LECTIO DIVINA: JUEVES SANTO, CICLO B, 2018. 

Escrito en 27/03/2018 por Rita de Casia en Lectio Divina

 ORACIÓN INICIAL


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Señor, en este día tan especial, ayúdanos a dejar muchas cosas de lado y a centrar toda la atención en Ti. Queremos saborear cuanto hoy celebramos. No pueden pasar sin dejar huellas en nuestras vidas. Hay muchas frases que nos conmueven: “habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo”, lava los pies de sus discípulos, instituye la Eucaristía, nos da el mandamiento nuevo. Señor, descubrimos que si no nos envías tu Espíritu, quedaremos vacíos, otros malos espíritus querrán apoderarse de nosotros y quitarnos la alegría de vivir lo que Tú viviste en esta ocasión. Nos dejabas lo mejor de ti, que se actualiza ahora por la vivencia de la Eucaristía y que mañana será como una Eucaristía en vivo y en directo. Señor, vivir todo unidos a Ti, sería mayor experiencia que nos pude ocurrir. Métenos en lo escondido de tu corazón para vivir lo que Tú viviste, celebrar lo que Tú celebraste, y nos unamos, por la acción del Espíritu Santo, como estabas unido al Padre.

LECTURA DE  LA PALABRA DE DIOS. Jn 13, 1-15 (Qué dice la Palabra de Dios)

Antes de la fiesta de la Pascua, sabiendo Jesús que había llegado la hora de pasar  de este mundo al Padre, habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el extremo. Estaban cenando, ya el diablo le había metido en la cabeza a Judas Iscariote, el de Simón, que lo entregara, y Jesús, sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, se levanta de la cena, se quita el manto y, tomando una toalla, se la ciñe; luego echa agua en la jofaina y se pone a lavarles los pies a los discípulos, secándoselos con la toalla que se había ceñido. Llegó a Simón Pedro, y éste le dijo: Señor, ¿lavarme los pies tú a mí? Jesús le replicó: Lo que yo hago tú no lo entiendes ahora, pero lo comprenderás más tarde. Pedro le dijo: No me lavarás los pies jamás. Jesús le contestó: Si no te lavo, no tienes nada que ver conmigo. Simón Pedro le dijo: Señor, no sólo los pies, sino también las manos y la cabeza. Jesús le dijo: Uno que se ha bañado no necesita lavarse más que los pies, porque todo él está limpio. También vosotros estáis limpios, aunque no todos. Porque sabía quién lo iba a entregar, por eso dijo: No todos estáis limpios.  Cuando acabó de lavarles los pies, tomó el manto, se lo puso otra vez y les dijo: ¿Comprendéis lo que he hecho con vosotros? Vosotros me llamáis el Maestro y el Señor, y decís bien, porque lo soy. Pues si yo, el Maestro y el Señor, os he lavado los pies, también vosotros debéis lavaros los pies unos a otros; os he dado ejemplo para que lo que yo he hecho con vosotros, vosotros también lo hagáis. 


Contexto litúrgico

La Pascua era la gran fiesta de los judíos. Celebraban la salida de la esclavitud de Egipto. Cada familia desarrollaba todo un ceremonial para recordar aquella hazaña tan importante en la historia de Israel. La parte central era la cena conmemorativa: El sacrificio y comida del cordero, hierbas amargas y pan sin fermentar, alternando con el recitado de salmos… Jesús quiere renovar y dar el sentido pleno a la acción liberadora de la Pascua antigua. En adelante Él será la Nueva Pascua, el Verdadero Cordero que quita el pecado del mundo.  Él mismo se entrega al sacrificio voluntariamente y por amor, como cordero inocente. Jesús va a emprender el éxodo y la Pascua definitiva, que concederá la liberación de la esclavitud del pecado a todos aquellos que crean en Él.

Todo cuanto se desarrolla es grandioso, pero lo más maravilloso es la Eucaristía. Cuanto allí ocurrió sigue presente entre nosotros, nada ha cambiado, aquel Jesús hecho Pan sagrado, lo encontramos, recién hecho, para nosotros, en el altar, en cualquier momento. Lo mismo se puede afirmar de la copa, Sangre de Cristo, anticipada del Calvario.

Los discípulos pensaban que se encerraban para un festín pascual, y se encontraron con la sorpresa de que ni cordero, ni hierbas amargas, ni salsa jaroset, ni nada de lo que habían visto desde pequeños que se utilizaba en un tal día, nada de ello tenían. Al Maestro no le importaban estas cosas. Él sólo veía el pan y el vino. Sus ojos no dejaban de fijarse en estos simples alimentos. El Señor estaba esta noche emocionado. Unas veces rebosaba de gozo, otras temblaba de emoción, en alguna ocasión se le notó sentir miedo. De lo que sí estaban seguros es que no era una noche cualquiera, ni para el Maestro, ni para ellos.

San Juan, en vez de narrar la institución de la Eucaristía, resalta la motivación íntima de Jesús: el amor que le lleva a la entrega generosa de su propia vida, que guarda perfecta relación con la Eucaristía. Da a entender que su vida es un servicio constante para el bien de los suyos, a quienes acoge, purifica y sirve. Cristo, que es nuestro cordero pascual, ha sido inmolado.

Texto

1.- La Eucaristía es “fuente y culmen de toda la vida cristiana” (LG 11) “Los demás sacramentos, como también todos los ministerios eclesiales y las obras de apostolado, están unidos a la Eucaristía y a ella se ordenan. Y por la celebración eucarística nos unimos ya a la liturgia del cielo y anticipamos la vida eterna cuando Dios será todo en todos (1 Co 15,28). En resumen, la Eucaristía es el compendio y la suma de nuestra fe.  Y de ahí que  debemos considerar la Eucaristía: como acción de gracias y alabanza al Padre, como memorial del sacrificio de Cristo y de su Cuerpo, como presencia de Cristo por el poder de su Palabra y de su Espíritu.

2.- La Eucaristía actualiza el acto redentor de la cruz. Debemos tener siempre presente que la Eucaristía no es algo que hacemos nosotros; no es una conmemoración nuestra de lo que Jesús dijo e hizo. No ¡Es propiamente una acción de Cristo! ¡Es Cristo quien los realiza, que está en el altar! Y Cristo es el Señor. Es un don de Cristo, que se hace presente y nos reúne en torno a Él, para alimentarnos con su Palabra y con su vida. Esto significa que la misión y la misma identidad de la Iglesia fluyen a partir de ahí, de la Eucaristía, y allí siempre toman forma.  Cuando nosotros participamos en la Santa Misa, nos encontramos con hombres y mujeres de todo tipo: jóvenes, ancianos, niños; pobres y ricos; originario del lugar y extranjeros; en compañía de familiares o solos…

  1. «Cada vez que comen de este pan y beben este cáliz, anuncian la muerte del Señor, hasta que venga» (1 Corintios 11, 26). Esto es lo que creía la comunidad cristiana desde los inicios, como atestiguó Pablo en el texto que acabamos de escuchar: La Eucaristía es, por tanto, un memorial en plenitud: el pan y el vino, por la acción del Espíritu Santo, que se convierten realmente en el Cuerpo y la Sangre de Cristo, que se entrega para ser alimento del hombre en su camino sobre la tierra. Para estar unidos a Él, para amar como Él amó es necesario este alimento. Es su Cuerpo. Es su Sangre. ¡Qué hermoso comulgar! ¡Qué triste que algunos no lo puedan hacer! Claro todo dentro de un servicio de amor: no habrá misa sin amor, sin caridad de unos para con los otros.

  1. En uno de los diálogos que San Agustín mantiene con Cristo sobre la comunión, Cristo le dice que “no me transformaré yo en ti, sino que tú te transformarás en mí. En el momento de la comunión podemos decir verdaderamente la frase de San Pablo: “Ya no vivo yo, es Cristo el que vive en mí”. San Agustín no se interesa tanto por la Eucaristía en sí misma, sino por su fin último: la unión de los cristianos con Cristo y entre ellos. La visión paulina del cuerpo de Cristo es el principio de la doctrina eucarística. Es fundamental la intención de subrayar la inclusión de cada cristiano en la unidad del cuerpo de Cristo. La finalidad de la celebración de la Eucaristía no es “estar delante” sino “estar dentro”. Recibido el pan eucarístico, que es símbolo real de su unión con Cristo, los participantes no siguen siendo individuos, existen dentro de Cristo y están unidos los unos con los otros en el cuerpo místico de la Iglesia. La participación en la Eucaristía nos hace cuerpo de Cristo.

  1. Les doy un mandamiento nuevo: Ámense los unos a los otros como yo los he amado, (Jn 13, 34). Por el amor que se tengan los unos a los otros reconocerán todos que son discípulos míos. Un amor que viene de la Eucaristía, actualiza la entrega viva de Jesús por amor. Sin la Eucaristía no seriamos capaces de amar. Por la gracia de la entrega de Jesús, ya estamos capacitados para amarnos mutuamente. El pan que Cristo tomó no es el pan que aquellos discípulos recibieron de parte del Padre como alimento, sino aquel del que el Hijo de Dios dijo esto es mi cuerpo y comió con ellos, y de la bebida esta es mi sangre que se derrama por vosotros. Este pan convertido en el cuerpo de Cristo y este vino que es la sangre de Cristo. Aquellos que participan de este alimento eucarístico, participan del misterio de la redención y de la nueva creación Así lo expresa San Pablo en la Carta a los Corintios cuando dice: «… cada vez que comemos de este pan y bebemos de este cáliz anunciamos la muerte del Señor hasta que venga…».

 

  1. ¿Sabes cuál es el valor de una Misa? Para expresarlo me voy a servir de un ejemplo. Cuenta que una mujer pobre fue a una carnicería a solicitar una caridad. Allí estaba el carnicero en amena conversación con otro señor. Suspende la conversación y le pregunta a la Señora ¿seguro que quiere un pedazo de carne, pero cuándo me va a pagar? La señora le respondió, perdóneme, no tengo nada de dinero, pero iré a Misa por usted y rezaré por sus intenciones”. El carnicero y el otro señor eran buenos hombres pero indiferentes a la religión y se empezaron a burlar de la respuesta de la mujer.  Está bien dijo el carnicero, entonces usted va a ir a Misa por mí, y cuando regrese le daré tanta carne como pese la Misa. La mujer se fue a Misa y regresó. Cuando el carnicero la vio viniendo cogió un pedazo de papel y anotó la frase: “iré a Misa por Ud. y rezaré por sus intenciones”, y lo puso en unos de los platos de la balanza, y en el otro plato colocó un pequeño hueso. Nada sucedió e inmediatamente cambió el hueso por un pedazo de carne. El pedazo de papel pesó más. Los dos hombres comenzaron a avergonzarse de lo sucedido, pero continuaron. Colocaron un gran pedazo de carne en unos de los platos de la balanza, pero el papel siguió pesando más.

Y es que la Eucaristía tiene un valor infinito, no pagable con dinero. Es el Cuerpo y la Sangre de Cristo  entregados por nuestra salvación, para el perdón de nuestros pecados

MEDITACIÓN

¿Cómo vives la Eucaristía? ¿Pero me lleva a sentirlos de verdad a todos, como hermanos y hermanas? ¿Crece en mí la capacidad de alegrarme con los que están alegres y de llorar con los que lloran? ¿Me empuja a ir hacia los pobres, los enfermos, los marginados? ¿Me ayuda a reconocer en ellos el rostro de Jesús? Todos vamos a misa porque amamos a Jesús y queremos compartir su Pasión y su Resurrección en la Eucaristía ¿Pero amamos, como Jesús quiere que amemos a aquellos hermanos y hermanas necesitados?

Tu compromiso por la justicia, por los pobres, ¿viene de la costumbre de encontrarte con Jesús en la Eucaristía, de la familiaridad con Él? ¿O después de la Eucaristía no eres capaz de dejar los vestidos del dominio y de la arrogancia para vestir el de la sencillez, el de la pobreza? En la vida de tu familia, de tu comunidad eclesial ¿vas por la vía del servicio? ¿Sabes percibir el rostro de Cristo cuando pide ser servido, amado en los pobres?

Y para identificarte y ser fiel al día, pregúntate ¿a quién debes amar más en tu vida? ¿A quién debes hacer un favor, a quien abrazar o acariciar? ¿En el beso a un anciano solitario, en la caricia a una criatura, en el favor a un compañero despreciado, te sentirás muy próximo a Jesús?

ORACIÓN

 Señor Jesús, queremos darte gracias por cuanto esta tarde-noche ha ocurrido en el Cenáculo. Estamos escuchando en el silencio: “No hay amor más grande que el que da su vida por sus amigos…” Cada uno de los hechos, discursos y gestos nos hablan de tu entrega, del fuego de tu inmenso amor, que es una prolongación del Amor del Padre que nos viene de Ti y por Ti. Que nunca el Maligno nos “robe” esta felicidad de sentirnos amados de esta manera y menos que nos unamos a la traición de Judas.

CONTEMPLACIÓN

Busco un lugar adecuado, ante tu presencia sacramental, para contemplarte cómo te sentirías en estos momentos: seguramente que traspasado por las emociones. Había llegado ese “momento tan esperado de pasar de este mundo al Padre”. Señor, estabas triste, pero soñabas esperanzado. Temías lo que se venía encima, pero no huías. Hablaste  al  Padre de Ti  y de los tuyos. Tu oración era en voz alta. Hablabas de Amor y de Unión. Sentías miedo y les decías a ellos que nada temiesen. Se mezclaban los conceptos, pero no eran signo de desequilibrio mental alguno. Estaba perfectamente en tus cabales. Pero les quería comunicar tantas cosas…

También te invadiría la angustia, “porque tus ovejas se dispersarían” y porque sabías los sufrimientos a los que tenías que enfrentarte para “morir de la manera más injusta”. Seguro que también rebosabas de gozo, porque mañana podrás decir: “Todo se ha cumplido”. Jesús, no es  una noche cualquiera, ni para Ti, ni para tus discípulos. Es una noche de sorpresas y misterio. Tú sí sabías el significado, la importancia  de cada uno de los pasos dados, y que sin ellos no podríamos subsistir. ¡Qué satisfacción para nosotros con estos regalos que nos ofreces!: el Pan y el Vino que continúa siendo misterio,  manjar celestial, signo de salvación, alimento espiritual, un calmante, una compañía…

Creo, Jesús, que estás aquí presente en la Eucaristía y quiero seguir hablando contigo: “cantaré y tocaré para Ti, Señor”

PROPÓSITO

Jueves Santo, día del Amor total. Amor con amor se paga:Renovar nuestros sentimientos de fraternidad con la familia, con tu comunidad cristiana, con los demás extraños. Felicitar a los hermanos de tu comunidad cristiana, a los sacerdotes que están a tu servicio.

Perdonar a quienes nos han ofendido y pedir perdón a los que hemos causado algún disgusto en alguna ocasión.

Visitar a algún enfermo, algún anciano abandonado.

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