Lectio Divina: Las bienaventuranzas.

Escrito en 30/01/2017 por Rita de Casia en Lectio Divina

DOMINGO IV DEL TIEMPO ORDINARIO, CICLO A

ORACIÓN INICIAL       

sermonmontac3b1a11Señor Jesús, envía tu Espíritu sobre cuantos queremos adentrarnos en la Lectura evangélica de este domingo, y cuanto nos vayas manifestando se convierta en estilo de vida. Entendamos que con nuestras solas fuerzas nos  queremos excluidos de la belleza que encierra.  Ahora nos dejas estas Bienaventuranzas que sintetizan y expresan tu manera de ser, tus sentimientos y tus actitudes, por eso, te pedimos que envíes tu Espíritu, para que nos ayudes a comprender y valorar lo que significa creer en ti y seguirte. Igualmente y en el mismo Espíritu queremos darte gracias porque nos sentimos llamados a identificarnos con tu pensamiento, queremos ser felices a tu estilo, y no conforme el mundo nos propone.

LECTURA DE LA PALABRA  DE DIOS, Mateo 5, 1-12

En aquel tiempo, al ver Jesús el gentío, subió al monte, se sentó y se acercaron sus discípulos; y, abriendo su boca, les enseñaba diciendo: «Bienaventurados los pobres en el espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados los mansos, porque ellos heredarán la tierra. Bienaventurados los que lloran, porque ellos serán consolados. Bienaventurados los que tienen hambre y sed de la justicia, porque ellos quedarán saciados. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia. Bienaventurados los limpios de corazón, porque ellos verán a Dios. Bienaventurados los que trabajan por la paz, porque ellos serán llamados hijos de Dios. Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los cielos. Bienaventurados vosotros cuando os insulten y os persigan y os calumnien de cualquier modo por mi causa. Alegraos y regocijaos, porque vuestra recompensa será grande en el cielo».

Contexto

Hoy entramos de lleno en las enseñanzas de Jesús, mediante este  capítulo 5 de Mateo, que se complementaría con los capítulos 6 y 7. Se le da el nombre de  “Las Bienaventuranzas”, o “Sermón de la Montaña” porque  son  “bendecidos” a aquellos que cumplen estas propuestas de Jesús. Y como un día Moisés, el gran legislador del AT, recibe la Ley en una montaña, Jesús quien trae la ley perfecta, también la dará desde una montaña. En ellas se encuentra el nuevo modelo de vida cristiana, más allá de los diez Mandamientos. Muchos han expresado que las ocho bienaventuranzas, ocho puertas de salvación, convergen todas en la Única Puerta, que es Cristo.  Quiso expresaren   cuanto él era y vivía. Cada una de las Bienaventuranzas lleva consigo un premio; en algunas de ellas se repite. Los que las cumplen y viven, son los verdaderamente felices

Texto

Brevemente intentaré presentar algo de cuanto encierra cada una.

Bienaventurados los pobres en el espíritu. Los pobres  vienen a ser los primeros destinatarios de la Buena Noticia. Y por pobres no entiende solo a quienes carecen de los recursos que, según la sociedad, hace a la persona rica. El pobre es  el que tiene conciencia de su pequeñez ante Dios, que es el Único Absoluto. Las personas, cuanto uno posee, su misma vida se supeditan a hacer la Voluntad de Dios. Solo los que así viven tendrán como herencia el Reino de los cielos

Bienaventurados los mansos y humildes de corazón. Es la persona que domina sus pasiones. No significa cobarde ni tímido ni pasivo. Jesús era manso,  pero también era hombre de carácter fuerte. Somos mansos principalmente cuando somos desinteresados. Esta actitud está mucho que ver en nuestras decisiones tanto personales como frente al servicio de los hermanos, sin buscar nunca la recompensa, sino el servicio.

Recibirán como heredad la Tierra. No es el reino terrenal sino las más ricas bendiciones.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia…San Ambrosio decía: Después de llorar mis pecados empiezo a tener hambre y sed de justicia. No nos es suficiente el querer la justicia si no tenemos hambre de justicia. De modo que nunca nos consideremos bastante justificados con simplemente desearla, sino que entendamos que siempre debemos tener hambre de las obras de justicia. Tiene sed de justicia el que desea adquirir su ciencia.

Quienes así actúan serán saciados con el perfecto conocimiento de Dios es el que constituye la avidez de los santos que no puede saciarse hasta que no habiten en el cielo.

Bienaventurados los que son misericordiosos. Acabamos de clausura el “Año de la Misericordia”. El Papa Francisco nos ha imbuido de la idea que hay que ser misericordiosos como el Padre es misericordioso con nosotros. Misericordia quiere decir tener el corazón en la miseria de los otros para disminuir su dolor. Quiere decir obrar de modo que no nos sea ajeno el sufrimiento de los demás.

El pago es que los que así obran serán recompensados con la Misericordia del Señor, que es el mejor pagador de nuestras obras.

Bienaventurados los limpios de corazón… Los que  no pone su vida en la apariencia, sino que  aprende a descubrir lo que puede “contaminar” su corazón, formarse una conciencia recta y sensible, capaz de «discernir lo que es la voluntad de Dios, lo bueno, lo que agrada, lo perfecto».  No son los ejercicios rituales los que purifican el alma, sino su Palabra.

El pago a los que son limpios de corazón es ver a Dios. Tomar la decisión de dejarse encontrar por Él, de intentarlo cada día sin descanso. Él nos espera siempre con los brazos abiertos, sobre todo en el Sacramento de la Reconciliación, ocasión privilegiada para encontrar la misericordia divina que purifica y recrea nuestros corazones.

Bienaventurados los constructores de paz. La paz es un trabajo artesanal: requiere pasión, paciencia, experiencia, tesón. Bienaventurados quienes siembran paz con sus acciones cotidianas, con actitudes y gestos de servicio, de fraternidad, de diálogo, de misericordia… Viene a ser la paz que procede de Dios

Estos serán llamados hijos de Dios, porque Dios siembra paz, siempre, en todas partes; en la plenitud de los tiempos ha sembrado en el mundo a su Hijo para que tuviésemos paz.  La paz es don de Dios, porque puede imprimir estas actitudes en nuestros corazones y en nuestra carne, y hacer de nosotros verdaderos instrumentos de su paz.

Bienaventurados los perseguidos a causa de la justicia. Es aquél que desea vivir el amor desinteresado, no guiado por los intereses que predominan en la sociedad, será perseguido y morirá en la cruz. Éstos reciben la misma promesa del Reino de Dios. Y la reciben desde ahora, puesto que Jesús dice “de ellos es el Reino de los Cielos”.

Bienaventurados cuando les insulten y persigan… Alégrense y regocígense….. Parece una contradicción lo de sentir alegría cuanto nos tratan mal o nos insultan, nos persiguen o nos calumnian. Cuando Dios mora en nuestro corazón y cuando dejamos que sea su Espíritu guíe nuestras reacciones, entonces nada puede quitarnos la paz del Señor. El contexto que nos toca vivir es un continuo nadar contracorriente. El vivir en Cristo y desde Cristo es un lenguaje rechazado por propios y extraños.

El premio a esta Bienaventuranza lo hallamos en la misma Palabra de Dios: La recompensa será grande en el Reino de los cielos. En nuestra sociedad es feliz quien tiene fama y poder. Estas palabras de Jesús todavía tienen sentido en nuestra sociedad: “¡Bienaventurados los pobres! ¡Bienaventurados los que lloran!”.

MEDITACIÓN

¿Qué significaría hoy en mi vida ser pobre de espíritu, confiar totalmente en Él? ¿Cuáles son los sufrimientos que en mi vida  no he asumido para que Jesús pueda consolarme? ¿Soy humilde para reconocer que todo lo que necesito para vivir viene de Dios y sólo de Él? ¿Mi vida refleja la Paz y la Justicia? ¿Tengo compasión de todos los que sufren y procuro por todos mis medios ayudarlos, acompañarlos, hacer que su situación cambie? ¿Tengo un corazón limpio? ¿Mis acciones con las demás personas apuntan a su cuidado? ¿O tengo un corazón doble y pienso usar a los demás? Quién me ve a mí ¿puede decir que yo trabajo por la paz, que mi presencia siempre causa paz en los ambientes donde se necesita? ¿He sido perseguido alguna vez por causa de defender la justicia? Puede ser en mi trabajo, en mis ambientes, en la propia familia… ¿Cuándo me he sentido raro por esta defensa? ¿Alguna vez experimenté que me insultaran, que hablaran mal de mí, que se alejaran y me maltrataran por vivir cristianamente? ¿He notado la alegría que promete el Señor en su Evangelio? O al revés ¿cada vez que me sucedió algo de esto, me hizo sentir peor?

 ORACIÓN

Señor Jesús, dices que son Bienaventurados, los que se abandonan en ti, los que tienen el alma limpia, los que buscan la paz y la justicia, los que saben actualizar tu Palabra, los que esperan en ti, aquellos que dan testimonio de ti, aún a costa de su propia vida, te damos gracias porque también a nosotros, nos has llenado de tu amor, dándonos la posibilidad de conocerte y así seguirte, para tener vida en ti y de ti, por eso, Señor, te pido, que cada vez más mi vida, refleje y exprese tus enseñanzas, buscando ser como Tú, vivir como Tú, actuar como Tú, para realizar con mi vida y mis actitudes, el proyecto de amor del Padre que Tú ya lo realizaste

CONTEMPLACIÓN

¿Cómo interiorizo el mensaje? Interiorizar el mensaje de esta parte del texto de hoy, implica volverlo a leer muchas veces. Las Bienaventuranzas vienen a plantearnos algo que nos llena de alegría, como es el hecho de afianzar nuestra fe con la alegría y la convicción, de que el tener fe nos plenifica, nos revitaliza, que nos da un sentido totalmente nuevo a nuestra vida.   El que  cree en Dios encuentra el sentido s la vida, a la luz al proyecto y a la voluntad del Padre.

Por eso, Señor, ahora que nos das la oportunidad de valorar lo que implica creer en ti, te pedimos que nos ayudes a vivir de tal manera nuestra fe en ti, que lo hagamos con la felicidad de sentir tu presencia en nosotros y así darte a conocer a ti, por medo de nuestra vida, de nuestras actitudes, de nuestra manera de ser, que reflejen tus enseñanzas y tu vida. Haz que nuestro seguimiento a ti, lo hagamos con la felicidad de saber que el creer en ti, nos lleva a encontrar la plenitud de vida, que Tú has venido a traernos, porque Tú eres el que tienes Palabras de vida eterna y eres Tú el que nos das vida y vida en abundancia.

ACCIÓN

Hacer el esfuerzo de aprender de memoria las ocho bienaventuranzas y plantearnos en nuestros momentos de oración si soy feliz llevándolas a la práctica

Fray Víctor García Cereceda OAR

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