hombre darnos a comer su carne?’ Jesús les respondió: ‘Yo les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre, y no beben su sangre, no tendrán vida en ustedes. Y el que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré en el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. A mí me envió el Padre que tiene vida y yo vivo el Padre, de la misma manera el que me come vivirá por mí. Este es el pan bajado del cielo; que no es como el que comieron sus padres, y murieron; el que coma de este pan vivirá eternamente’.”

Contexto

Esta fiesta del Cuerpo y de la Sangre de Cristo, que se introdujo en el Siglo XIII, ha arraigado hondamente en el pueblo cristiano. Después del tiempo fuerte del año litúrgico, que, centrándose en la Pascua se prolonga durante tres meses, primero los cuarenta días de la Cuaresma y luego los cincuenta días del Tiempo pascual, la liturgia nos hace celebrar tres fiestas: la Santísima Trinidad, el Corpus Christi y, por último, el Sagrado Corazón de Jesús.

Lo característico de esta fiesta es reunirnos alrededor del altar del Señor para estar juntos en su presencia personas de edad, sexo, condición social e ideas políticas diferentes. Esto nos permite hacernos una idea de los orígenes de la celebración eucarística. Se constituía la comunidad, única, pues era uno solo el Cáliz bendecido y era uno solo el Pan partido. La Eucaristía, signo de unidad, nos llama a convertirnos en un único cuerpo, compartiendo el único Pan que es Cristo.
Luego, tiene lugar la procesión, que es caminar tras Aquel que es el Camino. La procesión del Corpus Christi nos enseña que la Eucaristía nos quiere librar de todo abatimiento y desconsuelo, quiere volver a levantarnos para que podamos reanudar el camino con la fuerza que Dios nos da mediante Jesucristo. Es la experiencia del pueblo de Israel en el éxodo de Egipto, la larga peregrinación a través del desierto. La Eucaristía es el sacramento del Dios que no nos deja solos en el camino, sino que nos acompaña y nos indica la dirección.

Aquí encontramos el tercer elemento constitutivo del Corpus Christi: arrodillarse en adoración ante el Señor. Adorar al Dios de Jesucristo, que se hizo pan partido por amor, es el remedio más válido y radical contra las idolatrías de ayer y hoy. Arrodillarse ante la Eucaristía en adoración, es oración que prolonga la celebración y la comunión eucarística; en ella el alma sigue alimentándose: se alimenta de amor, de verdad, de paz; se alimenta de esperanza.

Texto

Como parte final del discurso que Cristo había pronunciado cuando hizo la multiplicación de los panes de los peces, que dio de comer a una gran multitud, termina por identificar su vida, con el pan y el vino: Yo soy el pan vivo, bajado del cielo. El que coma de este pan, vivirá eternamente; y el pan que yo voy a dar, es mi carne por la vida del mundo’. Esto escandaliza a los oyentes, que no entienden cómo puede darles a comer su propia vida, expresada en la carne y en la sangre. Ante esta incredulidad, radicaliza más su discurso, diciendo: ‘Yo les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre, y no beben su sangre, no tendrán vida en ustedes. Y el que come mi carne y bebe mi sangre, tiene vida eterna, y yo le resucitaré en el último día. Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida. Es una condición indispensable para ser discípulo suyo y poder permanecer con Él: El que come mi carne y bebe mi sangre, permanece en mí, y yo en él. Los fariseos se exasperan cuando le escuchan decir: Este es el pan bajado del cielo; que no es como el que comieron sus padres, y murieron; el que coma de este pan vivirá eternamente’.

Esto es algo que nos coloca de lleno en la novedad absoluta que vino a traernos, no solo a nivel de revelación, dándonos a conocer al Padre y dándose a conocer Él mismo, sino que además aquí estamos ante un hecho que es absolutamente novedoso y único, como ser que Él, Él todo, en cuerpo y alma, se quede en el pan consagrado y que esto haya dejado a la Iglesia, para que la repita y la actualice, como alimento que nos ayude a vivir sus enseñanzas y así identificarnos con Él.

La Eucaristía, presencia real entre nosotros de su Cuerpo y de su Sangre, nos identifica y es la base de toda nuestra fe. Es en este sentido que Él nos dice: “…el que come mi carne y bebe mi sangre, vive en mí y yo en él…”(Jn 6,56). Esto nos ayuda a ver la necesidad imperiosa y vital, de tener una práctica eucarística, que nos lleva a unirnos siempre más al Señor y encontrar en Él la fuente donde encontramos la fortaleza para seguirlo e imitarlo, haciendo vida sus enseñanzas

  • Algunas frases recogidas para vivir la Eucaristía permanentemente:
    La Eucaristía es el centro y corazón de la Iglesia, fuente y cumbre de toda la vida cristiana. Ella también es memorial perenne de Cristo en la Iglesia. El Cuerpo y Sangre de Jesucristo es el alimento para nuestra hambre de vida, viático para nuestro peregrinar en el tiempo; es la fuente de la unidad y de la verdadera alegría. (Conc. Vat. II)
  • “Al recibir la Eucaristía cada uno de nosotros debe recordar que, en medio del desierto de esta vida, se arroja como un hambriento en los brazos de Dios”. (Von Balhasar)
  • San Cirilo, comenta: “que el que come a Cristo lleva en sí la fuente de la vida eterna, al modo como los sarmientos unidos a la vid, reciben la savia vivificante.
  • “La Eucaristía renueva en mí la vida por la comunión con Cristo resucitado realmente presente bajo las especies de pan y de vino”. (Jean Danielou)
  • Fuente de Comunión, sacramento de la unidad: “Nosotros formamos un solo cuerpo, dice san Pablo, participamos todos de un mismo pan”.(I Cor 10,17). 
  • Ignacio de Antioquía afirma: ”No hay más que una sola copa, a fin de que les una en la sangre de Cristo”.
    El Concilio de Trento exhorta a todos los que llevan el nombre de cristianos “a unirse” en ese signo de unidad, en ese vínculo de caridad, en ese símbolo de concordia”.
  • San Cipriano nos recuerda que la alegría cristiana proviene de “la embriaguez que produce el cáliz del Señor, que no se parece a la del vino profano”. El cáliz del Señor, en efecto, embriaga de tal suerte que no hace perder la razón; conduce a las almas a la sabiduría espiritual; por su medio se pasa del gusto de las cosas profanas a la inteligencia de las cosas de Dios”.
  • ¿Qué quiere el Señor de nosotros cuando nos acercamos a la santa Eucaristía?” (Pablo VI) “Lo que se requiere es la fe y el alma limpia”. (I Cor 11, 27-29) San Pablo es muy duro al hablarnos de las condiciones para recibir la Eucaristía “…el que coma el pan o beba la copa indignamente tendrá que dar cuenta del Cuerpo y la Sangre del Señor”. Que cada uno se examine a sí mismo antes de comer este pan y beber esta copa; porque si come y bebe sin discernir el Cuerpo del Señor, come y bebe su propia condenación”. Es necesaria una preparación de caridad fraterna, si queremos gozar del sacramento de la caridad y de la unidad que es la Eucaristía.
    “La misa es el sacrificio común de la Iglesia, en la que el Señor reza con nosotros y por nosotros y a nosotros se nos da. Es la renovación sacramental del sacrificio de Cristo: por lo tanto, su eficacia se extiende a todos los hombres, presentes y ausentes, vivos y muertos.

MEDITACIÓN

¿Qué me llama la atención y qué impresión me causa este discurso sobre el Pan de vida? ¿Qué importancia tiene para nuestra fe el hecho que Jesús nos diga: “…el pan que Yo les daré es mi Carne…” (Jn 6,51)? ¿A qué se refiere con eso?, ¿qué relación encontramos con la Eucaristía?
¿Qué afirma al decir: “…mi carne es verdadera comida y mi sangre es verdadera bebida…”? aplicando esto a la Eucaristía, ¿qué importancia tiene para nuestra vida de fe y para nuestra búsqueda de identificación con el Señor?
Siendo conscientes que en el Pan y en el Vino, está Jesús en CUERPO y ALMA, Él todo, hombre y Dios verdadero, ¿qué importancia le doy a la celebración eucarística dominical?, ¿es para mí el momento más importante donde me uno vivencialmente con el Señor, esperando tus gracias para poder vivir lo que Él me pide? ¿Participo de la celebración, como un momento de unión, de encuentro con el Señor, que viene a mí, esperando de Él, su gracia para vivir lo que Él me pide?
El Señor nos habla de su inhabitación en nosotros, diciéndonos que quien come su carne y bebe su sangre, Él vive en uno y uno en Él, siendo ese el momento de mayor unión que alguien puede tener con el Señor, ¿qué le digo a la hora de recibirlo?, ¿qué actitud tomo al tener a Dios dentro de mí?, ¿de qué manera busco que ese momento se perpetúe en una unión íntima y real?, ¿de qué manera le expreso mi fe, mi adhesión, mi voluntad de vivir plenamente en comunión con Él?
Teniendo en cuenta que en la Eucaristía, el Señor se nos da a sí mismo, para llenarnos de su amor y así poder vivir lo que Él nos pide, cuando participo de la Eucaristía o cuando lo recibo, ¿hago de ese momento un instante de oblación de mí mismo, de entrega de toda mi vida, de ofrecimiento de todo lo que soy y de todo lo que hago para así, pedirle a Él que actúe y se manifieste en mí, para que ayude a hacer vida sus enseñanzas, uniéndome cada vez más con Él?

ORACIÓN

Te adoro con devoción, Dios escondido, oculto verdaderamente bajo estas apariencias. A Ti se somete mi corazón por completo, y se rinde totalmente al contemplarte. Al juzgar de Ti, se equivocan la vista, el tacto, el gusto; pero basta el oído para creer con firmeza; creo todo lo que ha dicho el Hijo de Dios: nada es más verdadero que esta palabra de verdad. En la Cruz se escondía sólo la Divinidad, pero aquí se esconde también la Humanidad; creo y confieso ambas cosas, y pido lo que pidió aquel ladrón arrepentido. No veo las llagas como las vio Tomas pero confieso que eres mi Dios: haz que yo crea más y más en Ti, que en Ti esperé y que te amé. ¡Oh memorial de la muerte del Señor! Pan vivo que das vida al hombre: concede a mi alma que de Ti viva y que siempre saboree tu dulzura. Señor Jesús, bondadoso Pelícano, límpiame a mí, inmundo, con tu Sangre, de la que una sola gota puede liberar de todos los crímenes al mundo entero. Jesús, a quien ahora veo oculto, te ruego que se cumpla lo que tanto ansío: que al mirar tu rostro cara a cara, sea yo feliz viendo tu gloria. Amén.

CONTEMPLACIÓN

Sería muy adecuado que este momento de oración lo realizáramos ante el Sagrario. Aquí deja que el Señor te invada, te posea plenamente, que fluyan las muchas ideas sobre la Eucaristía. Te pueden ayudar las “frases lapidarias del comentario al texto. Realizarlo sin prisa y en una total relajación. Puedo concluir con esta oración:
“Señor Jesús, gracias por habernos dejado tu cuerpo y sangre. Gracias por haberte quedado Tú en cuerpo y alma en la Eucaristía. Gracias por haberte quedado Tú todo, Tú hombre verdadero y Dios verdadero. Tú nos has dicho que ahí en el pan nos dejabas tu propia carne, que eras Tú el que te dabas y por eso nos dices que eres Tú el pan vivo bajado del cielo, eres pan por ser alimento y alimento para el alma, alimento para fortalecernos para poder vivir nuestra fe y nuestro seguimiento y nos dices, que has bajado del cielo, porque naturalmente no eres uno más, sino que eres el Hijo del Dios eterno, que has asumido nuestra naturaleza humana y que te has hecho hombre en todo semejante a nosotros menos en el pecado, y que es eso lo que nos has dado en la Eucaristía, al darte a ti mismo, porque ahí te has dado Tú, Tú todo y no algo de ti, sino que en pan consagrado estás Tú en persona, en cuerpo y alma”.

ACCIÓN

Que mi vida sea como un espejo eucarístico. Cada que vivo la experiencia encuentro que algún defecto he superar, respecto a mí, respecto a mis hermanos, o en cuanto a la misma celebración.

Fray Víctor García Cereceda OAR

Deja un comentario

  • octubre 2017
    D L M X J V S
    « Sep    
    1234567
    891011121314
    15161718192021
    22232425262728
    293031  
  • Social