LECTIO DIVINA: SANTÍSIMA TRINIDAD, CICLO “A”

Escrito en 10/06/2017 por Rita de Casia en Lectio Divina

SANTÍSIMA TRINIDAD

ORACIÓN INICIAL

Tú Señor, que te diste a conocer como el Dios todopoderoso, el Dios de los dioses, el Señor de los señores, Santísima Trinidad, en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo te revelaste y nos hiciste ver que tenías un HIJO, en quien ponías toda tu complacencia, y que Él vino a revelarnos tu amor hacia nosotros, dándonos a conocer que Tú eres PADRE, y que actúas por medio de tu ESPÍRITU SANTO, en quien y por quien nos vivificas y santificas, que nos introduce a la verdad total, nos has hecho ver que Tú siendo uno con el Hijo y el Espíritu Santo, eres un UNICO Dios, vivo y verdadero, que siendo UNO, son tres personas distintas, iguales en gloria y dignidad. Señor, Tú que nos has dado la gracia de conocerte, danos también la gracia de que conociéndote, comprendamos y vivamos todo lo que implica que Tú seas TRINIDAD, una y santa. Que así sea.

Cpas08bTrinic09LECTURA DE LA PALABRA DE DIOS. Mateo 28, 16-20

Por su parte, los once discípulos marcharon a Galilea, al monte que Jesús les había indicado.  Y al verle le adoraron; algunos sin embargo dudaron. Jesús se acercó a ellos y les habló así: Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra. Vayan, pues, y hagan discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado. Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”.

Ambientación

Profundicemos el misterio más grande que tiene nuestra fe, como es la fe en un Dios que siendo uno solo, son tres personas distintas. La revelación de la SANTÍSIMA TRINIDAD la hemos podido conocer gracias a Jesús, que ha venido a abrirnos el corazón del mismo Dios para conocerlo y así ver que la relación que existe entre ellos que siendo tres personas, son un solo Dios vivo y verdadero, iguales en gloria y en dignidad.

Texto

(28,16-18ª). Este encuentro de Jesús resucitado con sus discípulos en una montaña de Galilea nos remite al inicio del evangelio, cuando comenzó el discipulado a la orilla del lago. Son muchas las citas bíblicas en las que vemos que Jesús pide a sus discípulos el regreso a Galilea. Ahí  habían sido llamados a seguirle, ahí  fueron testigos de la misericordia de Jesús con enfermos y pecadores, donde la multitud andaba “vejada y abatida como ovejas sin pastor”. La Montaña a la que van les recuerda el lugar donde Jesús pronunció su primera y fundamental instrucción, el Sermón de la Montaña, la Ley esencial de la vida cristiana a través las bienaventuranzas.  Y Jesús les señala como lugar determinante: “Vayan enseguida a decir a sus discípulos: Ha resucitado de entre los muertos e irá delante de ellos a Galilea”.

 “Al verle le adoraron; algunos sin embargo dudaron” (28,17).  La primera reacción es postrarse en gesto de adoración, como cuando fue presentado por María a los magos “vieron al niño con María su madre y, postrándose, le adoraron”. También los que estaban en la barca se postraron ante él diciendo: “Verdaderamente eres Hijo de Dios”. En este momento cumbre del evangelio, los discípulos reconocen a Jesús resucitado como el Señor.

 “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra”. Ya desde el comienzo del evangelio el mensaje de Jesús se refirió a este “poder” cuando anunció la cercanía del “Reino de los Cielos” a lo largo de su ministerio. Una vez que ha vencido al mal definitivamente en su Cruz, Jesús se presenta vivo y victorioso ante sus discípulos: el Señor del cielo y de la tierra. Y con base en esta posición real, Jesús les entrega ahora la misión, prometiéndoles su asistencia continua y poderosa.

 (28,19-20ª): Vayan, pues, y hagan discípulos a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,   y enseñándoles a guardar todo lo que yo os he mandado”. Con esta autoridad suprema de Jesús sobre el cielo y la tierra, los discípulos reciben el envío a la misión. La tarea fundamental es hacer discípulos a todas las gentes. Por medio de ellos el Señor resucitado quiere  acoger a toda la humanidad.   Hasta ahora ellos han sido los únicos discípulos. Jesús los llamó y los formó mediante un proceso de discipulado. En este momento los discípulos son enviados para dar en el tiempo lo que recibieron en el tiempo pre-pascual.

Hacer “discípulos” es iniciar a otros en el “seguimiento. El “discipulado” supone: aceptar que es Jesús quien orienta el camino de la vida hasta llegar a abandonarse a Él como Camino, Verdad y Vida. La esencia de la misión de los discípulos es conducir a toda la humanidad a la persona del Señor, a su seguimiento. De la misma manera como Jesús los llamó, sin forzarlos sino seduciendo su corazón y apelando a la libre decisión de cada uno, así ellos deben hacer discípulos a todos los pueblos de la tierra: la Iglesia crece, no por proselitismo, sino por atracción.

 “…Bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo”. En el bautismo se realiza la plena acogida de los discípulos de Jesús en el ámbito de la salvación y en su nueva familia.  Presupone el anuncio de Dios, que es Padre, Hijo y Espíritu Santo, y la fe en este Dios. Jesús predicó sobre Dios- Padre  de una manera que no se conocía en el Antiguo Testamento. El bautismo nos sumerge en el ámbito poderoso de este Dios, nos pone bajo su protección y su poder, nos posibilita la comunión con Él, que en sí mismo es comunión. Nos hace Hijos del Padre a quienes están unidos con un amor ardiente al Hijo, nos hace hermanos del Hijo que, ante el Padre, nos da el Espíritu Santo, quien nos une al Padre y al Hijo, nos abre a su benéfico influjo y nos hace vivir la comunión con ellos.

“Y he aquí que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”. Durante su ministerio terreno, la relación de Jesús con sus discípulos estuvo caracterizada por su presencia visible y viva en medio de ellos. A partir de la Pascua esta presencia no termina sino que adquiere una nueva modalidad. Con ello quería decir que Dios no abandona al hombre a sus propias fuerzas, sino más bien que a la tarea que se les encomienda, se le suma su presencia y su ayuda.

MEDITACIÓN

¿Qué sentido y qué importancia tiene el hecho de que Jesús dé la orden a sus discípulos de ir y hacer discípulos a todos los pueblos (28,19a), bautizándolos en Nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo (28,19b)?  ¿Qué le aporta a nuestra fe, el hecho que Dios sea Padre, Hijo y Espíritu Santo, un solo Dios en tres personas distintas e iguales en dignidad y gloria? ¿Sería diferente nuestra fe, si Dios no fuera Trinidad?, ¿en qué sí y en qué no?, ¿por qué?

La fe es un don, siendo así, ¿qué estoy haciendo para profundizar más mi fe?, ¿qué hago para que mi fe no sea algo que quedó en la primera comunión, sino que es algo vital, algo que para mí es existencial, algo que busco conocer cada vez más y así vivir lo que creo?  ¿De qué manera vivo, la experiencia de ser hijo de Dios?, ¿considero y tengo a Dios como Padre?, ¿lo siento como mi Padre?, ¿en qué sí, en qué no?, ¿por qué? El Señor Jesús, es la manifestación plena del amor de Dios, Él nos mostró el proyecto de Dios para todos nosotros con su vida y su manera de ser, siendo así, ¿qué importancia le doy a sus enseñanzas, a su palabra escrita, es decir a los evangelios?, ¿los tengo como mi proyecto de vida o son solo información? ¿Me esfuerzo por vivir aquello que Él me pide?, ¿busco asumir su manera de ser y de actuar?, ¿hago todo lo que está a mi alcance para que mi vida corresponda a la suya?, ¿en qué, de qué manera? El Espíritu Santo, es el que nos hace sensibles a las manifestaciones de Dios en nosotros, siendo así, ¿le pido su ayuda para vivir más plenamente eso que conozco del Padre y del Hijo?, ¿busco ser sensible a su voz en mi corazón y me esfuerzo por vivir en comunión de voluntades con Él?, ¿de qué manera?

 

ORACIÓN

Trinidad Santa, conocerte es descubrir la mayor riqueza que existe y que podemos tener porque es entrar en tu vida, y ahí Tú nos haces partícipes de la tuya, por eso, si nos has iniciado en este misterio grande y sublime de conocerte y así amarte, te pedimos que nos ayudes a que nuestra fe,  que el adherirnos a ti sea transformador; por eso, te pedimos que nos llenes de tu presencia y que cada vez más nuestro creer en ti se transforme en actitudes y en gestos siendo Tú el sentido de todo lo que somos, hacemos y deseamos.

Padre, tu revelación máxima la has hecho en tu Hijo, al que amas con amor eterno, al que comparte contigo la misma gloria y el mismo poder. En Él y por Él te hemos conocido y hemos visto todo el amor que Tú nos tienes y, gracias a Él, te podemos llamar ABBA, PADRE y decirte: PADRE NUESTRO. Dios Espíritu Santo, Tú el que siempre has impulsado a los enviados del Padre a realizar la obra de salvación, y has sido protagonista en el momento más alto de nuestra historia, cuando cubriste con tu sombra a María Virgen para engendrar en ella al autor de la vida, al Verbo eterno del Padre. Tú que siempre llenaste de gozo y alegría a los que ungías con tu presencia, y así impulsaste al Señor Jesús a realizar su obra salvadora. Y fuiste Tú, el que el día de Pentecostés transformaste la vida de los discípulos haciendo que ellos actuaran impulsados y motivados por ti para dar a conocer el Evangelio y la Buena Nueva, proclamando que no hay otro nombre por el cual podamos ser salvos, a no ser en Jesucristo el Señor. Señor, Tú que eres el alma de la Iglesia, Tú que eres la voz de Dios que hace eco en nuestra conciencia, Tú que estás en nosotros y que nos introduces a la verdad plena y total, te pedimos que hoy sigas actuando en la Iglesia, en nuestra comunidad, para que podamos ser sensibles a las manifestaciones de Dios en nuestra vida. Señor, dador de vida.

CONTEMPLACIÓN

Entrar en la presencia del Señor y a  la luz de su Palabra centrar mi mirada en el amor que Dios me tiene. Me ha llamado a pertenecerle por medio del Bautismo. Observarlo como un Padre, siempre cariñoso y perdonador, que me abrazas en la Confesión, me acoge como un amigo y a la vez me limpia y santifica  con su Espíritu de paz, perdón y amor.  Lo contemplo y le doy gracias  por estar siempre dispuesto a acogerme y perdonarme.

Traer a la mente la alegría de vivir la Santa Misa y  sentir su voz paternal que me habla, aconseja   y orienta con su Palabra Divina; pero también “percibir” su amor redentor,  al hacerse  presente en el pan y en el vino, como lo hizo en la Ultima Cena,  y a ella me invita cada día como el mejor amigo;  y al mismo tiempo me siento envuelto de su Santo Espíritu, que alienta mis mejores sentimientos y propósitos de santidad y apostolado.

Y para ir acabando le digo en oración: Quiero, Señor, vivir siempre acompañado y guiado por tu amor paternal,  animado y estimulado por tu cariño y confianza de amigo entrañable,  y fortalecido y espoleado por tu Espíritu Santo. Que a la hora de la muerte me vea acompañado por tu amor paternal,  que no me falte la confianza de tu amistad, y que pueda sentir en mi alma  la paz, la alegría y la fortaleza espiritual de tu Amor.

ACTUACIÓN

Rezar con frecuencia durante esta semana el Credo. Prestar atención especial en cada una de las personas de la Santísima Trinidad y su presencia alentadora como Padre, Hijo y Espíritu Santo.

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